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Tomó asiento en el sillón de cuero, subió las piernas estrechando las rodillas contra el pecho. En una mano sostenía la copa cristal rebosante de semen, todavía caliente. Apartó un largo mechón de cabello que le caía sobre el rostro, pasándoselo tras la oreja. Bebió despacio el contenido de la copa, los sabores en su boca se juntaban haciéndola sentir de maravilla, alcohol, sudor, sangre, semen. Mientras gozaba relamiendo el exótico cóctel contemplaba el cadáver, que colgaba frente a ella de las cadenas que pendían del techo |