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Fecha: 28-Abr-17 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Fiesta privada 2

fuegointerior
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Continuación de la fiesta, en la que mi sumisa será utilizada por varios de los invitados a la fiesta. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Continua la fiesta, una vez recuperado decido ir a ponerme una copa me sigues a gatas desnuda bamboleando el tremendo y amplio culo. Camino resuelto y distraido te cuesta seguirme el ritmo y te vas quedando atrás, cruzando bosques de piernas van cayendo azotes en el culo, apenas los sientes, no le das importancia, aceleras el paso nerviosa no por perderte si no por complacerme por sentirte segura a los pies de tu amo.

Por fin me dentengo ante una de las barras donde me pido una copa, te colocas a mi lado, estás cansada y muy sedienta, tratas de hacermelo saber frotándote arrimando el lomo contra mis piernas, lo que consigue captar mi atención, bajo mi mirada y te contemplo tu cara de pena, sacas la lengua jadeante como un perro. Bajo mi mano hasta tu cara, esperas una bofetada por pesada o impertinente pero con el dorso de la mano acaricio tus mejillas, un gesto dulce que hace que te sientas querida y segura. Cierras los ojos, inspiras profundamente, suspiras y por unos segundos la fiesta, el ruido y todo deja de existir salvo nosotros dos. Cuando retiro la mano aún sigues con los ojos cerrados, un ruido metálico te devuelve a la realidad, es un cuenco de acero de los de comida para perros lleno de agua; sabes que no me olvido de ti y que conozco perfectamente tus necesidades que puedo leer através de ti... sonries feliz y bajas la cabeza para beber a lametazos.

Bebes sedienta pero la lengua de los humanos no es tan larga y no puede hacer cuchara como la de los cánidos, te desespera el ritmo tan lento en el que ingieres el agua y temes que me impaciente y no permita que sacies tu sed. Alzas la vista, compruebas que estoy cómodamente apoyado de medio lado sobre la barra, hablando distraidamente con una dómina preciosa, morena de larga melena negra, un corsé negro cruzado por cordones morados que inflan y realzan unos generosos pechos, sientes envidia pero la sed te puede, bajas la cabeza y sorbes el agua del comedero para perros.

Cuando por fin termino mi conversación, me pongo a caminar sin ni siquiera mirarte me sigues, es tu obligación estar pendiente de tu amo y seguir sus movimientos. Me dirijo hacia una de las puertas del salón en el que nos encontramos pero no es por la que hemos entrado, salimos a un pasillo recto, el bullicio y el ruido de la fiesta van quedando atrás. Al final del pasillo una puerta abierta ante la que se inician unas escaleras, el descenso es tortuoso a gatas, tus pupilas se van dilatando ante el descenso tanto de escaleras como de la luz que es cada vez más tenue.

Cuando parece que se han acabado las escaleras, las paredes han dejado de ser de elegante madera, a dura y rústica piedra, antorchas cuelgan de las paredes, junto a argollas de duro hierro de forja. Es una mazmorra, hasta donde te alcanza la vista ves un cepo de madera con un agujero para la cabeza y dos mas pequeños a los lados para las manos, pegado al cepo hay un rústico y estrecho banco de madera, al lado del cepo en otro banco puedes ver toda suerte de instrumentos de azote, desde látigos de tiras de cuero, a palas de madera, varas de madera y más cosas que no te da tiempo a apreciar puesto que te agarro del pelo a la altura de la nuca y te arrastro hasta el banco que hace de potro ante el cepo. Te coloco la cabeza y las manos en los correspondientes agujeros, el cierre del cepo es un simple pasador, pero que en la postura que quedan las muñecas es inalcanzable para tus manos.

Los agujeros para las muñecas son excesivamente grandes y podrías retirar las manos en cualquier momento, pero parece que esté todo previsto, en el banco junto a los instrumentos para azotar, hay unas muñequeras de cuero que ciño fuertemente y que unidas por una cadena entre ellas hace imposible poder retirar las manos del cepo quedando totalmente aprisionada. Ahora tu único plano de visión es recto y de frente, me pierdes de vista, sabes mi posición por un leve canturreo, adivinas que estoy escogiendo con qué instrumento voy a azotarte primero.

-Cuenta perra- Y un azote de cuero marca tu culo como un rayo. 

-uno!! gracias señor- no ha sido fuerte ni doloroso, tan sólo te ha sorprendido, pero sientes como una tira de fuego te cruza una nalga, empieza a subir el calor del azote. Y de este modo, van cayendo de forma rítmica en una y otra nalga, los distintos materiales, la pala de madera, la caña de bambú, subiendo en intensidad. Sigues la cuenta hasta los 30 azotes, sabes que mañana vas a tener problemas para poder sentarte y unos buenos morates repartidos por todo el culo.

Una pausa para que respires, acaricio la enrojecida piel de tu culo me arrodillo detrás de ti, un frio soplido alivia el escozor que hace arder el culo. Las caricias con la mano se transforman en dedos recorriendo el sentido de las marcas dejadas en las nalgas y ese recorrido acaba en tu ano. Los dedos se detienen traviesos en jugar en círculos a la entrada del culo. Me levanto, oyes el sonido del cinturón cayendo al suelo, el roce de mi piel contra tus piernas a ambos lados del banco, un escupitajo en el ano como único lubricante y mi polla llamando a la entrada del culo.

A pequeñas embestidas voy metiendo la polla, muy lentamente dando tiempo al culo a que se adapte al ancho, la retiro y otra vez hacia adentro cada vez un poco más hondo hasta el fondo, con los testículos golpeando en las nalgas. La retiro casi entera, dejando apenas el capullo dentro, y ahí me quedo parado.

-por favor, no pare- y te meto la polla por el culo de una embestida. Gritas

-no pasa nada, aquí puedes gritar zorra- te agarro del pelo y empiezo a bombear en tu culo, te mojas como una perra y sin tocarte oleadas de placer suben desde tu culo y se convierten en un orgasmo tremendo, mientras sientes como me corro dentro de ti, como el semen calentito sale a borbotones de mi polla llenando tu culo, gritas, gritas salvajemente, estabas deseándolo, por fin un sitio donde poder gritar, gemir, tiras con fuerza de la cadena que une que tus muñecas, te tensas, te revuelves, deseas estar tan atada para revolverte de placer.

Me desplomo sobre tu espalda, mi cuerpo descansa sobre el tuyo, la polla empieza a desinflarse dentro de tu culo, al sacarla, pequeñas gotas resbalan por tu dilatado ano, bajan por los muslos. Cuando te recuperas del orgasmo, te sorprende ver a una chica desnuda con un antifaz que pasa a tu lado, es alta, delgada, pechos pequeños y pezones como garbanzos, es rubia, pelo ondulado, pasa por tu lado acariciando tu espalda hasta colocarse a tu espalda, se agacha y abriendote las nalgas comienza a lamer los goterones de semen que resbalan por tus piernas, va subiendo por los muslos como cuando se lamen las gotas que helado que se deslizan por el cucurucho. 

El silencio que nos acompañaba queda roto, por un murmullo. Con la poca visión periférica que te permite la posición de tu cabeza y la tabla, ves como por ambos lados, te rodean hombres de todas las edades muy bien trajeados y que sin duda son amos. Parece que la fiesta se ha trasladado a la mazmorra.

-Es hora de demostrar lo que mi sumisa puede hacer, de lo que es capaz de hacer por su amo. Haz que me sienta orgulloso de haberte traído- Te susurro al oído, me miras con deseo y asientes segura con la cabeza. Rodeo el potro observando tu cuerpo, tu postura absolutamente expuesta, falta un detalle, coloco una almohadilla baja tu estomago que hace elevar más tu culo, haciendo que aún quede más expuesto.

Y en voz alta digo 100€ por azotar a mi sumisa!!. Después de unos momentos de timidez y miradas furtivas entre los presentes, oyes una voz que te llega por el lateral, que se ofrece, lo único que alcanzas a ver desde tu posición es a mí enfrente y unas manos masculinas enfundadas en una camisa de gemelos de oro que me entrega dos billetes de 50€, los cojo y te miro con satisfacción a la vez que a esa misma mano le tiendo mi cinturón. No te quito ojo de encima, mientras ves el dinero en mis manos. Es tuyo te digo, si sabes ganártelo. Cierras los ojos y comienzan a caer los azotes.

-Diez en total- Plaaaa! te escuece, ha empezado muy duro.

-Da las gracias gatita- Sin abrir los ojos, mientras aún te escuece, balbuceas -Gracias señor-

Los azotes son cada vez más fuertes, incluso más de lo que yo te azoto, pero quieres ganarte el dinero. Te duele pero te sientes feliz de complacerme y te sientes segura porque situado enfrente de ti, te vigilo, sabes que estoy atento a tus reacciones, que una palabra tuya hará que detenga a tu desconocido azotador, pero quieres complacer a tu amo y aceptas el beso del cuero sobre tu culo. Continúan los azotes, PLAAAA, PLAAA hasta que por fin llega a los diez.

Ha sido duro, te arde el culo, unas lágrimas se asoman a tus mejillas, pero me miras satisfecha y orgullosa de haber aguantado por mí, te devuelvo la mirada feliz por haberme complacido y te beso, te beso como note he besado nunca, devoro tu boca durante varios minutos, casi has olvidado el dolor en tu culo. Me separo de tu boca, te acaricio las mejillas, limpiando tus lágrimas, esta vez de felicidad.

Un segundo postor se acerca con 100 €, le digo que no, me miras, te duele pero no quieres decir que no. Te leo la mirada pero aun así sigo diciendo que no. El postor está súper excitado y ofrece 500, sigo diciendo que no.

-Mi sumisa necesita descansar, tal vez más tarde.- Se marcha frustrado pero aun así antes de irse, el postor se acerca y te susurra con voz agitada -Me has puesto muy cachondo al menos te mereces esto- Y tiende un billete de 50 ante tu boca, lo coges con la boca y se va. Acaricio tu cabeza, enredando mis dedos entre tu pelo, masajeando tu cabeza, descansa, descansa que esto aún no ha terminado.

Me voy a tomar algo, dejándote en el cepo con el billete en la boca. Mientras continuas en tu cepo puedes verme a la distancia, hablando con otro amo, mientras entre palabra voy alternando miradas hacía ti y hacia una sumisa preciosa que está a sus pies. Morena de ojos verdes como esmeraldas, es joven, unos pechos pequeños y puntiagudos que desafían a la gravedad… es una sumisa muy guapa… y a la que empiezo a acariciar.

La levanto y la coloco de modo que puedas verla bien, cogiéndola de la palma, hago que gire sobre sí misma, para admirar todo su cuerpo, un culo firme y tieso que corona unas piernas largas y esculpidas como mármol. Situada de frente a ti, de modo que podéis encontraros mutuamente con la mirada, la coloco a 4 patas. Ves cómo me arodilllo a su espalda y empiezo a lamerle el culo, el coño, y ya sabes cómo lo hago, de mi habilidad con la lengua, esa que es tuya, que tantas veces ha disfrutado en tu coño. La muy perra lo está gozando, empieza a entreabrir los labios, mordiéndose ligeramente el labio para no gemir…

Me levanto y me abro el pantalón, me saco la polla y se la meto mientras no te quito el ojo de encima. Puedo sentir tu ira, tu envidia, tus celos y eso solo me excita más. Y se la meto de un empujón, de un solo golpe hasta las pelotas, la agarro de las caderas y empiezo a follarmela de forma ruda y salvaje. Sus tetas se agitan al compás de cada golpe de mi cadera contra su culo.

Oyes sus grititos. -Ah ah- 

La agarro de las caderas me reclino sobre su espalda y le muerdo en el cuello, sabes que eso es tuyo y… me odias. Acabo en un tremendo orgasmo corriéndome dentro de ella.

-Argggg siiiiiiiiii-

Me levanto a su lado exhausto, la beso. Después de unos segundos, me dirijo hacia ti, con la polla medio flácida y llena de sus jugos mezclados con mi semen, llego hasta ti, te quito el billete de la boca, sabes que deberías limpiármela, pero estás furiosa y te niegas. Apartas la cara. Te miro divertido, con esa sonrisa cínica y malvada que tanto te gusta, pero que ahora mismo detestas, sé que me he pasado pero eso no es excusa y te abofeteo. Una, dos, tres veces, cuatro.

-Niñata consentida, vas a chupar pollas hasta hartarte.- Saco un aro que coloca en tu boca, de modo que no puedas cerrarla, quedando abierta, incluso puedes sacar la lengua a través del círculo que forma tu boca sobre el aro. Te niegas a abrir la boca, te cae otra tanda de bofetadas más y te aprieto la boca hasta que la abras. Cosa que acabas haciendo con resignación y te coloco el aro, en seguida la saliva se escurre de tu boca.

Coloco una silla delante de ti, vuelvo a hablar en voz alta

-Esta vez es gratis- Dejo un vaso al lado.

-Para sus propinas señores... si alguno cree que esta zorra desobediente cree que lo merezca. Señores… y señoritas. Tomen asiento y disfruten de una chupadora de pollas y coños, de forma en la que crean conveniente- En seguida se acercan hombres y alguna sumisa, es lo que estaban esperando muchos desde que entraste y te vieron desnuda. Se sientan en la silla y aprovechando el aro te la meten en la boca y se corren, sin dejarte tiempo a que te recuperes y aún atragantada de la polla anterior, otra aparece ante ti, no puedes hacer nada, estás inmovilizada en el cepo y con la boca abierta, así que solo puedes coger aire y notar como un nuevo trozo de carne llega hasta tu garganta. Notas las palpitaciones y como se mueve y agita de forma frenética y nuevos chorros de semen te llenan la boca, grandes restos de semen gotean al suelo… y así hasta dos, tres, cuatro pollas, ves como el vaso de las propinas se va llenado, incluso reconoces un billete de 200, muchos de 5. También se sube a la silla alguna chica para que le comas el coño.

-Este es nuestra follada- Escuchas susurrado al oido mientras notas mi polla en tu interior, sabes reconocerla dentro de ti, su tamaño y su forma te son tan familiares que sabrías reconocerla entre un millón. Empiezo el mete saca, la meto muuuy despacio para que sientas cada centímetro, cada vena de mi hinchada polla, de tu polla, porque es tuya, es la tuya, la única que es tuya.

Lo estás disfrutando tanto, de sentirme dentro de ti, que hasta olvidas por un instante donde estás, que tienes una polla follandote la boca, hasta que saco completamente mi polla de tu coño, devolviéndote a la realidad, frustrada y caliente. Eso te frustra, te cabrea y vuelvo a empezar, otra vez muy despacio. Te revuelves, agitas tus caderas para sentirme más profundamente, te agarras contra el cepo, pero no puedes hacer nada y la vuelvo a sacar.

Te acaricio los labios vaginales, los lamo. Aun puedo sentir restos del semen del que te follo delante del sofá, y lo trago igualmente y otra vez te meto la punta, me quedo ahí parado con la polla a la mitad, intentas culear para empalarte pero no puedes, empiezas a hacerte daño contra el cepo, estas mojadísima, con la boca llena de restos de semen y flujos vaginales, que resbalan por tu boca. Debe haber como unos 600 euros en el vaso. Y cuando creías que no podias mas, salgo de tu coño y abro el cepo.

Te giras en un segundo desnuda como éstas, no sabes por qué, qué ha pasado, te giras incorporándote de tu postura, los músculos entumecidos de la postura, te levanto te agarro del culo, te llevo al centro de la mazmorra, saco unos grilletes ato tus muñecas juntas, los engancho al techo, tiro del extremo hasta dejarte de puntillas, toda la fiesta te mira. La sumisa que se comió mi polla, la morena de ojos verdes, el perro con el cinturón de castidad, quien pagó por tus latigazos.

Todos sin excepción nos miran, son testigos de tu entrega, de nuestra pasión. Me acuesto sobre el suelo, debajo de ti y empiezo a soltar la cadena que sujeta tus muñecas del techo, centímetro a centímetro. Estás tan mojada que gotas de tu flujo gotean sobre mi polla erecta, los brazos arriba de la cabeza sujetando tu peso, tus hombros medio dislocados. Y solo puedes mirar hacia abajo, deseando bajar más hasta poder llegar hasta tu polla y ensartarte en ella.

Ya la rozas, notas el leve roce en tus labios con mi punta… Y de repente suelto de golpe la cadena. Caes clavándote la polla con todo el peso de tu cuerpo, gritas, es la follada más honda que has tenido nunca, gimes, gritas de dolor y de placer. Y empiezas a cabalgarme como una loca hasta que no puede más y estallas de placer. Gritas, entras en convulsiones. Te corres a borbotones, oleadas de placer suben desde el coño, me sumo a tus gritos y me corro dentro de ti. Acabas desfallecida acostada sobre mi pecho, aun con el aro en la boca. Farfullas, apenas balbuceas un gracias mi señor… 


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