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No dejaba de dar vueltas en la revuelta cama. No había forma, por lo visto aquella noche no iba a poder dormir. ¡Las tres y media! -dijo mirando el reloj de la mesilla de noche. Intranquila y preocupada, Carmen se levantó de la cama y buscó afanosamente las zapatillas para calzarse con celeridad. |