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Fecha: 04-Mar-15 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Historias recordadas por una viuda

2de17
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Recordando viejas historias que habían servido para calentarse en otros tiempos Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Este relato que comienzo a escribir es una historia que sucedió hace muchos años, mi esposo me la contó muchas veces y yo disfrutaba al escucharla, además me ponía caliente cuando él la recordaba con todo tipo de detalles y solo él sabría decir si todo era cierto o no pero por desgracia ya no está a mi lado,  espero que os guste.

Gumersindo, así se llamaba mi esposo, después de terminar la mili fue a trabajar de albañil con una cuadrilla de portugueses a Bélgica, era a mediados de los setenta,  tenía 23 años, era buen mozo, alto y fuerte, las mujeres del pueblo se lo rifaban, más de  una había tenido la suerte de encamarlo, incluso alguna que otra casada.

Trabajaba en la construcción de unas instalaciones en una granja agrícola cerca de la frontera de Bélgica con Francia, los propietarios eran un matrimonio belga que vivían con su hija ya  casada, los padres tendrían algo más de cincuenta años y el matrimonio joven unos treinta. El hombre mayor debía pesar cerca de 150 kilos, su esposa también estaba de buen año aunque mantenía rasgos de haber sido bastante guapa, por su parte el matrimonio joven lo formaban una mujer que era una preciosidad, rubia, de metro setenta, ojos azules, caderas y pechos de modelo, su marido era un tipo de lo más vulgar físicamente, vago, muy mal carácter y de pocas luces.

Los portugueses cuando acababan la jornada laboral se iban al pueblo cercano pues tenían allí la familia, mi marido se quedaba en la granja ya que el propietario le había preparado una vieja caravana de camping para pasar las noches, era una manera de ahorrar aunque era duro vivir en aquellas condiciones. Solamente algún viernes acompañaba a los hombres de la familia a tomar unas copas en el pueblo pero decidió que no iría más cuando comprobó que ellos acababan la juerga borrachos y en un puticlub.

Uno de aquellos viernes que se quedó en la caravana llovía torrencialmente, apenas podía dormir por el repiqueo de la lluvia en el techo, debía ser las cinco de la madrugada y estaba cogiendo el sueño cuando un fuerte estruendo le despertó, asustado salió  fuera y vio el coche del amo empotrado contra la hormigonera de la obra, la lluvia caía con fuerza, después de comprobar que no estaban heridos de gravedad sacó a los ocupantes del coche y les llevó hasta la casa recorriendo bajo la torrencial lluvia los veinte metros de distancia, en el camino las dos mujeres vinieron a ayudarle, los accidentados presentaban un estado lamentable, apenas se aguantaban en pie por la borrachera que llevaban encima.

Una vez dentro de la casa se fijó en las mujeres, las dos llevaban puesto cada una un camisón que al haberse mojado quedaban pegados a sus cuerpos, la más mayor llevaba ropa interior pero a la joven se le podían ver las tetas y el triángulo del pubis con toda claridad, después de escuchar gritos y reproches de las mujeres a los dos borrachos, mi marido abandonó la casa sin que nadie se preocupara de darle las gracias, cuando llegó a su aposento se secó con una toalla, se cambió el pijama que estaba empapado y se dispuso a dormir, comenzaba a cerrar los ojos cuando unos golpes en la puerta de la caravana le despertaron, abrió y vio que era la hija, llevaba puesto un chubasquero y  en su mano un paraguas, ya dentro de la caravana dijo:

Gracias por haber acompañado a los hombres hasta casa, creo que le vendría bien entrar en calor, mi madre me ha dicho que venga a decirle si quiere tomar un baño caliente y comer o beber algo, ella está con esos dos borrachos ayudándoles a meterse en la cama para que duerman la mona

Gumersindo, totalmente desvelado, no supo decir que no, aceptó el paraguas que la mujer puso en sus manos y después de calzarse y ponerse un chaquetón siguió a la joven hasta el hogar familiar, la oscuridad de la noche y la fuerte lluvia no le habían permitido observar que bajo el impermeable  todavía llevaba puesto el camisón mojado lo que pudo comprobar cuando al entrar en la casa colgó la prenda para la lluvia en una percha, fueron directos hasta la cocina, el calor que desprendía una cocina de hierro colado en el que quemaba carbón hizo que Gumersindo sintiera por fin una sensación de agradable confort, se sentaron alrededor de una mesa y la mujer le ofreció un tazón de leche hirviendo con coñac que el albañil cogió entre sus manos.

Valla noche más asquerosa que está haciendo, la mujer rompió el hielo con estas palabras

Sí, no he podido pegar ojo en toda la noche, se apresuró a responder él mientras la miraba fijamente apreciando su serena belleza con disimulo para que ella no lo notara, Gumersindo hacía tiempo que se había fijado en la mujer y más de una vez había sido la musa de sus sueños eróticos. Apareció la mujer mayor y dijo que los hombres ya dormían añadiendo que les había dado un par de somníferos a cada uno y dirigiéndose a la joven dijo:

Seguro que dormirán hasta la hora de comer, por cierto el baño ya está listo, estas últimas palabras fueron acompañadas de una suave sonrisa que a Gumersindo le pareció enigmática ,  la mujer mayor, se llamaba Ingrid, después de despedirse desapareció por el pasillo,  por el contraluz dejó ver su rechoncho cuerpo bajo la trasparencia del camisón que llevaba puesto, el chico no pudo evitar mirarla fijamente durante unos instantes hasta que Chantal que así se llamaba la hija llamó su atención al decir:

Mi madre dice que ya tienes preparada la bañera, más vale que vayas rápido porque todavía cogerás frio, yo te llevaré ropa de mi marido que te vendrá bien pues aunque tu eres mucho más alto y fuerte a él le viene grande.

La joven acompañó a Gumersindo hasta el cuarto de baño, el agua de la bañera desprendía vapor, ella dijo que iba a buscar la ropa que había prometido y él después de desnudarse entró en la bañera, el contacto con el agua caliente le produjo una sensación agradable y relajante, cerró los ojos y pensó en Chantal que no tardó en regresar con una bolsa que contenía un chándal sin estrenar, entró sin avisar y sin hacer apenas ruido, cuando Gumersindo abrió los ojos ella estaba junto a la bañera mirándole fijamente, su primera reacción fue taparse la zona del pubis en la que se apreciaba la polla que estaba dura y empalmada.

Chantal ni se inmutó por la reacción del chico y comenzó a hablar:

Seguro que te ha venido bien este baño caliente, mi madre ha dicho que desde hoy puedes venir a asearte cuando quieras porque debe ser muy incómodo bañarte en la caravana y aquí lo podrás hacer mejor, la chica mientras hablaba se movía de un sitio a otro colocando toallas u ordenando frascos en el armario del espejo, se acercó nuevamente a la bañera con una esponja y una pastilla de jabón en las manos, el chico no sabía qué hacer ni decir, ella sin pedir permiso comenzó a enjabonarlo y él permaneció mudo, la suavidad de la esponja empapada de jabón resbalando por su epidermis le producía una gran sensación de placer, cerró los ojos y comenzó a imaginar que Chantal llegaría a rozar su polla de un momento a otro, no tardó en cumplirse su sueño, la esponja ya acariciaba el vello púbico y su pene había alcanzado la máxima rigidez, mantuvo los ojos cerrados pues no quería ver la escena por vergüenza, las palabras de Chantal hicieron que los abriera:

¡Mi dios!, vaya aparato que tiene el español entre las piernas y como se ha puesto en un momento, mientras lo decía lo cogió entre sus dedos índice y pulgar ayudando a que quedara totalmente empinada y más de la mitad fuera del agua, Gumersindo seguía sin reaccionar, se estremeció al ver como la chica acercaba su rostro a la polla y la rozaba con la lengua durante unos instantes, continuó hablando:  creo que ya has entrado en calor y estas limpito, tiró del cordón del tapón y la bañera comenzó a vaciarse, Gumersindo se incorporó, su pene duro miraba al frente apuntando como un cañón, Chantal lo admiraba con cara de asombro y el hombre recordó que ya estaba acostumbrado a esa reacción de las mujeres cuando descubrían su polla, muchas veces había oído la frase es la más grande que he visto en mi vida”,  y él pensaba que muy pronto la disfrutarían.

Chantal conocía la casa y cogiendo de la mano al macho con el que pensaba gozar fueron a una habitación al final del pasillo en la que solo había un camastro con un raído colchón, la mujer se sentó en él y Gumersindo frente a ella quedó en pie con el pene a la altura de su boca, la primera caricia de la lengua en el rígido falo le produjo un inmenso placer que le produjo un temblor por todo el cuerpo, cerró los ojos y puso los brazos en jarras, la mamada había comenzado bien y pensó hasta donde podría tragarse la polla aquella mujer, recordó otras situaciones como aquella e hizo un breve repaso mental para llegar a la conclusión que era la quinta mujer que le comía la polla, desde el principio percibió que la belga sería la que mejor se lo iba a hacer, era una delicia sentir la lengua resbalar por la polla, la lentitud como acariciaba toda la superficie de la misma presionando las hinchadas venas y sobre todo cuando se entretenía en el glande que rodeaba con los labios y succionaba suavemente como si pretendiera absorber el líquido que en un momento u otro comenzaría a brotar.

Las manos de la mujer se turnaban con la lengua en acariciar los testículos que colgaban entre las piernas del hombre, el único ruido en la habitación salía de la boca de la mujer que con glotonería chupaba el pene con auténtica pasión, solamente la soltaba para susurrar “mon dieux”, “dios mío”, que repetía una y otra vez logrando que Gumersindo se sintiera orgulloso por provocar aquellas exclamaciones, el placer que sentía iba aumentando y los primeros temblores no tardaron en llegar mientras el sudor comenzaba a resbalar por todo su cuerpo, puso las manos sobre la cabeza de ella con la pretensión de marcar el ritmo de las chupadas pero ella reaccionó apartando su rostro y liberando la polla del interior de la boca para decir:

No, no te corras todavía, quiero sentirte dentro de mí, quiero que me llenes, quiero disfrutar esa polla….mientras hablaba miraba fijamente a Gumersindo con ojos desorbitados y el rostro encendido.

Ella tiró su cuerpo hacía atrás hasta apoyar la espalda en el colchón, los pies tocaban el suelo, abrió las piernas y el hombre pudo ver por primera vez el coño que estaba a punto de follarse, la raja algo abierta estaba rodeada de un monte de pelo color claro acorde con la cabellera de la mujer, Gumersindo se dejó caer con cuidado sobre el cuerpo de ella, delicadamente separó aún más sus piernas, quiso ser paciente y primero estampó su boca en la boca de ella, sus lenguas se tocaron buscándose sitio en la boca del otro, fue un morreo largo e intenso, se mordían mutuamente los labios y cuando el hombre notó que la mujer comenzaba a estar mojada en la zona que rozaba su polla, se decidió a dar otro paso:

Así que quieres que te folle ese bonito y rubio coñito,

Si, por favor métemela ya, por favor, dijo ella mientras apretaba sus manos contra las nalgas del hombre que tenía encima

El primer roce de la polla con la raja ya mojada hizo que la mujer se estremeciera, el hombre hizo un primer intento de penetrar y supo que no le sería difícil hacerlo porque estaba húmedo y suficientemente dilatado, con el primer empujón ya logró meter todo el glande, aguantó un instante sin moverse hasta que ella le rogó que siguiera, obedeció y con sumo cuidado fue enterrando su falo lentamente hasta el fondo de la vagina que milagrosamente lo acogía con más facilidad de la prevista, debía tener la mitad de la polla en el interior de la mujer cuando escuchó la primera queja, un lamento salió de la boca de la mujer pero inmediatamente cambió su mensaje:

¡sigue cariño, sigue!, no pares de moverte, eran palabras entre susurros pero  se entendían claramente

Gumersindo comenzó a moverse, era un bombeo lento y seguido, se movía encima de ella metiendo y sacando la polla en la vagina ya abierta como el cráter de un volcán que en lugar de escupir manaba jugos que empapaban las pelvis de ambos amantes, los cuerpos sudorosos  se refregaban sin cesar y las piernas de ella estaban entrelazadas con las de él, ambos suspiraban y jadeaban continuamente pero solo ella hablaba  suplicándole que no dejara de moverse, ella se estremeció cuando notó la proximidad de un orgasmo y él pidió que aguantara un poco más, se besaron en un instante de calma pero ella estaba desbocada y pidió que siguiera follándosela, el movimiento se hizo más enérgico, el mete y saca era continuo y cada vez más profundo,  ella a cada orgasmo temblaba rogando que siguiera follándosela, a Gumersindo le extraño que no gritara pero recordó que la familia de ella estaba durmiendo justo al lado,  avisó que estaba a punto de correrse, la respuesta de ella fue que lo hiciera dentro y el hombre decidió tardó más en aliviarse,  los primeros chorros de semen inundaron la empapada vagina de la mujer que tenía debajo, ella le cubrió de besos por todo el cuerpo no dejaba de susurrar una y otra vez que había sido maravilloso.

Se puso junto a ella, el pene había perdido la rigidez, Chantal lo miró y volcando su rostro sobre el falo comenzó a lamerlo hasta dejarlo brillante, luego puso su cabeza sobre el hombro del hombre que se reponía del esfuerzo realizado, fue ella la primera en hablar:

¿te ha gustado?

Si, dijo él mientras pasaba su mano por la espalda de ella que a cada caricia se estremecía

A mí mucho, no estoy acostumbrada a disfrutar de una polla como esa y de un hombre como tú.

Joder, ¡si te escucha tu marido se pondrá contento!

Mi marido que le den, no la tiene ni la mitad de la tuya ni el aguante que tienes, me has hecho disfrutar como nunca había sentido jamás, hablaba excitada pero sin levantar la voz

¿Es la primera vez que le pones los cuernos?, dijo Gumersindo sin pararse a pensar lo que preguntaba

Ja, ja, Ja, si fuera la primera vez estaría yo amargada, una tiene que buscarse el pan fuera cuando no lo tiene en casa, Gumersindo pensó que no le sería difícil con aquel tipo buscarse el pan donde quisiera y creyó que iba siendo hora de dar la fiesta por terminada:

Debe de estar a punto de amanecer si no lo ha hecho ya y tu marido y tus padres pueden despertarse en cualquier momento, ella le interrumpió

Mi marido y mi padre están durmiendo la mona atiborrados de somníferos que mi madre les ha hecho tragar, cada sábado por la noche es la misma cantinela, ellos llegan borrachos y mi madre y yo les atiborramos de pastillas.

Cuando Gumersindo salió de la casa comenzaba a clarear, hacía frio y fue corriendo hasta la caravana, sin quitarse el chándal que le habían regalado se metió en su camastro, en segundos se quedó dormido pero antes pensó que había pegado un buen polvo.

Unos fuertes golpes sonaron en la puerta de la rulot, nuestro hombre tardó en reaccionar pero por fin se decidió a preguntar

¿Quién es?

El marido de Chantal, se escuchó la voz desde el otro lado de la puerta

Por un momento Gumersindo se acojonó, se levantó del camastro y lo primero que hizo fue buscar algo para defenderse pues le extrañó la presencia allí del cornudo y no sabía a qué venía, como tardaba en abrir volvió a escuchar la voz del exterior

Ya son las doce y dicen mis suegros que vengas a comer a casa, sus palabras le tranquilizaron y abrió la puerta cuando se alejaba, gritó diciendo que no tardaría más de cinco minutos, cuando llegó le esperaban sentados alrededor de la mesa de la noche anterior pero esta vez estaba parada con mantel y cubiertos, en el centro una cazuela de mejillones humeantes listos para comer, los dos matrimonios propusieron que Gumersindo tomara asiento entre las dos mujeres y comenzaron a comer sin más preámbulo, durante el ágape el único que hablaba fue el cornudo para decir que todos los españoles eran aficionados a los toros, al Real Madrid y al flamenco, Gumersindo con paciencia infinita esperó a que dejara de hablar para aclarar que no le gustaban las corridas de toros, no sabía bailar flamenco y sobretodo en aclarar con orgullo  gallego que era del Celta de Vigo, las mujeres se partieron de risa.

Durante los postres el padre dijo que en media hora saldrían hacia el pueblo como solían hacer todos los domingos con la única diferencia de que alternativamente se quedaban en la casa o la madre o el yerno, dependía de si el equipo de futbol del pueblo jugaba en casa, en ese caso los hombres iban al partido y en caso contrario el padre pasaba la tarde jugando a la petanca y la mujeres vete a saber dónde. Cuando los viajeros se disponían a salir la madre le dijo al español que no hacía falta que él también se marchara y podía quedarse a hacerle compañía, Gumersindo dudó pero acabó aceptando la invitación. Ya habían marchado y la señora se ausentó un instante, cuando regresó llevaba en las manos dos álbumes, tomó asiento junto al invitado y comenzó a enseñarle fotos antiguas en las que aparecía ella y su marido, eran de la época de recién casados y parecían estar tomadas en un país africano, ella lo confirmó diciendo que habían vivido unos años en el Congo Belga porque su marido trabajaba allí como jardinero en casa de un terrateniente, en algunas fotos estaban acompañados por nativos que la cogían a ella por la cintura, Gumersindo no pudo evitar hacer un comentario sobre la belleza de la mujer que tenía un gran parecido con Chantal, su hija. Cuando la interrogó sobre quiénes eran los nativos que  les acompañaban ella solamente se refirió a uno de ellos al que se refirió por su nombre, era un negro alto y de cuerpo espectacular, en todas las fotos aparecía rodeando con sus brazos el talle de la mujer.

Gumersindo sacó la conclusión que entre la mujer y el congoleño había habido algo y estuvo a punto de preguntárselo pero no le dio tiempo porque ella se adelantó diciéndole que el negro era el mejor amante que había conocido, tanta franqueza hicieron que el español se sonrojara,  siguieron mirando fotos mientras ella explicaba cada una recordando perfectamente donde estaban tomadas, en algunas aparecía en traje de baño y Gumersindo cada vez pensaba con más fuerza que madre e hijas eran casi iguales. Cuando acabaron de repasar los dos álbumes ella miró fijamente a los ojos del hombre y dijo:

Así que esta noche pasada has dejado satisfecha a mi hija, ya me ha dicho que estás bien armado, Gumersindo sintió que estaba a punto de desmayarse, se le secó la boca y no podía articular palab, ella continuó:

No te preocupes, no eres el primero ni serás el último, su marido los lleva puestos igual que el mío, la diferencia es que ella se lo hace con tíos jóvenes y yo con algún que otro carcamal que me da la oportunidad, por desgracia ya no puedo elegir, a no ser que me aproveche de las circunstancias como es el caso, mientras hablaba había acercado su cuerpo al de Gumersindo hasta rozarle, no pidió permiso para poner su mano en la entrepierna del asustado hombre que reaccionó intentando ponerse en pie pero ella le retuvo agarrándole del pantalón,

Tranquilo hombre tranquilo, ahora lo pasamos bien nosotros y esta boquita es una tumba, y además repites con mi hija siempre que quieras, por cierto creo que todavía estas a tiempo de aprender algunas cosas tanto tu como ella,  Gumersindo la escuchaba mientras pensaba que era una oportunidad que no podía dejar escapar, tampoco es que estuviera muy sobrado de sexo y además sería la primera vez que lo haría con una madura de cincuenta años o más pero que a pesar de estar sobrada de muchos kilos mantenía algunos encantos de la juventud, era una mujer de buen ver, simpática y la garantía de poder seguir follándose a su hija, las últimas palabras de ella diciendo que podría enseñarle alguna cosa y su propia polla que había comenzado a ponerse dura acabaron de convencerle:

No señora, si no me lo tiene que pedir, estaré encantado de pasar un buen rato con usted e intentar dejar el pabellón gallego a la altura del Congo, mejor incluso que con su hija, ella mientras le escuchaba había a comenzado a desprenderse de la bata que cubría su rechoncho cuerpo, unas enormes tetas cubiertas por un sujetador nada erótico fue lo primero que llamó la atención de Gumersindo que llevó sus manos a ellas para acariciarlas, la mujer se libró del sujetador, sus tetas ya libres eran dos ubres blancas, grandes y fofas que cayeron hasta posarse sobre su barriga, las manos del hombre acariciaban las aureolas coronadas por pezones que no tardaron en ponerse duros y las tetas no tardaron en estar igual cuando sintieron los primeros lengüetazos del joven que comenzó a succionarlas con frenesí, Ingrid con sus manos aplastaba el rostro del hombre contra sus pechos.

Pasaron algunos minutos en durante los cuales Gumersindo se amorró como un bebé a las inmensas ubres de la mujer, las chupaba y succionaba con un apetito insaciable, ella había comenzado a retorcerse sobre el sofá mientras apretaba la cabeza del joven contra su cuerpo

Sácatela de una vez que quiero ver si esa polla es tan grande como dice mi hija, dijo ella por sorpresa

Gumersindo dejó de chupar y se desnudó quedando en completamente en cueros, su pene erecto mostraba todo su esplendor, los casi treinta centímetros de largo y seis de ancho causaron  impacto en la mujer porque reaccionó con estupefacción y dijo:

¡Oh la, la!, hacía muchos años que no veía una como esta, que buenos recuerdos me trae, la señora la cogió entre sus manos y la acarició suavemente poniendo cara de admiración y glotonería, no tardó en llevársela a la boca y comenzó a lamerla mientras repetía constantemente:¡ oh la, la!, ¡oh la, la!.

Tras un seguido de húmedos lametones fue ella quien puso la polla entre sus tetas y comenzó a masajearla ayudándose de las manos, el pene quedó aprisionado entre las dos ubres y Gumersindo comenzó a moverse pretendiendo conseguir los efectos de una masturbación, después de unos minutos durante los cuales la mujer no dejo de alabar el tamaño del pene, ella propuso ir al dormitorio, Gumersindo la siguió todavía asombrado por lo que le estaba pasando, cuando llegaron no tuvo duda de que iban a hacerlo en la cama matrimonial pues era grandiosa y coronada por un palio con columnas de madera labrada con adornos. La mujer se despelotó del todo, su cuerpo rechoncho mantenía algún punto erótico, las anchas caderas y una barriga prominente coronada por un par de impresionantes tetas no eran motivo para no hacerla deseable, el pubis mostraba un matojo de pelo negro que tapaba por completo el coño, ella se colocó mirando al techo con la espalda apoyada sobre las sabanas, abrió y levantó las piernas mostrando el coño a la mirada fija del hombre que quedó boquiabierto cuando lo vio, era carnoso y de color rosado intenso que tenía aspecto de estar mojado y estaba rodeado de gruesos labios vaginales, Gumersindo dudó como atender la evidente invitación de la mujer a que la follara, no sabía si comenzar con la lengua o con la polla, ganó la primera y se lanzó contra el coño de la mujer hundiendo su rostro entre los muslos.

No tuvo que esforzarse en abrir la raja, estaba abierta y tan mojada que se impregno de líquido vaginal toda la cara cuando lo estampó en la entrepierna, metió la lengua en la chorreante cueva y su lengua comenzó a escarbar entre los labios vaginales, no tardó en oír los primeros gritos de satisfacción de la mujer que se convirtieron en poco rato en jadeos y exclamaciones que retumbaban entre las paredes de la habitación, Gumersindo ponía el máximo esfuerzo y lamía con fruición el coño que aplastaba con su rostro, el primer orgasmo fue precedido de un fuerte grito acompañado de palabras que no pudo traducir pero supo que la mujer tenía suficiente porque ella le agarró del pelo para que apartara el rostro de entre sus muslos.

Cuando volvió a ver la cara de Ingrid apreció que estaba risueña, ella se tomó un breve respiro pero enseguida propuso volver a la carga, le indicó que se tumbara mirando al techo que por cierto era un mural de madera labrado con los mismos detalles que las columnas del palio, Gumersindo obedeció, su polla parecía una lanza apuntando al centro del techo, ella con agilidad impropia de su condición física se sentó sobre él y puso su vagina sobre el pene erecto, solamente tuvo que empujar suavemente su cuerpo hacía abajo para que el falo penetrara  en su interior,  estaba tan mojada que la enorme polla entró sin resistencia alguna,  el hombre se extrañó pues no estaba acostumbrado a tenerlo tan fácil en los primeros momentos de la penetración y era habitual sentir las quejas de sus amantes

Ella se movía ágilmente sobre él que tenía enterrada toda la polla en la vagina de la mujer, era un movimiento suave de arriba abajo intentando acrecentar el placer con un vaivén de su cuerpo, todo transcurría con calma, las manos de él  agarraban las tetas de ella intentando evitar el constante bamboleo, ella apoyaba  las palmas de sus manos en el tórax del hombre que tenía debajo y no tardó en suspirar y jadear como muestra del gusto que estaba sintiendo, pasaron así algunos instantes, se miraban y sus rostros eran reflejo del placer que se daban mutuamente

Sigue, sigue así, lo estás haciendo muy bien, pero aguanta un poco más, las palabras de él salieron entre continuos suspiros por el esfuerzo que estaba haciendo, ella respondió

¿Te gusta como cabalgo tu polla?, ¿ a que no pensabas que podría darte tanto gusto?,  a pesar del esfuerzo que estaba realizando sus palabras se escuchaban nítidamente , tenía los ojos entelados y rojizos y su piel blanca había tomado un tono rosado brillante por la traspiración de su epidermis, Gumersindo bajo ella aguantaba los envites y cada vez tenía más sensación de estar a punto de llegar al momento culminante de correrse, ella seguía botando sobre él pero ahora el movimiento  era más descontrolado, el liquido vaginal corría entre los muslos de ambos, las manos de él sujetas a la cadera de ella intentaban controlar el ritmo del sube y baja del cuerpo de la mujer desbocada y totalmente excitada como demostraban sus gritos y palabras en francés que Gumersindo no era capaz de traducir, solamente entendía un “oui” que repetía constantemente entre jadeos y continuos suspiros, el hombre supo que ella había llegado al clímax cuando dejó de moverse y tras un desgarrador alarido dejo caer su mole contra él que siguió bombeando en busca de la corrida definitiva, tuvieron que pasar algunos segundos hasta que sintió que comenzó a aliviarse descargando continuos chorros se semen en el interior de la mujer que rendida descargaba todo su peso sobre él, se vació del todo dentro de ella, mientras escuchaba sus susurros diciéndole una y otra vez con la boca pegada en su oído: je t’aime, je t’aime.

Gumersindo había disfrutado de aquel polvo como pocas veces antes lo había hecho y pensó que todo había terminado, la mujer seguía sobre él haciéndole sentir su peso que soportaba perfectamente, todavía seguían ensamblados y ella no parecía tener prisa por descabalgarlo, él acariciaba la espalda de ella que seguía repitiendo las palabras antes citadas, ella debió sentirse recuperada del esfuerzo cuando dijo:

¿Puedes seguir?

¿Seguir haciendo qué?, dijo él porque no acababa de entender la pregunta o demostrando una santa inocencia.

Seguir dándome placer, seguir follando, ya te he dicho que esta tarde creía que te iba a enseñar algo nuevo, mientras hablaba se movía y llevó a su rostro a la entrepierna del hombre mientras que la suya la puso en su cara, no se anduvo con preámbulos, agarró el pene con una mano y lo llevó a su boca iniciando una serie de lengüetazos en el glande que mantenía restos del semen de la reciente corrida, la polla no tardó en alcanzar su máximo esplendor y la mujer volvió a alabar su tamaño cuando se tomó un breve descanso en la mamada. Gumersindo que tenía el rostro hundido en el coño de ella había dado respuesta llevando su lengua al interior de la vagina y la movía con frenesí, estuvieron así durante algunos minutos, los dos regresaron a un seguido jadeo y sus cuerpos volvían a recuperar el brillo del sudor que traspiraban, cada roce de la lengua en el clítoris provocaba un alarido de ella acompañado de fuertes temblores, debió sentirse saciada de placer porque pidió que parara y el joven retiró su boca del coño de ella, ella hacía momentos que ya no se la chupaba.

Cuando se repusieron físicamente Ingrid se arrodilló en la cama con las manos apoyadas en la blanda superficie, Gumersindo se la miraba expectante por lo que iba a suceder y ella no tardó en hacérselo saber al decir:

Quiero que me folles desde atrás, como si fuera una perrita, tu perrita.

Gumersindo se puso tras ella, vio el coño suficientemente abierto y mojado para no tener que lubricarlo todavía más, dirigió su polla hacía la chorreante raja y la penetró lentamente pero con decisión, entró casi toda y ella desde el primer momento comenzó a suspirar, él apoyaba las palmas de la mano en las enormes nalgas de la mujer que tenían enterrada el falo entre las temblorosas carnes, los huevos de él se estampaban a cada embestida contra los muslos de ella y producían un sonoro estruendo, el sudor corría por sus epidermis, ambos se movían con firmeza y no aparentaban estar próximos a una inminente corrida.

Pasaron así algunos minutos, comenzaron a jadear más intensamente y los movimientos dejaron de ser coordinados,  la mujer mostraba  signos de estar a punto de llegar al orgasmo y él avisaba que iba a correrse, fue ella la que se escabulló de la montura del hombre y sus cuerpos se separaron, sin moverse de la posición en que estaba ella dijo:

Métemela por detrás, quiero que me folles el culo, quiero que metas ese tronco en mi culo y reviéntamelo, mientras hablaba giró su rostro hacia el hombre y este pudo ver sus ojos inyectados en sangre y expresión de rabia, Gumersindo jamás había penetrado a una mujer por el ano, era algo que quizás por el tamaño de su pene nunca le habían propuesto y además pensaba en ello como algo antinatural, volvió a escuchar la voz de la mujer que a pesar de la posición en que se encontraba había llevado una de sus manos a su agujero trasero comenzando a acariciarlo:

¡ mete  ese tronco hasta el fondo! ¡ quiero que  lo metas y me partas en dos! Tu polla me ha recordado cuando era joven y disfrutaba de pollas negras tan gordas  como la tuya, fóllame el culo ¡cabrón!, Gumersindo había oído las palabras atónito mientras su cerebro intentaba reaccionar, miró el ano de la mujer y vio que jamás su polla podría entrar por allí, además había oído hablar de sodomizar y era un algo nuevo para él, dudaba que hacer cuando la mujer volvió a gritar ahora ya mostrándose histérica:

¡Métela ya joder!, no me digas que no has follado el culo de una mujer, ¿las españolas no se lo dejan follar?

Él intentaba mantener la calma, las suplicas de la mujer las escuchaba pero no le alteraban, estaba tranquilo tomándose su  tiempo para reaccionar, tomó una decisión llevado por la idea de que todo lo que estaba ocurriendo aquella tarde era nuevo para él, estaba con una mujer que casi doblaba su edad, casada y por la que no se sentía atraído, simplemente se la estaba follando para complacerla y que hiciera la vista gorda en su relación con la hija, fue entonces cuando se decidió a contestar:

No lo he hecho nunca por detrás y creo que te va a doler, pero si es lo que quieres lo voy a intentar

Lo vas a intentar no, me la vas a meter hasta el fondo, no hay muchas pollas como esa por aquí  blancas y de ese tamaño, Ingrid no había dejado de masajear su orificio trasero que ya comenzaba a estar algo dilatado, a Gumersindo no le pasó desapercibido y después de mojar sus dedos con saliva y embadurnarlos con jugos que no cesaban de brotar de la vagina de la mujer llevó su mano hasta el ano, sus dedos comenzaron un suave masaje circular y no tardaron en penetrar sin apenas dificultad, ella impaciente volvió a gritar:

¡ métela ya, quiero sentir como la hincas hasta el fondo y me llenas el culo de tu leche caliente!

Gumersindo había oído alguna vez la palabra “ninfómana” pero no sabía bien su significado, en ese momento pensó que tenía una entre sus piernas, llevó la punta de su polla al ano de la ninfómana y presionó ligeramente, las carnes de la mujer cedieron y el pene comenzó a atravesarlas, como por arte de magia la polla desaparecía dentro de la cueva lubricada que no dejaba de dilatarse, el hombre estaba disfrutaba una sensación nueva, casi toda su polla había perforado el ano de la mujer y fue entonces cuando percibió sus lamentos que ella no paraba de expresar con quejidos de dolor, la había violado el culo con tanta obsesión que no se había preocupado de no hacerle daño, se tranquilizó cuando ella entre queja y queja le pidió que siguiera, entonces él liberado definitivamente de cualquier remordimiento comenzó a bombear en ano de la mujer.

Gumersindo se movía suavemente disfrutando la nueva experiencia, sus manos agarraban las voluminosas nalgas de la mujer que se movía al ritmo de los golpes de cadera que él le daba, ella gemía sin cesar de manera que se hacía difícil distinguir si eran lamentos de dolor o muestras de placer, la cama chirriaba por el balanceo de los dos cuerpos moviéndose en un vaivén continuo, Ingrid aguantaba su peso sobre una sola mano mientras con la otra grataba su vagina buscándose el clítoris, Gumersindo aún mantenía la compostura y seguía bombeando en el ano de la mujer, deseaba  preguntar a la mujer si le estaba gustando pero su timidez no se lo permitía, los muslos de ambos compartían la humedad de los jugos vaginales que brotaban del coño de la mujer que hacían que junto con el sudor de sus cuerpos el ambiente estuviera impregnado de un olor especial.

Gumersindo en medio del esfuerzo y algo crecido se decidió a preguntar

¿ te gusta que te dé por detrás, té está gustando esta polla española taladrando tu gordo culo belga?

¡si, cabrón, si, me gusta sentir esa polla perforándome las entrañas y quiero que sigas hasta que me llenes de tu caliente leche, que sea toda para mí!, las últimas palabras apenas se hicieron audibles no en vano el esfuerzo que hacía comenzaba a hacer mella en ambos amantes

Los jadeos ya eran intensos, claramente los de ella eran de placer y sus suspiros eran la muestra de estar disfrutando,  a cada embestida de él ella respondía gritando un “si” que sonaba a suplica de que siguiera enculándola, la mano de ella había encontrado sus clítoris y se estaba acariciando compulsivamente lo que provocaba que disfrutara un continuo orgasmo, ambos temblaban y cada vez sus movimientos eran menos acompasados , Gumersindo estaba a punto de correrse y se lo dijo a ella que le grito que lo hiciera dentro, él no espero más y se dejó ir sintiendo un gran alivio cuando comenzó a regar las entrañas de la mujer con semen caliente que esparcía con chorros como si fuera un aspersor, ella totalmente quieta parecía poner todos los sentidos en disfrutar del néctar que salía a borbotones de la polla que tenía clavada.

Él hizo ademan de querer sacarla pero ella rogó que quería hasta la última gota, cuando quiso se lo quitó de encima y girándose se llevó la polla a la boca rebañándola una y otra vez hasta quitar cualquier resto de crema blanca que la cubría, paseaba su lengua por sus labios saboreando el semen del español que acababa de follársela, a pesar del cansancio que mostraba y de tener la boca pastosa dijo con toda claridad:

Es curioso, las pollas pueden ser negras o blancas pero el semen siempre es blanco y tiene el mismo sabor

Gumersindo no pudo dejar escapar una carcajada en medio de los continuos suspiros que seguía dando por el esfuerzo realizado,  quedaron tumbados un buen rato durante el cual ella no se abstuvo en decir que hacía años que no disfrutaba tanto de la compañía de un hombre y que lo tenían que repetir todos los días pero luego rectificó y dijo que de vez en cuando dejaría que fuera su hija la que se diera el gusto de disfrutar de aquella polla, según ella madre e hija no estaban nada satisfechas con sus respectivos maridos por eso no tenían más remedio que ponerles los cuernos.

Después de una reconfortante ducha que tomaron juntos Gumersindo se dirigió a la caravana, estaba descansando cuando escuchó el automóvil del resto de la familia, minutos más tarde y sin llamar a la puerta tenía delante  a Chantal que sin cortarse lo más mínimo le plantó un morreo metiéndole la lengua hasta la campanilla, cuando debió saciar sus ansias dijo:

¿Seguro que os habéis pasado la tarde follando?, ahora ya sabes lo zorras que somos  las dos, en sus palabras había un tono socarrón que Gumersindo captó desde el primer momento, fue lo único que ella dijo antes de salir de la caravana, cuando se quedó solo se puso a pensar que además de un buen jornal por su trabajo de albañil no tendría más remedio que pedir un complemento por el uso y desgaste de la herramienta que la vida había puesto entre las piernas.

Los días siguientes transcurrieron con total normalidad, ninguna de la mujeres mostró un comportamiento diferente a antes de los sucesos del pasado fin de semana, era viernes por la noche y Gumersindo se mostraba impaciente por saber que pasaría y no tardó en saberlo, los hombres no habían hecho más que abandonar la finca que Chantal comenzó a aporrear la puerta de la caravana y sin esperar a que se abriera dijo:

Dice mi madre que vengas a casa a tomar una copa para que no te aburras aquí su solo

No se hizo de rogar, salió escopeteado tras la chica y casi entraron juntos en la casa, Ingrid les esperaba en la cocina, no tuvo ni la gentileza de ofrecerle algo de beber y fue directa al grano:

Tienes tres posibilidades, la primera lo haces primero conmigo, la segunda lo haces primero con mi hija y la tercera: nos lo montamos los tres juntos a la vez, no creo que hayas follado nunca con dos mujeres a la vez, ¡ verás  cómo te gusta!

A Gumersindo las palabras de la madre le sonaron a música celestial, esperaba ese momento durante la semana y la novedad le pareció sugerente, no dijo nada pero su gesto fue fácilmente interpretable, había elegido las dos a la vez, los tres se dirigieron al dormitorio mientras se despojaban de su ropa, cuando llegaron junto a la cama estaban totalmente desnudos

La madre parecía tener prisa por comenzar, subió sobre la cama y se colocó a cuatro patas, su orden fue clara y concisa:

¡Métela hasta dentro del todo!  Gumersindo tuvo la delicadeza de mojar con saliva el coño que se le ofrecía mientras se pajeaba buscando que se le pusiera dura, fue una penetración lenta, poco a poco el pene se hundió en la vagina mientras la mujer decía que le gustaba como se la metía, el hombre había cerrado los ojos un instante y cuando los abrió descubrió que la hija se había colocado frente a su madre con las piernas abiertas y le ofrecía el coño para que se lo comiera, Gumersindo era la primera vez que veía algo así, no ya dos mujeres sino que madre e hija estaban a punto de darse placer, siguió bombeando más intensamente con la vista clavada en las dos mujeres, la joven tenía sujeta entre sus manos la cabeza de su madre y su cara reflejaba la expresión de estar sintiendo un inmenso placer, la vagina de Ingrid ya estaba empapada y la polla se deslizaba por su interior sin apenas resistencia, el hombre no acababa propio placer y del espectáculo que le ofrecían las dos mujeres.

Los jadeos era continuos, Chantal suspiraba y cruzaba su mirada con la de él dejando entrever que envidiaba a su madre por tener la polla dentro de su coño, los tres se lo estaban pasando en grande y parecían estar a punto de llegar al momento cumbre del clímax, fue la madre la primera quien comenzó a gritar histéricamente dando señal de estar disfrutando un intenso orgasmo e hizo que el hombre no se contuviera y comenzara a regarle la vagina de esperma mientras aullaba como una bestia, la hija seguía sujetando el rostro de la madre apretándolo contra su entrepierna y no tardó en imitar a los otros cuando gritó que se estaba corriendo de gusto, las dos mujeres reaccionaron yendo a buscar la polla de Gumersindo que chuparon hasta que dejó de gotear leche en sus bocas y caras, como buenas madre e hija compartieron el fruto su acción.

Se tomaron un merecido descanso pero era evidente que la noche acababa de comenzar, fue Gumersindo quien ya crecido definitivamente propuso reiniciar la juerga:

Supongo que ahora te tocará a ti, dijo clavando la mirada en el rostro de Chantal

Me estoy muriendo porque me metas ese pedazo de polla, dijo ella sin reprimirse en absoluto, mientras su madre se limpiaba la entrepierna con la sabana y se creyó con derecho a entrar en la conversación:

Eso, ahora fóllatela a ella y que me devuelva a mí la comida de coño que yo acabo de hacerle, dijo entre risas

¡Valla par de putas que estáis hechas!, Gumersindo expresó lo que pensaba

Y tu estás aquí para complacerlas y darnos lo que nuestros maridos no nos dan, dijo Chantal mientras su madre reía como una loca y ella se tumbaba en la cama abriendo las piernas ofreciendo su coño para que el hombre comenzara a follársela, él tomó posición arrodillándose entre sus muslos, la sujetó por las nalgas y alzó el cuerpo de la mujer hasta que la entrepierna de ella quedó a la altura de su polla, cuando sintió rozar el glande con la húmeda cueva dio un leve empujón y el ariete comenzó a entrar sin apenas resistencia en la mojada y dilatada cueva, los gritos de ella no se hicieron esperar como muestra del gusto que estaba sintiendo.

La madre que había expresado su deseo de dejarse comer el coño no tardó en ofrecerlo a su hija, puesta en cuclillas tenía las piernas abiertas sobre el rostro de la joven que ya daba lengüetazos  en la húmeda raja, el ambiente en el dormitorio estaba cargado, los tres cuerpos sudorosos formaban una figura en movimiento, el hombre embestía a la mujer que estirada en la cama tenía sobre su rostro las nalgas de su madre, esta y Gumersindo jadeaban y expresaban con palabras inteligibles el placer que estaban sintiendo, la joven tenía su boca ocupada en lamer la vagina de su madre que fue la primera en mostrar síntomas de estar disfrutando un orgasmo, sus exclamaciones de gusto por estar corriéndose se hicieron patentes cuando gritó a su hija textualmente que no parara de comerle el coño y esta obedeció la orden de su madre hasta que le dijo basta, mientras tanto Gumersindo seguía entrando y saliendo con su polla en el coño de Chantal que gritaba como una loca a cada una de las embestidas, ambos comenzaron a jadear y gritar en claro anuncio de estar a punto de alcanzar el clímax y los dos lograron correrse en el mismo momento, el mete y saca era frenético y ella movía su cuerpo casi epilépticamente, cuando el hombre comenzó a descargarse ella exclamó un largo suspiro de placer incontenido, los dos quedaron inmóviles disfrutando el momento mientras la madre rompió en aplausos.

Se tomaron un necesario descanso que Gumersindo pensó que sería definitivo pero pronto supo cual equivocado estaba, fue la madre la que se lo aclaró:

Vamos a acabar la noche con algo muy especial, en sus palabras había cierto misterio que llamó la atención de los demás presentes, continuó:

A mi hija nunca nadie se la ha follado por detrás o por lo menos eso dice, opina que puesta a dejarse follar su precioso culo tenía que hacerlo con una polla gorda y por ahora las que ha disfrutado según ella no eran lo suficiente grandes, pero ahora tiene delante suyo una polla como las que hay pocas, o sea que ha llegado el momento de que se estrene, así que ya puedes prepararte para saber lo que es sentir una buena polla llenándote tu estrecho culo, las últimas palabras fueron dirigidas hacía su hija que contestó:

No tendré inconveniente en dejarme desvirgar el culo por una polla como esta, creo que habrá valido la pena esperar, Gumersindo presenciaba la escena boquiabierto, el dialogo de madre e hija le parecía surrealista y no reaccionó hasta ver como la madre ayudaba a su hija a ponerse en la posición adecuada para ser enculada y además comenzaba a pasear su lengua alrededor del ojete oscuro y muy cerrado de la joven que se dejaba hacer sin poner objeción alguna, después de unos instantes de lamer el culo Ingrid ofreció el ano de su hija a Gumersindo con estas palabras:

Todo tuyo, reviéntalo y haz que sepa que para disfrutar no hay nada mejor que pasar del más intenso dolor al éxtasis del placer supremo.

Gumersindo jamás hubiera pensado que algún día una madre le animaría a follarse a su hija y menos por detrás, la joven estaba colocada en posición fetal apoyando rodillas y codos sobre el blando colchón, el español busco la mejor posición y apuntó su verga hacía el ya mojado agujero, fue delicado en el primer contacto y el simple roce hizo que la mujer se quejara, poquito a poquito comenzó a empujar y el glande fue entrando haciendo que la habitación se llenara de gritos y quejidos de dolor que no lograron amilanar a Gumersindo que siguió empujando con firmeza, la mitad del falo estaba enterrado en las carnes de la mujer y ella seguía gritando como una poseída, el hombre pensó que tenía suficiente y comenzó a mover su cuerpo de delante hacía atrás con mucha calma, supo que todo iba bien cuando percibió que las quejas se convertían en jadeos de placer, eso le animó a penetrarla un poco más y lo hizo suavemente, ella volvió a quejarse pero inmediatamente dejó ir suspiros de gusto, el mete y saca ya era continuo, Chantal manifestaba que estaba disfrutando dando alaridos en medio de gritos exigiendo que quería más, la mujer enculada suplicaba constantemente que le diera más fuerte y él se aplicaba en su función.

Gumersindo pensó donde estaría la madre y la descubrió sentada en una butaca mirando el espectáculo y haciéndose una paja, siguió follando pero con la mirada fija en la madura que le sonreía fijamente, solo apartó su mirada de la señora cuando sintió que estaba a punto de correrse, Chantal hacía rato que había llegado al momento culminante del orgasmo y se limitaba a jadear recuperando el aire que le faltaba, de la polla de Gumersindo comenzó a brotar semen en chorros que caía sobre la espalda sudorosa de Chantal, la madre aplaudía y reía a carcajadas desde su lugar preferente de espectadora.

Unos besos de despedidas y el reconocimiento de la hija a la madre que le había gustado lo que acababa de vivir fue el frio epílogo de la fiesta, los tres se ducharon juntos y Gumersindo regresó a la caravana con una sonrisa de oreja a oreja. El día siguiente y la mañana del domingo pasaron sin pena ni gloria, la tarde del domingo le esperaba una sorpresa que comenzó a concretarse justo después de comer con la familia, mientras tomaban café el padre dijo que esa tarde ni él ni su esposa irían a la ciudad, el matrimonio joven se extrañó pero decidieron que ellos si irían hasta el pueblo. Cuando marcharon Ingrid no pudo ir más directa al grano y delante de su esposo dijo dirigiéndose a Gumersindo:

Jovencito, ahora nosotros dos vamos a dar un espectáculo a mi marido para que recuerde  que es una buena follada y una buena polla, que conste que no será la primera vez que disfrutará viendo cómo se follan a su querida esposa pues cuando me follaban los negros en el Congo se lo pasaba mejor que yo misma.

Gumersindo no daba crédito a lo que acababa de escuchar, miró al marido que parecía alegrarse  con el comentario de su señora que no tuvo que repetir la propuesta pues cogió al pasmado joven y lo arrastró hasta el dormitorio, ya allí los dos se desvistieron, la mujer agarró la polla aun flácida y comenzó a pajearla mientras Gumersindo miraba como el marido tomaba asiento en el sillón donde dos días antes la madre había asistido al espectáculo de la enculada de su propia hija. Comenzaba a tenerla dura cuando sintió que la mujer se la tragaba sin miramiento alguno, la lengua de ella recorría el pene una vez tras otra y se entretenía en chupar el glande mientras con las manos manoseaba los huevos.

Fue ella la que dio por terminado los preliminares, se tumbó en la cama y alzó las piernas apoyándolas en el pecho del hombre que estaba erguido, una suave caricia le sirvió para saber que ella estaba ya mojada, no se lo pensó dos veces y le metió el ariete hasta donde a ella le cabía haciendo que gritara de dolor pero un instante las quejas eran alaridos y gemidos de placer, Gumersindo  miraba alternativamente el rostro de la mujer que mostraba el disfrute que estaba sintiendo y al marido que ya se pajeaba sin perder detalle de que ocurría ante él. Cada embestida era contestada con alaridos y exclamaciones exigiendo que no parara de moverse, el sudor de las piernas en volandas de la mujer empapaba el tórax haciendo que Gumersindo las sujetara con fiereza, la madura daba signos inminente de estar a las puertas de llegar al orgasmo que se confirmó cuando comenzó a temblar de forma descontrolada mientras gritaba que la siguiera follando, el joven seguía sin dar síntomas de estar a punto de correrse y se deshizo del coño de la mujer mientras clavaba la mirada en los ojos del marido que continuaba mirando absorto hacía ellos, la esposa no tardó en colocarse en posición de ser enculada, Gumersindo la embistió con rabia y ella reaccionó dando un fuerte grito, el bombeo dentro del coño casi rozaba la violencia, la mujer no dejaba de gemir y suspirar de gusto, el esfuerzo continuo de Gumersindo comenzaba a causar estragos en él y era evidente que ahora si estaba a punto de correrse, miró un instante al marido que ya no se la meneaba, la mujer estaba disfrutando de orgasmos continuos a la vista de sus jadeos y gritos descontrolados, Gumersindo  avisó de que se corría y lo hizo quedándose totalmente quieto mientras se aliviaba soltando ingentes chorros de leche en las entrañas de la mujer, los dos dejaron de moverse, él disfrutaba aliviándose  y ella se sentía complacida al notar como la inundaban  de leche caliente, el marido observaba hipnotizado y su rostro reflejaba asombro y admiración por la función que acababa de presenciar.

Una vez recuperados del esfuerzo Ingrid se dirigió a su marido que continuaba sin reaccionar, le cogió la mano y la llevó a su coño, después la puso en la boca de él e hizo que la lamiera, cosa que hizo apasionadamente, la madura y el joven fueron juntos a la ducha, mientras el agua resbalaba por su piel no faltaron arrumacos y risas. Antes de regresar a la caravana la madura belga le dio la mejor noticia de la tarde cuando dijo que a partir de aquel día le subía el jornal con la condición de que siguiera follándosela a ella y a su hija. El marido, allí presente, no puso objeción alguna y Gumersindo pensó que aquella era una familia rara, rara, rara.

Esta es la historia que escuche más de una vez, evidentemente he añadido detalles de mí invención pero la línea argumental se aproximadamente el relato de lo sucedido.


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