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Desde la perspectiva que le daba su altura y con el escote que llevaba, sus senos aparecían suaves, turgentes y apetitosos y no pudo evitar imaginarse con la polla moviéndose arriba y abajo arropada por esas exuberantes ubres. Sintió una sacudida en la entrepierna, que se vio azuzada por el cuerpo de Gloria moviéndose al ritmo de la música contra el suyo.
¡Uf! ¡Qué calentón le estaba subiendo!. Para contrarrestar el efecto de la visión, empezó a imaginar como pasaría la noche con Susana, como le comería el coño, en la mamada que seguro que ella le iba a dar y en como iban a follar toda la noche. Incluso, en que si la ponía suficientemente cachonda, podría sodomizarla, mientras la masturbaba, metiéndole en la vagina la mano con los cinco dedos apiñados. En sus oídos sonaba la voz de Susana pidiéndole más y más. |