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Ella no pudo reprimir un grito de terror, “Ahhhhhhhhh” – de inmediato aquel par de brazos la levantaron como si fuera un saco de papas, y se la echaron sobre su hombro. Ella jadeaba sorprendida, luchando a ciegas pues no sabía quien la llevaba escaleras arriba. Pateaba sin cesar, intentando vanamente de que la soltara, de escapar de alguna manera de aquel individuo fuera quien fuera. “Auxiliooooooooo, Leonardo, ayúdame, auxiliooooo”--gritaba con desesperación Rebeca. |