Cuando llegamos a casa me duché y le pedí a Mario que me
dejara beber un batido de esos vitaminados, estaba muerta de hambre, me dijo que
no, que me tomara un infusión y que no me preocupara, que pasaría hambre el
primer mes, que con el tiempo mi estómago se haría más pequeño y que me
acostumbraría a comer como me había marcado.
Me fumé un cigarro y me tomé una manzanilla (así me quité el
hambre las primeras semanas, fumando más y tomando infusiones). Luego me metí en
la cama con Mario. Por fin había conseguido mi sueño de dormir a su lado.
En los días siguientes me vi todos los vídeos y fotos de la
famosa chica Wonderbra, y me convertí en una copia de ella, tanto de aspecto
como en mi forma de moverme, de hablar, de fumar, etc. Me costó porque ella era
Eslovaca e imitar su forma de reír, siendo española era difícil.
A la criada Tailandesa, la trataba como a una esclava, y
cuando Mario estaba delante no tenía compasión con ella. Yo en la casa no hacía
nada, lo hacía todo ella, e incluso la obligaba a bañarme y vestirme, por no
hacer hasta le dejaba mis tampax en el suelo del baño para que los tirara ella a
la basura. Además la obligaba a lavar a mano toda mi ropa interior, braguitas,
sostenes, bodys, combinaciones, etc.
Nunca la llamaba por su nombre que sustituí por el de inútil.
La hacía ir vestida siempre con una combinación negra transparente y bragas
negras sin sostén, la pobre se moría de vergüenza, cada vez que tenía que abrir
la puerta a alguien, y claro los chicos del Hiper se mataban por llevarnos las
compras a casa.
Mario me estaba convirtiendo en una mujer vacía, simple y
vaga, que lo único que tenía que hacer era dar placer a su hombre, ir de compras
y pasarlo bien. Me acostumbré a gastar dinero como nunca y a no hacer nada en
todo el día, mas que tomar el sol en la piscina toda la mañana, dormir la
siesta, e irme al club a hacer aeróbic por la tarde.
Salía poco por las noches, sólo con Mario y generalmente los
fines de semana, entre semana se iba con sus amigos por ahí.
En este primer mes con Mario, me di cuenta que le gustaba
beber. Se iba pronto por las mañanas a la clínica, y no volvía nunca antes de
las 12, pasado de copas. Se ponía violento y en más de una ocasión me pegó.
Cuando venía bebido yo generalmente me limitaba a mamársela lo mejor que podía
antes de que se durmiera.
Sólo llegaba más o menos sobrio si quería follar en serio, o
quería montar algún numerito en público como el del cine.
Además en estos primeros días, me enseñó una variante al
mamársela, que consistía en que me ponía la boca sobre su polla, y me empujaba
la cabeza fuerte hacia abajo, su polla de 20 cm me llegaba hasta la faringe,
mientras mi nariz se pegaba a su pelo púbico. Presionaba la cabeza a lo mejor
durante 30 segundos para que no pudiera moverme. Esta práctica cuando cogí
experiencia la hacía de improviso mientras se la mamaba.
El muy cabrón me dijo que además de para parecer más delgada,
me había hecho quitar las últimas 8 muelas, para que pudiera hacerle eso sin
hacerle daño.
Un viernes me dijo que esa noche vendría con otros dos
médicos amigos de él, para follarme entre los tres, pero que le daba morbo que
ellos pensaran que me lo estaban haciendo por la fuerza, así que quería que yo
ofreciera una resistencia tan fuerte como si me estuviera defendiendo de una
violación, por lo que me autorizó a defenderme con todas mis fuerzas incluso
arañándoles y pegándoles a los tres. Además quería que gritara todo lo que
pudiera (nadie me oiría por lo grande que es la finca).
Me comentó que llegarían a eso de las 3 de la mañana después
de cenar y tomar copas en una barra americana, para que vinieran bien burros. Me
dijo que yo les esperara en la cama como si estuviera durmiendo, vestida sólo
con un camisón transparente negro y unas bragas negras debajo.
Yo cada vez me quedaba más sorprendida con la imaginación de
Mario para ponerme en situaciones cada vez más morbosas. Ahora iba a vivir lo
más parecido a una violación por parte de tres hombres.
No me quería maquillada y con el pelo recogido en una coleta
sencilla, para no tener pinta de puta y parecer una chica decente. Me dijo
además que a la criada esa noche la mandara a dormir a un hotel, porque no
quería testigos de lo que pudiera ocurrir.
A eso de las 9 de la tarde Mario llevo a Taí a un hotel y se
fue a cenar con los dos médicos, yo me quedé en casa viendo la tele. A las 11 me
duché, me peiné como quería, me quité el piercing del ombligo y la pintura de
las uñas, y por supuesto nada de maquillaje.
Tenía miedo, nunca había estado con tres hombres a la vez y
escenificar como quería Mario una violación, implicaría que me pondrían la mano
encima seguro. Me esnifé varias rayas de coca, para darme ánimos y perder el
miedo, porque desde luego Mario no se andaría con bromas.
A la 1 me tumbé en la cama e intenté dormir algo hasta que
vinieran, pero no podía. Aunque en una ocasión estuve con dos negros enormes y
Ana a la vez, esto era distinto, porque simular un violación, implicaba que al
resistirme con todas mis fuerzas me harían daño, y para conseguir follarme me
tendrían que pegar, y eso me daba pánico.
A las 3:30 escuché un par de coches que llegaban y el cerrar
de la puerta, me esnifé rápido otras dos rayas y me quedé en la cama haciéndome
la dormida. Les escuché hablar, estaban bastante bebidos y Mario les decía que
se iban a quitar ahora el calentón de la barra americana con su compañera.
Entraron en la habitación y yo haciéndome la extrañada le
pregunté con los ojos cerrados qué qué hacía cuando encendió la luz de repente,
y con los otros dos tipos delante, levantó la sábana que me cubría y me dejó a
su vista mientras contemplaban mi cuerpo sólo tapado por el camisón transparente
y las bragas.
Yo intenté taparme y les grité que estaban borrachos y que se
fueran. Los dos amigos eran dos tipos de unos cuarenta y tantos, con barriga
cervecera y muy grandes. No bajaban de 1:90 y pasarían por lo menos 100 Kg, pero
sin músculo todo grasa.
Entonces Mario se abalanzó sobre mí, me rompió el camisón y
me dejó en bragas, yo le propiné un bofetón llamándole cabrón y el me respondió
con una hostia con la mano cerrada, me quedé conmocionada sobre la cama.
Me quitó las bragas y les dijo a los otros que podían hacer
conmigo lo que quisieran. Uno comentó, tío tiene un tatuaje encima el coño y lo
lleva depilado. Mario dijo que era porque el me lo había pedido. Mientras tanto
el otro decía, joder está buenísima y menudas tetas tiene es impresionante.
Yo me recuperé y como una loca les empecé a llamar cabrones y
a decirles que no me tocarían. Uno dijo que no quería que le acusaran de
violación que estaba casado y Mario le respondió que por la cuenta que me traía
no hablaría.
Empezaron a bajarse los pantalones, y pude ver que ya estaban
empalmados. Cuando se acercaron a mí empece a forcejear a intentar arañarlos y a
darles patadas, la coca me dio la valentía necesaria para actuar así, porque con
tres tíos borrachos y salidos perdidos tenía todas las de perder. Estaban
cachondos a tope y aquello no había quien lo parara.
Uno de ellos me dio otro bofetón y Mario me dijo que le
mamara la polla. Me negué diciéndole que no era una puta y sujetándome la cabeza
agarrándome de la coleta me propinó otra hostia que me rompió un labio por
dentro.
Entonces me abrió la boca y me la metió. Para que sus amigos
no pensaran que era una experta mamadora, era él quien metía y sacaba su polla,
adoptando yo una actitud pasiva de dejarme hacer, mientras decía que como le
mordiera me mataría a golpes.
Mientras uno me sujetaba por la espalda, el otro por detrás
me la metió por el coño. Yo no estaba mojada, por el nerviosismo y por los
golpes. Movía el trasero como queriendo impedir que me penetrara y Mario le dijo
que se quitara el cinturón y que me sacudiera en el trasero.
Cogió un cinturón de cuero y empezó a azotarme con fuerza,
hasta ese momento nunca me habían azotado, y dolía horrores, entre otras cosas
porque también lo hacía en la espalda.
Cuando se le cansó el brazo me la volvió a meter embistiendo
como un animal, y como yo me resistía me hacía mucho daño en la vagina. Mientras
tanto Mario, no pudo contenerse y se corrió en mi boca. Yo intenté escupir su
leche y me dijo que me la tragara toda mientras me daba otro bofetón.
Entonces el que faltaba ocupó el lugar de Mario en mi boca,
que empezó a follarla salvajemente. Aunque yo la habría todo lo que podía me
ahogaba por la brutalidad con que lo hacía.
El que se corrió a continuación fue el que me la metía por el
coño, ocupando su lugar Mario por el culo metiéndomela de golpe. Yo grite con
todas mis fuerzas llamándoles Hijos de Puta, a lo que el que ahora estaba libre
correspondió con otra somanta de correazos, coincidiendo con la corrida del que
me follaba la boca. El tío estaba tan caliente que me atraganté con tanta leche.
La verdad es que me estaban moliendo a golpes, y no paraban
de insultarme, llamándome zorra, puta, guarra, y lo que les daba la gana. Yo
lloraba por el dolor que era insoportable.
Cuando todos se habían corrido ya en boca, coño o culo, me
hicieron mamársela para recuperarles, y Mario dijo que no iban a tener otra
oportunidad como esa para hacer una triple penetración a una tía tan buena, así
que se sortearon a los chinos que agujero les tocaba.
Yo les rogaba que eso no, que haría lo que quisieran pero que
eso no, mientras lloraba como una niña asustada por la impotencia y por lo que
iban a hacerme aquellos bestias.
Intenté resistirme de nuevo pero cuando Mario me iba a
sacudir otra hostia, le grité que vale que no me pegaran mas, que lo haría,
entonces el respondió que por fin iba comprendiendo de que iba esto.
Uno de ellos se tumbó en la cama y Mario sujetándome desde
arriba me dejo caer sobre su polla de golpe. A continuación el otro me la metió
por la boca, y por último Mario lo hizo por el culo, mientras yo abría las
piernas para dejarle sitio.
Los tres empezaron a bombear a lo bestia, la polla que tenía
en el coño me empujaba para arriba, y Mario que estaba en el culo para abajo, y
el que estaba en la boca me agarraba la cabeza y empujaba como si le fuera la
vida en ello.
Yo en ese momento empecé a tener orgasmos en cadena, era como
un objeto programado para dar placer, y que lo recibía aunque a los tipos que me
lo daban les importaba una mierda.
Me daban mareos, nunca me había sentido tan llena por mis
tres agujeros a la vez, mientras me decían que después de todo iba a resultar
que era una buena puta.
Como tardaban en correrse, porque los tres ya lo habían hecho
antes, sobre la marcha decidieron turnarse, de tal forma que cada uno llegara a
estar en los tres agujeros mientras me follaban simultáneamente los tres.
Esto alargó la penetración triple hasta una media hora, que
se me hizo eterna, sobre todo por el esfuerzo que suponía tener la boca abierta
salvajemente tanto tiempo.
Finalmente se corrieron todos dentro de cada agujero, y para
terminar me obligaron a limpiarles las pollas con la boca. Ya no me resistí, era
como un autómata sin voluntad.
Cuando terminé los amigos de Mario se acojonaron por lo que
habían hecho, le dijeron a Mario que si les denunciaba tal y como tenía el
cuerpo les buscaría la ruina. Entonces Mario les dijo que no se preocuparan, que
sólo llevaba viviendo conmigo 20 días y que era una muerta de hambre, que seguro
que si me ofrecían dinero, no hablaría.
Entonces Mario me propuso que me darían un millón de pts.
cada uno si no hablaba, y que si lo hacía, que era difícil que me hicieran caso
teniendo en cuenta que eran 3 médicos respetables, que lo mejor era que aceptara
por mi bien. Yo acepté y les dije que no hablaría aunque eran unos Hijos de
Puta.
Salieron los 3 de la habitación, yo me quedé en la cama
tirada, rezumando semen por todos los sitios. Cuando Mario volvió a entrar en la
habitación, me acurruqué en la cama tapándome porque tenía miedo de que me
volviera a pegar.
Entonces me besó y me dijo que era la experiencia más morbosa
que había vivido en su vida. Me cogió en brazos y me metió en el jacuzzi del
baño de la habitación.
Me lavó y me curó las heridas de la cara y las señales de los
correazos en la espalda y el culo. Me hizo una exploración vaginal y anal y me
comentó que tenía múltiples desgarros, que me había resistido con todo el alma,
me besó otra vez y me dio las gracias.
Me mandó antibióticos para evitar infecciones y me curó
también mi sexo y ano con una pomada que me tendría que poner durante una semana
todos los días.
A eso de las 6 de la mañana nos dormimos profundamente, yo
estaba como si me hubiera violado un ejército, dolorida por todo el cuerpo, y en
el fondo también en el alma, porque aunque me había ganado 3 millones, ya era
difícil que pudiera caer más bajo como mujer. Me di cuenta quizás por primera
vez que el oficio de puta era realmente duro.
Continuará.
Se agradecen comentarios.
Autor: Corsarionegro
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