Sí, la chica solitaria era Zaira, esa espinita clavada entre mis piernas tan difícil de olvidar. Ni siquiera una bientintencionada mamada de Carlitos podía superar en interés a la posibilidad de rememorar aquellos minutos en que jugué al Armario con ...
Ningún calentón del mundo debería quedar sin concluir. Gonzalo y su tía Laura nos habían puesto el anzuelo, y ahora dependía de Valero y de mí la finalidad que le quisiéramos dar a nuestra excitación.