Sentí su mirada bajar lentamente desde mis ojos hasta posarse fijamente en mis pechos. Comenzó a desabrocharme la blusa. Intenté resistirme, pero me respondió con una palmada en la cola: Vamos, quietita que las cosas se te pueden poner muy feas..., a...
Un alumno mexicano llegó a hacer unas prácticas en mi empresa y yo era la encargada de enseñarle e instruirle, pero acabé siendo su alumna en otros menesteres.