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Se veía hermosa, tragando esa vergota, que seguramente le estaba llegando hasta la garganta. Su cara normalmente blanca, estaba roja. Se la sacó un momento y lamiendo la cabezota me dijo: “Esta deliciosa, nena”. Y mirando a Germán le dijo, acentuando las palabras: “Y me cabe toda”. De nuevo se la introdujo en la boca, comenzando a chupar con más ganas que antes. |