La protagonista nos narra su primera experiencia zoofílica,
que le ocurrió en su despertar sexual.
Lo que les voy a contar es un echo real, que me ocurrió cuando contaba con 13
años.
Por aquel entonces, vivía junto a mis padres en una casa del
gran Buenos Aires. Mis padres se dedicaban a las tareas propias del campo y yo
en los ratos libres de mis actividades escolares, les ayudaba en mínima parte.
En aquel entonces me encontraba cursando el último grado de
la primaria y concurría a un colegio que distaba tres kilómetros de mi casa,
distancia que cubría a diario a caballo, para lo cual, disponía de una yegua.
El día anterior al hecho, mi padre le había dicho a mi madre
que mi yegua debía quedarse en casa el día siguiente, pero llegado ese día, a
las siete de la mañana, yo ensille mi yegua y me fuí para el colegio como todos
los días, desconociendo el porqué de lo manifestado por mi padre.
Cuando iba atavesando los campos, noté algo raro en mi yegua, ya que ésta quería
ir contra los alambrados de los campos vecino, cosa que nunca hacía, pero no le
dí gran importancia.
Debo hacer notar que siempre me acompañaba al colegio un
perro marca perro, tipo o mezcla con doberman. Llegué al colegio y terminada la
hora de clase, volví a mi yegua a los fines de retornar a mi casa, en momentos
que se desencadena una fuerte tormenta, cuando esto ocurría, siempre me quedaba
en el colegio esperando que amainara la misma, por tanto mis padres también
sabían que esto era así, pero al ver a mi yegua muy briosa, pensando que la
tormenta no iba a ser muy fuerte, preferí montar en ella y retornar a casa.
Durante el viaje comenzó a llover en forma copiosa, pero
igual continué mi viaje, hasta que llegado al campo del que llamabamos Don
Ernesto, aparece un padrillo al costado del alambrado de tres hilos que lo
separaban de la callejuela por la que yo iba, a lo que la yegua se volvió loca
al igual que el padrillo, el cual de un salto, atravesó la alambrada y se vino
encima de mi yegua.
Yo para esto debo decirles que no tenía ni idea de lo que era
el sexo, sabía lo mínimo para mi edad, pero desconocía del período de celos de
los animales, ya que ese trabajo lo hacía papá solo, la custión fue que la yegua
entró a levantarse de manos de tal forma que me tiró de la montura, quedando yo
en el suelo, con mi pollerita subida hasta la sintura, cubierta solamente por el
calzón que tenía puesto, quedando media mareada del golpe recibido.
Cuando me comienzo a despabilar, veo desde el suelo que el
caballo intenta subirse sobre mi yegua, ambos estaban a tan solo 3 ó 4 metros de
mí, y me sorprendí enormemente al ver el garrote que colgaba del padrillo, que
no cesaba en acosar a la yegua. Por su parte, ésta, en principio rellinchaba y
tiraba coces para alejar al caballo, sin lograrlo.
Yo seguí presenciando esto en la posición en que había
quedado, y mi perro estaba a mi lado; de pronto veo que los caballos comienzan a
acariciarse con los hocicos en plena armonía, como que ambos disfrutaban de
ello, y en los giros que ellos daban, pude apreciar que el garrote del caballo
se hacía cada vez más grande y se notaba cada vez más duro, y que la cucha de la
yegua, se abría y cerraba como respirando y se veía cada vez más mojada. Yo
comence a sentir una extraña sensación entre mis piernas, lo que hizo que me
comenzara a acariciar mi conchita virgen, en la cual los abundantes pelos que
tenía ya apesar de mi corta edad, los encontraba pegoteados, producto de los
líquidos que emanaban de mi conchita, el perro, por su parte, me comenzó a dar
lengüetazos, primero en mi cara, luego, por mis brazos, y cuando yo comence a
toqueterme, comencé a sentirlos en mis muslos.
Los caballos seguían en sus caricias cada vez más violentas,
hasta que en un momento dado, el potrillo se sube sobre mi yegua y veo que
apunta esa terrible barra de carne a la concha de mi yegua, pero sin lograr aún
meterlo, haciendo los movimientos, que luego supe, clásicos, esto me producía
una mayor sensación, ya totalmente agradable, entre mis piernas, acariciandomé
en forma totalmente descarada, sintiendo toda la humedad que de mi conchita
fluía, cuando de repente siento que la lengua de mi perro se estaciona justo en
el lugar que yo tenía mi mano, esto me asusto un tanto, al extremo que retiré
rapidamente mi mano, sin saber porque, y el resultado fue maravilloso, comencé a
sentir la lengua del perro por sobre mi bombacha en mi cosita, y esto me llevó a
un estado totalmente descontrolado que hizo que en forma automática, sin
pensarlo, me sacase mi bombacha, a lo que el perro comenzo gozoso a lamer
totalmente mi rayita, llevandome a un estado total de placer.
A todo esto, dejo que el perro siga lamiéndome, y miro a los
caballos, los que ya a esta altura, el caballo continuaba con intentos de
montase sobre la yegua, hasta que en un momento dado, veo que el trozo de carne
del caballo roza la concha de la yegua, esta retrocede a los efectos de ayudar
la penetración, y esto provoca un nuevo yerre del padrillo, quien vuelve a
intentarlo y veo que esta vez si logra su cometido, la barra de carne comienza,
suavemente a deslizarse dentro de mi yegua, la cual lo recibe gustosa.
Cuando esto ocurre, siento que el perro a dejado de lamerme
tan bien como venía haciéndolo, y noto que sus patas delanteras se encuentran
tomándome de la cintura -recuerden que yo me encontraba en el piso boca abajo- y
en ese momento presentí que el perro quería hacer con migo lo mismo que el
padrillo con la yegua, pero no llegaba dada mi postura, por lo que levanté
suavemente mi cola, y esto favoreció para que sintiera algo duro rozando mi
rayita, lo que me provocó mayor exitación, moviéndome nuevamente de manera tal
que luego sentí que eso duro estaba en la puerta de mi concha, pero esto duró
muy poco tiempo ya que de un golpe, el perro me enterró toda su herramienta
hasta el fondo.
Pegué un grito de dolor, ya que me había desvirgado, pero
luego de ese dolor, sobrevino en forma abrupta el placer, y que placer, ver a mi
yegua penetrada por semejante herramienta y yo sentir un pedazo dentro mio por
primera vez.
Creo que en ese momento me llegó mi primer orgasmo, pero
luego si se que llegaron otros, hasta que veo que el padrillo retira ya su
herramienta de adentro de mi yegua, chorreando, y al momento noto que el perro
intenta penetrarme más a fondo, lo que logra, provocandome un nuevo dolor, el
que luego se transformó en un inmenso placer, que me hizo desvanecer, me sentí
desmayar y me deje ir. A la hora me desperté por los lamidos de mi perro, quien
intentaba repetir la operación, pero eso es cosa de otra historia.