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“Olvídalo, todavía es muy pequeño para ti”, reflexionó mi conciencia.
Me provocó levantarme e ir a tomarlo por las nalgas, bajarle suavemente ese mono azul oscuro y darle, allí mismo, en la cocina, una buena empalada.
“Epa, cuidado, ese carajito no debe tener ni pelos, además es tu primo”, volvió a hablar mi conciencia. |