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La puerta de la calle... estaba abierta.
Niña Lucía se quedó petrificada. Allí estaba ella, vestida única y exclusivamente con una camiseta que moría poco antes del final de sus nalgas. Tragó saliva. ¿Cómo podía estar la puerta abierta? La respiración se le aceleró, convirtiendo en un fuerte vaivén su torso de pechos niños, la piel se le puso de gallina y el miedo se mudó a vivir en su corazoncito. |