|
. Aquel incendio fue planificado, fue preparado con alguna mano maquiavélica, y de inmediato Leonardo supo que Rebeca estaba en un grave peligro. Corrió como si su vida dependiera de ello, saltando en el jeep, partió chillando sus neumáticos en una veloz carrera. “Señor no permitas que pase por segunda vez, por favor Dios permíteme llegar a tiempo. Que tonto fui, como no lo sospeche.” Turbios pensamientos atormentaban a Leonardo, quien sintiendo un gran dolor en su pecho, recordó una vez más la trágica muerte de su esposa Susana. “Señor si me distes esta segunda oportunidad para amar, por favor no me la arrebates.” – oraba, mientras iba lo más velozmente que aquel todo camino le permitía, en una carrera desenfrenada. |