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Fecha: 25-Sep-12 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Mi tía me sedujo 2

PyV
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Tiempo estimado de lectura: [ 15 min. ]
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Mi tía me sedujo y logré desvirgarle el culo Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Agradezco enormemente que se tomen el tiempo para leerme y sobre todo, también aprecio sus comentarios, asiduos lectores de Todorelatos (aunque me agradaría más retroalimentación). Me siento honrado de que pueda foguearme en el bello arte de la escritura y la redacción. Sin más, la segunda parte de la historia que me contó mi amigo…

-          Por lo menos – dijo mi tía – ya le puse el cuerno una vez. Después de quién sabe cuántas zorras se ha tirado ese cabrón, ya estoy sintiendo el desquite.

-          ¿Segura que quieres seguir con esto? – dije un tanto inseguro – podrías estar con cualquier otra persona. Debes de tener muchos pretendientes…

-          Ay Mario, no mames – respondió mi tía agarrándome el paquete con descaro – Si tuviera tantos pretendientes, ¿estaría aquí contigo rogando que me vuelvas a coger y lo hagas cuando quieras? – y al notar que no contestaba, añadió – Si, si hay pretendientes, pero no creo que ninguno se preste a lo que quiero. Además tú no lo haces nada mal amor y me calientas muchísimo.

Aquellas palabras que sentí sinceras me excitaron. Mi verga, aun en una de las manos de mi tía, comenzó a despertar y ella lo notó expresando una sonrisa. La atrae hacia mí y la besé con lujuria. Con una de mis manos me apoderé de su culo y lo sobé con brío mientras ella me masturbaba de manera frenética. La empujé después de un momento de magreo y me levanté. Ella, instintivamente abrió las piernas y la penetré nuevamente. ¡Qué rica estaba mi tía! Doble sus piernas abiertas, las pegué lo más posible a su pecho y la taladré sin piedad en aquella posición. Ella profería alaridos ensordecedores mientras comenzaba a insultarme de nuevo. La calentura colmaba nuestros cuerpos y nuestras mentes otra vez.

“Ay, qué rica verga mijo, sigue así” “Vamos cabrón, dale duro a tu tía, dale duroooo!” “Si pendejo, así, fuerte… más, maaaaaas… MAAAAASSS!”

Mientras la penetraba con furia y sin piedad, apretaba sus pechos de vez en vez o le daba algún cachete en los muslos. En un momento de excitación extrema, llegué a escupirle en la cara y ella ni siquiera rechistó, al contrario. Mi saliva aterrizó en sus mejillas y cerca de su boca. Ella me miró con lujuria y, con sus dedos, recogió mi escupitajo y se lo llevó a la boca de la manera más lúbrica posible.

Aquello me calentó muchísimo y aumenté el ritmo, a pesar de que ya era bastante rápido. Presa de la pasión y el momento, apreté sus pechos con fuerza desmedida y ella explotó. Gritó estrepitosamente y me empujo fuera de ella mientras se encogía y formaba un ovillo con su cuerpo. Confuso, intenté penetrarla nuevamente pero ella me detuvo y en un susurro alcancé a oír un débil “dame un momento”. A los pocos segundos ella tuvo una pequeña serie de convulsiones y se volvió a quedar acurrucada.

Fueron a lo mucho 3 minutos, pero para mí fue una eternidad y, durante ese tiempo, luché porque no se me bajara la erección. Pero mi tía se recupero y con una sonrisa de oreja a oreja se levantó y me beso de forma inusitada. Fue con amor y con pasión a la vez. Fue un beso tiernísimo y a la vez muy mojado.

-          Gracias por uno de los mejores orgasmos que he tenido. Hace mucho que nadie me hacía llegar al cielo. – me dijo mi tía después de aquél beso – Sobrinito, soy tuya. Ahora y cuando quieras. Si me coges así de bien, siempre vas a tener sexo. Quizá no sea tan loca como Angie o una joven incansable, pero si una mujer ávida de sexo. – tomó mi verga con una mano y la otra la posó sobre mi pecho – Perdona que te hiciera esperar, pero me diste un gran orgasmo. En recompensa, dime qué quieres y yo lo hago… Me tienes calientísima – y tomó una de mis manos y la colocó en su vagina. Estaba ardiendo

-          ¿Lo que yo quiera? – pregunté con alevosía

-          Lo que quieras Mario. Mi culo es virgen, si lo quieres… Nadie lo ha penetrado más que con algunos dedos. Cógeme por ahí si quieres. Hazme fotos o un video. Lo que quieras cabroncito. Soy enteramente tuya. – dijo con emoción

-          ¿Nadie te ha cogido por el culo? – pregunté incrédulo. Ese culo era un monumento a la belleza y no creía que fuera completamente virgen.

-          Nadie. Sólo Jesús y con los dedos. Sé que duele un poco, pero estaría dispuesta a intentarlo, si quieres. – respondió con timidez

-          Pues me cortaste un poco zorra – dije intentando sonar un poco ofendido, pero lo cierto es que me sentía halagado de haberle proporcionado tanto placer a una mujer. Introduje dos dedos en su concha, ya empapada por culpa de mis dedos y añadí – pero por ahora quiero que te tragues mi leche.

-          Pensé que jamás me lo pedirías… -  dijo con una sonrisa en el rostro y de inmediato se hincó

Mi tía era grande mamando verga. No pasaron ni 10 segundos y yo ya empezaba a gemir como un burro. Ella, de vez en cuando, volteaba la mirada y me observaba con aquellos ojos color miel tan tiernos. Su cara era un poema y cada vez me excitaba más. Acariciaba mis huevos mientras continuaba su trabajo de felación. Pasados unos 20 minutos, estaba a punto de terminar y le avisé. Ella se despegó de mi miembro y me soltó “Dame tu leche papasito, que esta zorra se la va a tragar toda” y se engulló nuevamente mi pene. Instantes después regué su boca con una ración impresionante de semen, a pesar de que, momentos antes, había descargado dentro de ella.

No dejó una sola gota y le levantó feliz. Yo terminé rendido y, sin importarme nada más, la besé. Metí mi lengua hasta el fondo de su boca y amasé sus hermosas, suaves y firmes nalgas. Nos acostamos en mi cama y unos minutos después, nos quedamos dormidos.

Y así fue mi primera vez con mi tía. Al día siguiente nos aventamos un mañanero breve, pero delicioso, pues ella tenía que irse a trabajar.

 Descubrí que me había mentido con respecto a las llaves de su casa, pues al salir del edificio, se había cambiado y bañado. Menuda zorra, jejeje. Yo decidí no ir a la facultad y tomarme un día para asimilar todos los eventos sucedidos.

En primer lugar había tenido sexo con mi tía. ¡Mi tía! Y no sólo sexo. Había sido una cogida de fabula. Descubrir que mi tía era una zorra pervertida me hacía pensar tantas cosas. En segundo lugar, le estaba poniendo los cuernos a su marido conmigo, su sobrino. Eso era tremendamente morboso. Sexo filial y además infidelidad. De sólo pensarlo se me paraba nuevamente. En tercer lugar, teníamos una semana para dar rienda suelta a nuestros deseos, pero... ¿qué pasaría después? Sin duda alguna, tendría sexo siempre que quisiera con ella; sin embargo, ¿y si la familia se enteraba? ¿Qué pasaría si mi primo o mi tío nos descubrían? ¿Qué pensaría la familia?

Mil y un preguntas rondaban por mi mente mientras desayunaba y miraba las caricaturas infantiles de la televisión matutina. Distraído, adelanté algunos de mis deberes escolares y ordené un poco el departamento.

En la limpieza se me fue el tiempo y dieron las 3 de la tarde, hora en la que llegaba mi tía. Estaba ansioso y caliente. Me quedé en bóxer y una playera mientras esperaba a mi tía comiendo sobras de lo que mi madre había dejado en el refrigerador. A los pocos minutos escuché el coche de mi tía entrar al estacionamiento e irremediablemente me puse nervioso. Escuché sus pasos, pero entró a su departamento.

Curioso, me asomé por la ventana, pero no la vi. Estaba ya en su casa. Y esperé. Esperé y mucho tiempo. No me despegué de la ventana durante una hora y ella ni siquiera se asomó. A pesar de que habíamos cogido la noche anterior y en la mañana, quería sexo. Estaba cansado, pero la idea de volver a sentir ese culo sobre mis manos, era más fuerte. Así que, con la premisa en mi mente de que debíamos aprovechar la semana, bajé a su departamento.

Toqué el timbre ansioso y aguardé. “¿Quién?” escuché decir a mi tía. Respondí con la voz más gruesa que pude hacer con mi nombre. “¡Mario!” escuché su voz ansiosa y pasos apresurados para abrir la puerta. Y ahí estaba ella, con un pantalón de vestir, saco y blusa. Maquillada ligeramente y feliz. Crucé con cautela el umbral de la puerta y al escuchar como cerraba la puerta no me contuve más y perforé su boca con mi lengua mientras la tocaba por todas partes.

Ella correspondió gustosa y se dejó hacer. “Ay Mario, que energía. Me encanta cuando un hombre está ansioso y tan “cariñoso” dijo entrecortadamente mientras la iba desnudando. No tardé mucho en tenerla en ropa interior y ella ya me tenía desnudo y con la verga a punto de explotar. Se hincó y comenzó a mamar como desesperada. ¡Qué delicia! Era toda una maestra.

Estábamos en eso cuando sonó el teléfono. Ella aminoró su marcha, se despegó lentamente de mí y fue a contestar el teléfono. “Hola mi amor, ¿qué tal Puebla?”  dijo con el teléfono en mano, una sonrisa tierna y pícara y regresó a mí. Yo estaba de piedra: era mi tío al teléfono. Sin importarle nada, ella se volvió a hincar y, aún hablando con su esposo, reanudó su labor. “Todo bien amor… Ah, es que estoy comiendo una “paleta” que uno de “mis niños” me regaló” dijo descaradamente mientras seguía mamando. Lo hacía ruidosamente sin importarle que su esposo escuchara.

Debido al morbo de la situación (mi tía haciéndome una mamada y al mismo tiempo, hablando con el cornudo de mi tío) estaba dejándome llevar y solté un leve gemido. Ella se detuvo en seco y me miró severa, pero sonriendo levemente. Se llevó el dedo índice a los labios, indicándome que guardara silencio y siguió con su afanosa lamida. Tuvo una charla superficial con su marido mientras mamaba mi verga y colgó.

-          Ese wey es un pendejo – dijo algo enojada – sólo habla para ver si no le estoy poniendo el cuerno

-          Y ¿no? – dije riendo

-          Pues se lo merece. Tiene a este cuero y no lo aprovecha. Mejor que lo aproveche otro. Por wey – decía sacándose mi verga de la boca y cuando terminaba alguna frase volvía a engullirla.

-          Pues aprovechemos el tiempo que nos queda – añadí

-          ¿No estás cansado de ayer y de hoy en la mañana? – me preguntó con una sonrisa cómplice

-          La verdad es que tengo ganas de más. Hacía más de dos meses que no cogía. Sólo tuve sexo con mi mano y no es lo mismo. – respondí entre gemidos y tras escuchar una leve risa añadí – Además quiero abrirte ese culo tan rico que tienes tía

-          Ok… - me miró y aminoró la mamada – pero prométeme que tendrás cuidado. Si me duele mucho, paramos.

-          Lo que te prometo es que te voy a hacer gritar, hija de tu puta madre – dije con tono dominante, tomé su cabeza y le encajé mi verga de nuevo en su boca. Solo la vi sonreír.

Minutos después terminé de nuevo en su boca y tragó gustosa mi ración de semen. Por inverosímil que parezca mi erección no disminuyó después de venirme. Levanté a mi tía y la conduje hacia el cuarto donde mi tío y ella dormían. De caminó le solté una buena nalgada y ella soltó una risita. La aventé en la cama y la penetré lentamente tras despojarla de sus últimas prendas. Ella lo agradeció con un gemido y comenzó a moverse rítmicamente con mi semilento, pero constante mete y saca.

Pasado un cuarto de hora, le dije que se pusiera a cuatro y lo hizo felizmente. La penetré de nuevo y chupé mi dedo pulgar hasta dejarlo rebosante de saliva. Abrí sus nalgas un poco y observé su ano. Era hermoso. Pequeño, ajustado y café. Comencé a frotarlo con mi pulgar y en un momento dado lo introduje. “¡Oh si cabrón, hazme tuya!” “¡Que rico coges sobrino!”

Movía mi pulgar dentro de su culo mientras mantenía un ritmo normal. Buscaba dilatarlo lo más posible para que la penetración no le doliera y lo disfrutara tanto como yo lo iba a hacer. Yo estaba en la gloria penetrándola, pero estaba muy lejos del orgasmo. Saqué mi pulgar y lo chupé. Lo introduje de nuevo, con firmeza, pero sin ser brusco. Lo retiré completamente y repetí la jugada.

Al parecer a ella le gustaba aquel tratamiento, pues cada vez gemía más y ella misma aumentaba el ritmo de la cogida que estaba recibiendo. Al mismo tiempo, chupé mi otro pulgar y forcé su entrada. Entró con asombrosa facilidad. Seguí con la cogida mientras que con mis pulgares dilataba su oscuro agujero. Ella sólo gemía y gemía mientras se movía como poseída. Después de unos 15 minutos de estar así, se la saqué y le solté una buena nalgada en el culo. Ella me volteó a ver con una sonrisa. “¿Por qué paras?” me preguntó y le solté otra nalgada. Gimió levemente y lo volvió a preguntar.

-          Quédate como estas puta – le espeté – que ahora si te voy a dar por el culo

-          Si me duele, paras cabrón. Al fin y al cabo, tienes una boca y una vagina a la que cogerte cuando quieras. – dijo autoritariamente

-          Te va a doler, pero te va a gustar tía – le dije albureramente – ya verás que sí.

Me acerqué a ella y le di un lametón que abarcó su concha y su culo. Ella se estremeció y comenzó a gemir nuevamente. Devolviéndole el tratamiento oral que me había proporcionado hace unos momentos, logré lubricar su culo lo suficiente. De vez en vez metía uno o dos dedos en su orto para que no perdiera la elasticidad. Paré y la penetré por la concha una vez más. Mantuve un ritmo frenético por unos instantes y se la saqué. “Ahora si vas a ver lo que se siente ser culeada pendeja. Va a ser como un dolor de muelas: te va a doler, pero no vas a querer que te la saque.” Ella asintió a mis palabras y alzó un poco más su imponente culo. No me contuve más y le solté una fuerte nalgada. Comencé a introducir mi pene y ella soltó un respingo. “Mastúrbate lentamente” le ordené. Sentí como dirigía sus manos a su vulva y obedecía. Mi verga fue entrando poco a poco.

-          ¿Te duele? – pregunté preocupado

-          Un poco, pero es soportable – me respondió

-          Voy a seguir entrando. Va a la mitad – la previne

-          Ok

Seguí avanzando hasta que entró casi por completo. Todo este proceso se realizó en silencio. Dejé mi verga reposar dentro de sus entrañas un momento para que se acostumbrara a su tamaño. Instantes después comencé a moverme lentamente. ¡Vaya que estaba apretada! Que delicia. Terminaría pronto si no me concentraba. Poco a poco aumenté el ritmo hasta llegar semilento.

-          ¿Te esta doliendo? – pregunté de nuevo

-          Sorprendentemente no amor – dijo en tono normal – de hecho lo estoy comenzando a disfrutar

-          Entonces voy a aumentar de ritmo – le dije

-          Como quieras… me está gustando… pero dame otra nalgada. Fuerte, pero sólo una – me ordenó

Feliz, cumplí su orden. Ella gemía cada vez más y yo aumentaba de velocidad. Se la saqué entera y se la clavé de un solo golpe. Ella gritó de placer y dolor pero se movía. Sin más la taladré inmisericordemente. Ella gemía y le solté una que otra nalgada. “¿Te gusta zorra?” le decía “¿Te gusta que tu propio sobrino te haya desvirgado el culo?” “Eres una puta, una pendeja calientavergas”.

Ella solo gemía y gritaba de placer. “Si puto, cógeme por el culo.” “Que rico se siente amor, dame más fuerte” “Este culo va a estar así siempre que quieras”. Sólo soporté unos 15 minutos más entre ritmos lentos y rápidos. Le avisé que me venía y escuché un determinante “Lléname las entrañas con tu leche, hijo de tu puta madre.”

Exploté dentro de su orto, pero no disminuí la cogida. Aunque un hombre se venga, puede seguir unos instantes más antes de perder la erección. Y aproveché esos instantes, pues sentía cercano su orgasmo. Y al soltarle una última, pero fuerte nalgada se separó de mi y volvió a ocurrirle lo de la noche anterior. Se colocó en posición fetal y se convulsionó levemente. Yo solo la observaba con lujuria. En aquella posición podía ver perfectamente su vulva y su culo.

Una oleada de ternura perversa me cruzó el cuerpo y me recosté a su lado, abrazándola. Acariciaba su espalda mientras se recuperaba y le susurré, de la manera más tierna que me fue posible, un “gracias”. Al poco rato ella se recuperó, se volteó hacia mí y me besó. Se acurrucó sobre mi pecho y permanecimos abrazados un buen rato. El silencio, sólo roto por nuestras respiraciones agitadas, se terminó cuando hablamos.

-          ¿Te gustó tía? – le pregunté por fin

-          Mario, me puedes coger por el culo siempre que quieras. – dijo – He tenido un orgasmo tremendo. Jamás imaginé que fuera tan delicioso. Mi culo es tuyo pendejo. Todo tuyo.

-          Y vaya que tienes un culo, cabrona – respondí satisfecho – pero ahora si estoy algo cansado

-          Yo también – convino conmigo – Después de tanto tiempo de no coger, necesito acostumbrarme a tu brío. Espero esto sea sólo el comienzo…

-          Uy tía, la promesa de poderme coger a una vieja tan buena como tú cuando yo quiera, es demasiado buena para desaprovecharla – respondí – Te voy a dar verga hasta que te hartes, puta

-          Eso espero amor, eso espero – dijo y añadió incorporándose un poco – Pero tenemos que tener cuidado que mi marido ni tu primo se enteren de esto. Debemos de ser muy cuidadosos. ¿Está claro?

-          Mis huevos pendeja, yo te voy a coger cada vez que se me venga en gana – le dije pícaramente – Si, tendré cuidado.

Sonrió y me besó lentamente. Tomé uno de sus pechos en mis manos y lo amasé fuerte. Soltó un suspiro combinado con un gemido y se recostó nuevamente en mi pecho. Yo seguí acariciando su pecho suavemente y no noté cuando me quedé dormido. Al despertar la jodienda continuó a lo largo de la semana…

CONTINUARÁ…



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