Las tetas, cubiertas con un corpiñito naranja, si que eran una extraordinaria obra de la ciencia. El ombliguito al aire pedía besos y lenguas. Vestía una minifalda de cuero negro cortisima. No usaba medias y las piernas, preciosas, parecían tan suave...
Cuando caminaba hacia mi casa como de costumbre vi un perrito, que parecía que estaba perdido, se notaba que tenia hambre y se sentía algo asustado, como a mi me gustan los animales me dio mucha pena verlo ahí, así que saque de mi bolso unas galletas...
La comencé a tratar como trataba a las demás putas con las que había estado. Pasé mi mano por su cintura y ella entonces se rió un poco. Llegó el mesero con su anís y yo le pedí una cerveza.
Las andanzas con mi primo en los colectivos de Buenos Aires, nos llevaron a gozar de una chica universitaria, que nos deparó las mejores pajas adolescentes por muchos años.
Cada noche me masturbaba fantaseando con aquellos travestis, hasta que una noche la realidad superó mi fantasía, porque hasta fui desvirgado por aquellas lindas "chicas".