|
Creo que lo amé desde que me levantó en sus brazos para calmarme el llanto, cuando ni papá ni mamá podían hacer algo para que dejara de llorar, tal vez por alguna clase de dolor o sólo por capricho. Tío Bence no hizo más que levantarme del piso alfombrado, donde despanzurraba mis chiches infantiles, para que olvidara dolores, angustias, antojos, convencida de que acababa de conocer al dueño de todo mi tiempo y mi destino. |