|
La noche anterior había estado pajeando con los pies, por debajo de la mesa, a Cacho, un buen amigo de mi novio Ramón, sin que este se avivara. Así que al día siguiente quedamos en que pasaría por casa, pues yo estaría toda la tarde solita... Pero la mujer propone y el buen Dios hizo que un enorme senegalés golpeara a mi puerta, buscando firmas para no se qué. Al verle el bulto sentí que estaba dispuesta a firmarle cualquier cosa... |