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Está tan junto a mí que sus silabeantes palabras resuenan como un latigazo en mi cerebro, y como los Dioses dan una sola oportunidad pues que me lanzo y sin esperar ni un instante le meto la mano por debajo de la camiseta y me encuentro con dos tetas calentitas y más que morbosotas, la camarera no lleva sujetador y un pequeño gemido escapa de su garganta al sentir mis caricias, tiene los pezones hinchados de deseo y la polla se me pone tiesa de golpe tan solo al tocarlos. |