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Germán cogió a Clarita por la cintura y la puso al borde de la cama, en cuatro, como perrito. Le corrió la tanga hacia un lado y le hundió la verga en su chocha de una estocada. Yo me coloqué debajo de ella, en 69, y empezamos a mamarnos las dos. Ese día descubrí que pocas sensaciones son tan placenteras como mamar simultáneamente una verga y un clítoris mientras aquel entra y sale con fuerza de una cuca dilatada y dispuesta. |