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Cristina Salazar Romero abrió la puerta de la calle de su casa. Ante ella apareció un hombre mayor, bastante alto, delgado y muy elegante. Le calculó, a primera vista, unos cincuenta años. Le impactó su presencia, el aspecto varonil, el donaire de hombre de mundo, activo y desenvuelto. Se quedó mirándolo y esperó que se presentara. |