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Él y yo sentíamos el calor bullendo en nuestros sexos y algo más por la fricción de las silletas que se incrustaban en sendos traseros introduciendo las calzas en los anos y las rajas... Sin permiso, sin ensoñación, sin lujuria ni erotismo, se abrió el pantalón y su sexo excitado saltó como una saeta exhibiendo impúdicamente sus 18 y más centímetros. |