Evocación de Laura.
Estoy acá, desnudo, con mí taparrabo. El brillo de la
computadora me hace mal a los ojos. Hace calor. Afuera también hace calor. A
pesar de eso, abro la ventana y permito que el aire caliente me de en plena
cara. Las mariposas nocturnas entran por doquier.
Entonces aparece el recuerdo de Laura.
Su largo pelo rubio, sus ojos verdes, su figura. Su hermosa
figura. Su cuerpo, (por qué no decirlo), o mejor dicho pensarlo.
En realidad, lo que me gustó de ella de entrada, fue su (para
mí), equivocado deseo de valorarme en demasía. Me agradaba sentir que me
consideraba el mejor. O al menos interesante. O por lo menos que significaba
algo para ella. En fin, que me tenía en cuenta.
Para su cumpleaños, que lo festejamos en el instituto, le
escribí una carta. En ella le puse que tal vez los astros no giraban a lo lejos,
y que tal vez yo no viví en una isla, desde la cual no la amaba. (Es verdad que
no fue muy original lo mío, pero para que no me acusen de plagio, tengo que
decir que esas pequeñas frases me las dictó el maestro en persona. No, no estoy
loco. Ya les explicaré más adelante).
Ahora que es verano puedo tranquilamente dedicarme a vivir de
noche. Sin las obligaciones ya del trabajo y las clases del instituto, puedo
permanecer despierto hasta las seis u ocho de la mañana y después dormir hasta
las dos de la tarde.
Esto es muy bueno porque en esas horas puedo ver televisión,
escuchar música o escribir, mientras el tiempo pasa. Es bueno que el tiempo
pase.
Es en esas horas en donde pienso más en Laura. ¿Qué fue lo
que pasó con nosotros?¿Qué rara química nos unió, y con qué motivo?.
Porque hay un motivo. Siempre hay un motivo.
Ahora que estoy escribiendo puedo imaginármela caminando
hacia mí en puntas de pie, para taparme los ojos con las manos y luego preguntar
inocentemente quién es. Le gustaba hacer cosas como esas, y eso me gustaba
mucho, ya que yo no solía hacerlo.
En psicología, coincidimos en el mismo grupo. Por lo que creo
que el acercamiento vino por ahí. También en práctica quedamos en el mismo
grupo, así que lentamente todo se fue dando para que pudiéramos intentar algo
más. O al menos ver que pasaba...
Lo que pasó fue lo siguiente: fuimos a un telo. Ya al entrar,
nos cruzamos con la directora del instituto que al vernos se puso colorada. Nos
saludó secamente y siguió hacia la salida.
Ya solos, nos desnudamos sin poder dejar de mirarnos. Su
cuerpo era perfecto, y mí erección fue una especie de prolongación de mí
pensamiento.
Bebí de ella. Sí. Como si fuera una fuente.
Ella me cabalgó sin piedad. Amazona renegada en un furioso
frenesí descontrolado. Prolongado estallido de los sentidos. Gritos al unísono
en la penumbra de una espantosa habitación.
Tuve que reconocerlo. A pesar de la diferencia de edad, ella
tenía más experiencia que yo.
Para remediar cierta tristeza que de pronto me había
invadido, cuando ella se distrajo, apoyé rápidamente la cara en la almohada y
lloré un poquito. Todo sea por el orgullo del macho herido.
Tengo que admitirlo, o en realidad me gustaría contarlo, como
si fueran ustedes mis confidentes: en esas horas de vampírico insomnio hablo con
escritores muertos. En ocasiones me visitan varios, pero generalmente repiten
Pablo Neruda, Charles Bukowski y Jukio Mishima. Como ya dije o escribí antes y
reitero ahora una vez más: no estoy loco.
Esa noche tuve una pequeña revancha. Traté de vengar a la
mitad de la humanidad, pero la pasión de Laura menguó mis fuerzas al mínimo.
Me dejó flotando en una nube. Pidiendo agua. ¡Pero como nos
divertimos!.
Estoy desnudo, con mí taparrabo. Sentado frente al monitor de
mí computadora. Pablo ya anda por ahí. Bukowski bebe sentado en el suelo y Jukio
sonríe detrás mío. Está vestido con su uniforme militar. De su ejercito de
juguete, decían. Yo prefiero decir ejercito personal. De cualquier forma no
habla.
Recuerdo que le dije...En un momento le dije:
"Ya no seré tu marido. Ya no tendremos hijos. De otra, seré
de otra...".
Pabló me aconseja que le escriba cartas. Es un buen consejo,
pero por ahora paso. Bukowski me dice que vaya a buscarla, que la tome del
cuello, que le de algunas cachetadas y que luego le haga el amor hasta el
amanecer. Sin importar que hora del día sea.
Gentilmente también rechazo su propuesta. La violencia no va
conmigo. Ni tampoco con Laura. Tal vez en otra ocasión...
Jukio continua callado. Pero no es extraño en él. Sé que se
caso para satisfacer a su madre. No le gustaban las mujeres.
En esta ocasión buscaré una alternativa a lo que me ofrecen
mis gratos compañeros de insomnio. Siguiendo los consejos de John Cheever y
teniendo en cuenta la evocación de Laura. Sabiendo que el recuerdo de Laura está
en el aire, me escribiré una carta a mí mismo. Me haré el amor a mí mismo.
Estoy desnudo, con mí taparrabo. Sentado frente al monitor de
mí computadora. Pablo escribe poemas en un rincón.
Bukowski está totalmente borracho, tirado en un rincón.
Jukio Mishima no habla. Sólo me muestra el brillo de su
espada.
Autor: Dieche.
26 – 27 – 01 – 03.
E – mail: dieche2003@yahoo.com.ar
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