No podía creerlo. No. Aunque tampoco me cuestioné demasiado en ese momento. Silvia estaba a mi lado, sin decir nada. Ambos parecíamos estar saliendo de un extraño trance. Mi polla estaba fuera, flácida, húmeda. No sabía qué decir, ni siquiera si era ...
Lo que empezó cómo la frustración de quedarnos sin vacaciones, terminó en que fueron las mejores de nuestra vida. Claro que mi hermana y yo no lo imaginábamos al comienzo.