La chica comenzó a gemir. Su respiración estaba incontrolada. No era sólo el placer. Era algo más. Algo que podía superarlo. Morbo. El morbo de lo prohibido. Sexo anal, acto contra natura, propio de putas, y no de señoritas...
En ocasiones el destino nos pasa malas jugadas. O buenas, todo depende de cómo se mire. Esa noche no supe ver la diferencia, hasta que ellas me la explicaron en la práctica, y no me arrepentí de ser su puta.
Un hombre casado aprovecha la ausencia de su mujer para saciar su sed de sexo y montarse un trío desenfrenado con dos lascivas transexuales mulatas que le darán mucho más de lo que podía esperar.
Cada noche me masturbaba fantaseando con aquellos travestis, hasta que una noche la realidad superó mi fantasía, porque hasta fui desvirgado por aquellas lindas "chicas".