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En mitad de la cocina estaba el cuenco de los que se usan para dar de comer a los perros en el que, escrito con pintura blanca, se leía la palabra “puta”. No contenía agua ni comida alguna, solo semen. Cuajarones de semen procedentes de incontables corridas formaban una sopa densa y viscosa en el cuenco. Arrastrándose a cuatro patas, completamente desnuda excepto por un collar para perros en el cuello, Esther se acercó al cuenco para beber. |