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Miró de cerca la enorme cabeza del glande admirando la tersura reflejante de la piel tan diferente al resto del cuerpo, parecía brillar por si sola, recorrió la dura barra de arriba abajo, palpando y acariciando con los dedos el trayecto que dibujaban sobre el tronco las resaltadas venas que latían con fuerza llenando con su sangre todo el orgulloso pene. |