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Cuando mis dedos muy delicados y muy blancos, tocaron su piel sentí un salto en el pecho, mi corazón latía muy acelerado, y aunque aquello me parecía algo grosero y sin forma, no el rollito, sino la situación, me excitaba mucho. Le acaricie la panza muy suavemente, algo temblorosa, con la vista fija en su ombligo, la escuche susurrarme, ¿te gusta?, y quise decir que si, pero no pude, la excitación me había robado la voz, así que asentí con la cabeza. |