|
¡Qué hermoso me pareciste cuando llegaste al pueblo y bajaste de aquel gran tren eléctrico que nunca paraba en la estación! ¡Y en olor de multitud! Alto, fastuoso en tu traje gris de corte elegante, camisa de seda blanca y corbata azul eléctrico.
Recuerdo, como si fuera hoy mismo, la primera vez que posaste tus ojos sobre mí. Yo salía del Ayuntamiento después de una jornada de trabajo y tú del Casino. Creí derretirme como un helado al Sol bajo tu poderosa mirada azul y que moría de felicidad. |