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Acababa de bajar del avión 787 procedente de Canarias. Sólo iba a pasar cinco días con los compañeros de la célula 11. De pronto alguien tropezó conmigo, era una joven más alta que yo que llevaba gafas oscuras de cristales al aire, moderna. Fijó sus ojos en mí con indiferencia, no me había visto y observé que iba colgada a un móvil, gesticulando frenéticamente con su mano derecha de uñas largas cuadradas, lacadas al natural.
-Perdón, señor, no me di cuenta… |