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Uno de ellos se colocó encima de mí, pude sentir su peso y me obligaba a separar más las piernas, sintiendo en mi vagina la proximidad de su sexo, estaba húmedo y se sentía caliente. Sin mirarme a los ojos, me dijo –te vamos a follar niña, te la vamos a meter hasta adentro porque eres una pequeña putita caliente- eso me puso casi al máximo de la excitación, y mientras trataba de cerrar las piernas repetía y repetía -no me viole señor, por favor, no me meta su pene por favor |