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Leonardo ya no pudo mantenerse quieto, sentía la sangre corriendo por sus venas… Sus labios se apoderaron de los de ella, sus brazos la rodearon acercándola tanto a sí, que parecían ser uno solo. Ella también lo abrazo, sus manos sintieron su ancha espalda, la espalda de un hombre fuerte, y trabajador. Las manos de Leonardo enredadas en su cabellera, acercaban su boca más a la de él. Aquello era increíble, ella no entendía, solo sentía y aquello que vivía junto a Leonardo era hermoso, era delicioso, era el cielo. |