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Ariadna se despidió de ellos y nos alejamos caminando hasta la parada de metro más cercana. Ni siquiera me despedí de Dani, no tenía ganas de volver a mirarle a la cara, ni siquiera de hablar con él. Su sola presencia despertaba la peor de mis partes. Mi cuelgue se había convertido en aborrecimiento. Del amor al odio, un paso. |