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Lunes. Suena el despertador. Ese sonidito insistente y desesperante que hacen los despertadores digitales. Aún somnoliento lo apago de un manotazo. Son las seis y media de la mañana y me desperezo poco a poco. Volteo a ver al que duerme a mi lado. Mi pareja. El amor de mi vida. El todavía puede descansar un poco más. No quiero despertarlo, así que me levanto despacio y me dispongo al ritual de la mañana. Un hermoso sol de verano ilumina todo con calidez. |