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Fecha: 13-Nov-12 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Abusada por mi primo

Irina Nain
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Tiempo estimado de lectura: [ 7 min. ]
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Cuento como mi primo se aprovechó de mi, mientras dormía. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Como los últimos años, fui a pasar Navidad a España. A una pequeña ciudad cerca de Madrid, donde tengo familia. Y me quedo con ellos por unos días. La fiesta en sí, fue más de lo mismo, comida, brindis, baile. Nada fuera de lo común. 

Eso de las tres de la madrugada, no me sentía muy bien. Si bien no había tomado mucho alcohol, me encontraba tomando unos calmantes fuerte, gracias a mi doble vida, que mezclados con el alcohol, me produjo unos mareos muy fuertes y sentía que los efectos de los calmantes se potenciaban con el alcohol. Salude a mis familiares que aun quedaban en la fiesta, y me retire a mi habitación. La cual era muy pequeña. Solo entraba una cama de una plaza, un placard y una pequeña mesa de luz. No tenia ventanas. La luz era algo deprimente, de color amarillo y de baja intensidad. Aunque solo la usaba para dormir era más que suficiente. 

Una vez en la habitación me saque las botas negras y me acosté vestida. Llevaba un jean negro bien ajustado al cuerpo, una remera blanca y un sweater y por debajo ropa interior blanca.

No sé cuánto tiempo había pasado, si me había dormido o que, seguía algo mareada para ese entonces. Escucho que se abre la puerta, y se cierra inmediatamente. Sentía la presencia de alguien dentro. En un principio pensé que era mi tía abuela, que pasaba para ver cómo me sentía. Pero no era ella. Sentí que alguien estaba al lado de mi cama y chisto. -Pshhh, pshh. Lo hizo dos veces. No respondí nada solo quería seguir durmiendo. A los segundos, siento que me tocan el brazo derecho por debajo del hombro con mucho cuidado. Me di cuenta que se estaban asegurando si estaba dormida.

Yo estaba acostada de costado sobre mi hombro izquierdo contra unos de los bordes de la cama. Sentí unos dedos que tocaban mi teta derecha, muy lentamente con las yemas de sus dedos, no sabía bien quién era, pensé en darme vuelta, pero decidí no hacer nada para ver hasta donde llegaba la situación. Luego como veía que yo no reaccionaba, su mano completa, empezó a acariciar mi teta derecha, ya con más confianza y apretando todo mi pecho. Sentía su respiración agitarse.

Saco su mano de mi teta, y me tomo delicadamente de mi hombro derecho y me lo empujo hasta dejarme en la cama acostada completamente sobre mis espalda, me acomodo las piernas, y me dejo en posición boca arriba.

Luego me levanto mi remera y sweater y me los subió hasta el cuello. Si no fuese que me hacia la dormida, ya me hubiese despertado hace mucho con lo torpe que eran con sus movimientos, pero la calentura le nublaba el buen juicio. Sin desabrocharme el corpiño, me lo bajo dejando mis tetas al descubierto. Su boca empezó a chuparme mi pecho izquierdo, mientras su mano izquierda acariciaba mi otra teta. Lo hacía muy bien, mis pezones se pusieron bien duros enseguida. Me encantaba como sus dedos apretaban mi pezón, mientras me chupaba mi otra teta, la situación me mojo un poco. A los minutos, deja de jugar con mis tetas, y escucho que se baja el pantalón. Siento que se acerca a mi cara, y apoyo la cabeza de su pija contra mis labios, lo hizo muy despacito, apenas rozando, frotaba su cabeza entre la unión de mis labios, yo sentía que me estaban lavando los dientes con una pija. Gemía muy fuerte, y sus gemidos lo delataron. Supe que era un primo lejano, Rafael. No sé cuántos años tiene, pero debe andar entre los 18 o 19 años, calculo. Es un chico muy tímido, casi no me hablaba, de contextura muy delgada, piel blanca, ojos marrones, pelo negro, que lo usa despeinado, y mide 1.70 aproximadamente. No podía creer que mi primo y sobre todo él se estuviese abusando de mi. Pero la verdad es que la situación me producía morbo y lo iba dejar que termine lo que había empezado.

Saco su pija de mis labios, y se arrodillo al costado de la cama y empezó a lamerme el abdomen, se centro especialmente en el ombligo le gustaba chupármelo. Podía sentir como se masturbaba mientras me lamia. Mientras seguía lamiéndome, su mano izquierda, empezó a masajear, mi abdomen por debajo del ombligo y sentía como bajaba de a poco, sus dedos se metieron por debajo de mi pantalón, pero estaba tan ajustado el jean, que apenas entraron las puntas de los dedos. Dejo lo que estaba haciendo, y me desabrocho el jean, le dio bastante trabajo, ya que lo usaba muy ajustado, me bajo el cierre y sus dedos bajaron por debajo de mi tanga, acariciando mis labios vaginales, me froto mis labios, acaricio mi clítoris con sus yemas, sus dedos pasaron por mi orificio, al principio solo acariciaban agujero por afuera, pero luego de unos minutos, sentí 2 dedos, que me penetraban, para ese entonces ya estaba bien mojada, empezó a penetrarme sin parar mi vagina con sus dedos y sentía como se pajeaba con su mano libre, al cabo de un par de minutos, lo sentí gemir muy fuerte y dejo de bombearme mi concha. Todo quedo en silencio por unos instantes. Se sentía un olor a semen muy fuerte, muy nauseabundo, pero era obvio, era un pendejo y se debería pajear todo el día. Se reincorporo, sentí como se subía el pantalón. Y comenzó a acomodarme la ropa, me subió el corpiño, me bajo el sweater y la remera y quiso abrocharme nuevamente el jean, pero no pudo y lo dejo así. Se fue dejándome sola con su olor a leche.

Apenas se fue me masturbe pensando en las cosas que me hizo Rafael y en las que no. Termine acabando con mi ropa puesta. Tal cual me dejo mi primo.

A la mañana siguiente, limpie el cuarto y lo perfume por el olor que había quedado de mi primito. Desayune con mis tíos, Rafael aun no se había levantado y salí con unos amigos, estuve prácticamente todo el día fuera. Llegue para la cena del 25 un poco tarde. Mi primo estaba ahí, si bien nunca tuvimos una relación fluida con él, las veces que me acerque esa noche, estaba más raro, cada vez que le hablaba se ponía colorado y no me miraba directamente a los ojos. La cena fue lo bastante aburrida, y solo pensaba en qué hacer con mi primo, si dejarlo ahí o ir a buscarlo esa noche. 

Finalmente me decidí en visitarlo por la madrugada bien tarde. 

Eran cerca de las 4.30 am, cuando fui a su cuarto. Lo único que llevaba puesto era una remera larga, blanca que apenas cubría mi cola. Entre a su habitación. Prendí la luz y Rafael se despertó. Cuando me vio se puso pálido, más de lo que era y tenía una cara de asustado. Creía que lo iba a encarar por lo que me había hecho la noche anterior, luego me confirmo que pensó que venía por eso. Me saque la remera y quede completamente desnuda y me acosté a su lado derecho de la cama, Rafael no entendía nada. Solo usaba un bóxer gris. Metí mi mano por debajo de su ropa interior, y empecé a masajear su miembro que aun estaba flácido. Lo miraba fijamente a él, pero él era tímido y cerraba los ojos. Ni siquiera se le puso tiesa que escuche un gemido más fuerte de los que venia haciendo y me acabo en la mano. Saque mi mano cubierta en su semen y me la limpie con mi boca, me la chupe como una muy buena puta. Primero lamí mi palma y luego dedo por dedo. Le saque el bóxer, y me puse en la posición 69. Primero le limpie todo el semen que tenia sobre su pija y piernas con mi lengua. Y finalmente me metí su pija flácida y apestosa en mi boca, llegue a meterme hasta sus dos huevos en mi boca, mientras aun la tenia flácida. En ningún momento me dio sexo oral o me toco, pero no esperaba otra cosa de un chico virgen y tan tímido.

Me llevo diez minutos lograr su pija bien tiesa, una vez parada vi su pija al máximo, tendría unos 20 cm aunque era bastante delgada en proporción al largo. Pero por lo menos pude sentirla bien adentro. Le di un buen oral, metiendo su pija hasta el fondo de mi garganta, hasta sentir mis labios tocar sus huevos y pelvis, no le dedique mucho al oral, solo para dejarlo al palo, quería sentir su pija dentro de mi concha y no sabía si después de acabarme en mi boca iba a poder darme otro polvo. No me arriesgue. Saque mi boca de su pija y me senté sobre su pelvis, dejando cada una de mis rodillas a sus costados, tome su pija con mi mano derecha y me la metí en mi vagina, que ya estaba húmeda. No lo monte muy fuerte, primero para que no me acabe rápido y segundo para que no escuchen mis tíos. Tuve que decirle que muerda las sabanas, porque no podía contener sus gemidos, sus ojos parecían que se le daban vueltas del placer, mientras lo cogía tome sus manos y las puse contra mis tetas para que me las apriete, comenzó hacerlo y ya sabía que no iba aguantar mucho mas, trate de regularme el ritmo en que lo montaba para regular su eyaculación. Tenía una rica pija, si bien no era gorda, la podía sentir bien dentro mío. Cerca de los 15 minutos de cogida, sabía que estaba por acabar, escuche un gemido brutal como si le hubiesen quebrado un brazo, que si no hubiese sido por la sabana que mordía habría despertado a los vecinos. Sentí una cantidad impresionante de semen dentro de mi vagina, pocas veces me acabaron tanta leche dentro mío, sentía como escurría entre mis paredes vaginales y su pija cayendo hacías sus piernas, huevos y finalmente terminaba contra las sabanas. La verdad era que yo estaba muy caliente, la situación me daba mucho morbo, y con la pija de mi primo adentro, empecé a masturbarme mi clítoris, hasta que acabe a los minutos. Tuve un gran orgasmo. Rafael estaba prácticamente muerto en la cama, todo sudoroso, no me decía nada, solo miraba. Con una de sus sabanas limpie mi vagina y piernas que eran un enchastre y me puse mi remera. Antes de salir de su habitación, le di un beso de lengua en su boca y me fui.

Ya eran casi de las 6 am del 26 de diciembre, quería bañarme, pero era temprano, no quería despertar a mis tíos. Aproveche el tiempo y escribí mi nueva experiencia para mis seguidores de Poringa. Cerca de las 8 am, me bañe, desayune con mis tíos, termine de prepararme las valijas y decidí dejarle un regalo a mi primo. Me metí en su habitación, aun dormía, y le deje debajo del teclado de su computadora, la tanga que usaba el día que se abuso de mi, la misma tenía mis jugos de la paja que me hice después que me dejo sola en mi habitación. Pensé que sería un lindo recuerdo para él.



© Irina Nain

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