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Después de someter largamente por el culo a las dos sumisas y de gozar de sus lenguas en su concha, la señora descansaba con las piernas apoyadas en la espalda de Laura mientras Claudia le lamía los pies. Recordó el permiso que les había dado para tener una noche juntas como premio a Claudia y le preguntó:
-¿Y perra? ¿Lo pasaste bien con ésta la otra noche?
-Sí, señora. Vuelvo a darle las gracias por el premio que me concedió. –dijo la joven y siguió lamiendo los pies de su dueña. |