Diez veces lo diría y diez veces seria malinterpretado. Diez veces subiría por tus tersos muslos de color miel en busca de tu roja boca y diez veces me perdería en la jungla de tu sexo.
Ella me esperaba en el suelo de la habitación, tal y como había dicho. Me esperaba en la penumbra, completamente desnuda y con las piernas entreabiertas. La observé. Era la mujer más hermosa que había visto nunca y que posiblemente vería nunca.
Me puse mi mejor traje, mi mejor corbata, mi mejor camisa, mis mejores zapatos y cogí un avión que me iba a llevar hasta Madrid. No soy persona de hacer locuras pero en ocasiones algo desconocido me lleva a ser irreflexivo.