|
Sus gemidos que habían iniciado con ligera suavidad, conforme pasaban los minutos el vaivén de la oenetraciòn, se fueron intensificando… Arrancándole expresiones que enardecían mis sentidos.
Martha Irene no soportò más el incontenible placer que le inundaba y lanzò un desgarrador ¡¡Ah… ah… ah…!!, cuando sus espasmos se confundieron con el arqueo de mi cuerpo y la embestida total para llegar juntos al clímax del deseo y el placer. |