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Vivía para él. Follaba cuando él quería, me dejaba dar por culo cuando a él se le ocurría hacerlo. Se corría en mi cara las veces que le daba en gana. Me insultaba, llamándome de todo y, cuando se calentaba en exceso, no dejaba de escupirme. Era un cerdo en la cama. Bueno, un cerdo en la cama y fuera de ella. |