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laurita18@iespana.es indicando el
titulo del relato.
(Sólo asuntos relacionados con los relatos, cualquier otra
petición será ignorada)
Cansado de otra noche sin pillar cacho, Gonzalo se despide de
sus colegas; algunos de ellos bailando pegados a sus novias sabedores de que van
a terminar la noche pegando un buen polvo en el asiento de atrás del coche o en
algún callejón apartado y oscuro; otros intentando aún ligar con alguna que
tampoco haya triunfado y, con suerte, conseguir algún beso y un número de
teléfono. Pero él sabe que eso no suele ocurrir. Las que quedan a esas alturas
son, por norma general, feas o bordes o una mezcla de ambas y no le apetece
hacer el paripé para no conseguir nada. Así que sin nada donde meter mano y sin
ni siquiera coche para volver a casa, enfila hacia la parada de autobús, rogando
para que no vaya hasta los topes y pare. Se enciende un cigarrillo mientras
espera a que aparezca. Desde su posición puede ver la puerta de la discoteca.
Dos chicas preciosas y vestidas provocativamente salen abrazadas por la cintura.
Niega con la cabeza mientras piensa si sus posibilidades de tener sexo en pareja
mejorarían si se hiciera homosexual. Lo deshecha al momento pensando que
seguiría igual. Las chicas se están dando un señor morreo en la puerta del que
parece ser su coche: todo un Golf GTI. "O se tiene todo, o no se tiene nada"
piensa confuso y al borde de una depresión, cúmulo de más de 6 meses sin echar
un polvo y más de 1 año sin FOLLAR en mayúsculas y con todas las letras o, lo
que es lo mismo, pasarse una noche entera sin salir de la cama excepto para
beber agua o ir al baño y con una chica en las mismas condiciones.
Una de las chicas ha abierto la puerta y se ha metido dentro
de cabeza. La otra le ha tocado el culo y se ha metido detrás. Desde allí no lo
ve demasiado claro, pero las dos sombras en el interior del vehículo se están
preparando para gozar de las mieles del sexo. Se siente tentado de ir allí y por
lo menos hacerse una paja viendo cómo se lo montan pero el tronar del autobús le
quita la idea. Antes de subir, le parece ver cómo una de ellas levanta los
brazos mientras la otra le quita el top.
Sube al vehículo y paga religiosamente. No va demasiado
lleno, parece que hoy todo el mundo triunfa y los pocos que están ahí son los
fracasados. Lo cierto es que, exceptuando la pareja que se está dando el lote
atrás del todo, las caras de los demás no refleja mucha alegría. En la siguiente
parada sube un chaval ligeramente ebrio. Cuando el autobús se pone en marcha se
agarra pesadamente a una de las barras, dejando caer todo su peso. Su edad es
superior a la de Gonzalo, aunque es más bajo. Sin embargo es su ropa y la barba
cuidada la que delata una mejor postura económica. Nacho, que así se llama,
viene de tomarse unos cuantos whiskys con los colegas en un bar en el que había
un show de striptease. Él no suele frecuentar estos garitos, pero sus amigos le
han convencido esta noche para que saliera y se olvidara de su novia, Lola, la
cual le ha puesto los cuernos recientemente en su propia casa.
Ciertamente no es plato de buen gusto llegar a tu casa,
encontrarte la ropa tirada por los suelos según avanzas a tu cuarto, ir oyendo
un coro de gemidos y alguna que otra palabra subida de tono, ver atónito uno de
esos tangas que ella te ha dicho tantas veces que odia tirado en el suelo justo
delante de la puerta del dormitorio y abrir esta para ver a tu novia haciéndole
una mamada sin condón a un tío inclencle y feo justo en el momento en que éste
empieza a correrse en su boca. Quieras que no, es un palo.
En las siguientes paradas sorprendentemente nadie sube. Es
raro. Quizá la luna llena tenga algo que ver pero el caso es que parece que todo
el mundo esté follando menos los pringados que van en ese autobús. De hecho en
la última parada, hace cinco minutos, la parejita del fondo se ha apeado y ella
debe estar ya con las bragas en los tobillos, recibiendo cálidamente entre sus
piernas el pedazo de carne tibio de su novio.
Gonzalo juguetea con el billete de autobús en sus manos,
enrollándolo y desenrollándolo continuamente. El vehículo pasa cerca de una zona
con prostitutas y se lo plantea mientras ve algún que otro coche parado
sospechosamente a un lado de la calle. Nunca lo hizo pero las necesidades
físicas no se pueden ignorar.
El búho-bus hace otra parada. De nuevo nadie sube. "Pero qué
cojones pasa esta noche?" piensa Gonzalo. Por el contrario, sí se baja gente.
Queda Gonzalo, Nacho y dos personas más: un chico joven con el pelo largo y
aspecto heavy y otro chaval de aspecto desgarbado con ropa ceñida marcando unos
músculos que no son precisamente abundantes. El primero es conocido como Wally
entre sus amistades y sus enemistades. Su nombre verdadero queda ya eclipsado
por este mote. Así a primera vista ofrece un semblante imponente y que inspira
un poco de miedo. Vamos, el típico tío al que no se le planta cara si no se
quiere acabar en urgencias. Su exterior agresivo esconde un hombre que ama a los
animales (no, no es zoófilo) y de educación afinada, capaz de ceder el asiento a
un anciano o leer poesía. El otro es un chaval desgarbado que se llama Jorge, un
engominado aficionado a la música techno, consumidor frecuente de drogas y
adicto al sexo, lo cual le ha creado más de un problema. A pesar de tener
soltura con las chicas, esta noche no ha conseguido liarse con ninguna y regresa
a su casa dispuesto a hacerse una paja viendo alguna película porno y oliendo
las bragas de su hermana (con suerte, habrá llegado antes que él y el tanga de
esta noche estará ya en el cesto de la ropa sucia).
Las dos siguientes paradas las pasa de largo pero en la
posterior se detiene y suben dos chicas. Recuerdan a una famosa pareja cómica.
Una de ellas es alta y esbelta, con una melena rubia cuyas puntas teñidas de
rosa acarician la parte alta de su espalda. Sus pechos son pequeños pero sexys a
los ojos de cualquier hombre. Luce una camiseta roja ajustada con el número 68
serigrafiado en pequeño sobre su pecho izquierdo y en grande a su espalda. Su
nariz y el labio inferior se encuentran perforados por sendos piercings. Los
pantalones negros de cintura baja se ajustan a la perfección a su cuerpo y
realzan un hermoso y apetecible trasero. Sus zapatos, también negros y con unos
centímetros de tacón, pasan desapercibidos ante el resto de su ser. La otra
chica es algo más baja y rellenita, con el pelo corto y teñido entre el morado y
el caoba a partes desiguales. Lleva la típica minifalda que enseña sus turgentes
muslos y unas botas negras altas hasta la rodilla. Arriba un top blanco
transparenta el sujetador negro, que mantiene erguidas sus grandes tetas.
Pasan al interior del vehículo y son observadas con júbilo
por el resto de pasajeros. Es Jorge el único que osa dirigirles la palabra:
Ey, rubia, hagamos lo que pone en tu camiseta: tú me la
chupas y yo te debo una! – Dice a la vez que suelta una risotada.
Me parece a mí que me deberías dos – Responde divertida
-. Pero mejor al revés, no crees?
Eeeh, yo vivo para dar, nena.
La sigue con la mirada, observando el hipnótico vaivén de sus
caderas y el ligero temblor de su culo al andar. Se sientan delante de Gonzalo,
que se encuentra abstraído mirando la carretera.
Mira qué chico más guapo – Comenta la chica bajita a su
amiga -. Eh!! Chico guapo! – Gonzalo vuelve la cara hacia ella.
Hola.
Hola, qué tal?
Jodido – Le responde secamente.
Vaya, cuánto lo lamento!
Se mantiene callada durante unos instantes. Gonzalo la
observa detenidamente y comprueba que no es una top model ni mucho menos. "No,
qué va a ser? Ya podría haberse fijado la rubia en mí!" piensa mientras se fija
en la arruga que le forma el pantalón a la altura del coño. Sonríe cuando
recuerda la frase "Rubia de bote, chocho morenote" y piensa si el refrán será
cierto también en este caso.
Vaya, ya sonríes – Apunta la chica gordita, que se
levanta y se sienta a su lado -. Cómo te llamas?
Gonzalo – Responde sin convicción.
Yo, Sheila – Estira el cuello y le da un beso en la
mejilla. "De qué va esta tía" se pregunta Gonzalo echándole una mirada -.
Qué? Te gusta mi amiga? Se llamaba Erika. No sueñes en follártela, es mi
novia.
Gonzalo vuelve los ojos, abiertos como platos, hacia Sheila,
que se ríe jocosamente. Jorge, que está siguiendo la conversación desde lejos,
no puede evitar una rápida erección nada más oír aquello. Su mente vuela en unos
segundos y se imagina a aquellas dos chicas en cueros haciendo un 69.
No te lo esperabas, eh? – Le da un codazo mientras
pregunta.
En... en serio?
No, me lo he inventado – Se ríe -. Te lo has tragado
todo, eh? – Continúa partiéndose el culo de risa.
Pues sí – Gonzalo se mantiene perplejo ante la situación.
Igual que Erika.
Cómo?
Que ella también se lo traga todo.
Es ahora Gonzalo el que sufre una erección instantánea al oír
aquello. Vuelve la cara hacia la chica con las puntas teñidas de rosa, la cual
se ríe tímidamente ante la ocurrencia de su amiga, quien sabe si de complicidad
o sólo por lo disparatado de la confesión. Sheila ríe casi descontroladamente,
descuidando la postura. Jorge atisba una región oscura donde se juntan sus
muslos, tanga negro o nada?. Las chicas parecen simpáticas y un buen ratillo de
charla morbosa mientras el autobús les lleva a casa, sería un buen aperitivo
para una buena paja, por lo que no duda en lanzarse y echar leña al fuego.
Bueno, eso habría que verlo – Erika vuelve la cabeza
sonriente.
Más bien sentirlo, no?
Claro.
Y tú cómo te llamas?
Yo soy Jorge.
Se levanta y se dirige a los cuatro asientos enfrentados, le
da dos besos de presentación a las dos chicas y se sienta al lado de la rubia.
Y tú no cuentas ningún secretito de tu amiga?
Por?
Por venganza por revelar que te lo tragas.
Uhm...
Erika se incorpora ligeramente y se acerca a su oído. Jorge
nota el cálido aliento sobre su oreja derecha y escucha atentamente el leve
susurro:
Hoy ha salido sin bragas.
Jorge traga saliva al oír aquello, pero su corazón da un
vuelco cuando nota una humedad en su oreja. Erika le ha dado un lametón después
de confesarle aquel secreto de su amiga.
Eh!!! Qué le has dicho?
Ahh... Nada.
Sí, claro. Y por nada se le ha puesto la polla dura, no?
– Erika se ríe pícaramente.
Venga, yo también quiero saberlo – Interviene Gonzalo,
sorprendido de sí mismo. Jorge mira a Erika buscando su aprobación y
encuentra su indiferencia.
Me ha dicho que hoy... no llevas nada debajo de la falda
– Comenta Jorge con la mirada fija entre sus piernas, tratando de buscar una
afirmación. Sheila suelta una carcajada.
Eso te ha dicho? Erika, mira que eres... eh? – Sheila
apoya con fuerza la bota derecha en el asiento en el que se encuentra Jorge,
entre sus dos piernas. La puntera queda casi rozando el paquete de éste. El
nerviosismo de éste es evidente -. Bueno, supongo que no os quedaríais
tranquilos si no lo comprobaseis, verdad?
Separa su otra pierna y su falda se sube sola. La decepción
cubre los rostros de los dos chicos mientras ellas se mueren de risa. La
oscuridad que antes había visto desde lejos no era más que un tanga de color
negro. Baja la pierna y se reajusta la falda. El silencio vuelve a cubrir el
autobús. Gonzalo fija su mirada de vez en cuando en Erika, la cual le sorprende
la mayoría de las ocasiones. Jorge, por su parte, se encuentra confuso y no sabe
todavía muy bien cómo interpretar la actitud de aquellas chicas. Si se hubiera
encontrado un coño desnudo habría sabido que buscaban jaleo y la noche aún se
habría arreglado. Pero ver aquel tanga le descolocó, parecía claro que iban de
cachondeo, pero tampoco es normal ir enseñando las bragas a cualquiera. De
pronto, la rubia le dice a Gonzalo:
Te la chupo por 50 euros – Gonzalo tose sorprendido y
Jorge la mira perplejo.
Perdona, cómo dices?
Te chupo la polla por 50 euros. Aceptas? – "Esto no está
pasando. He bebido demasiado y estoy alucinando" es lo primero que le viene
a la cabeza. Sin embargo acaba respondiendo frustrado:
No tengo tantas pelas.
Una pena.
Erika se echa de nuevo para atrás mientras se relame la
lengua con una cara mezcla de triunfo y vicio. Es en ese momento cuando suena la
voz de Nacho desde atrás.
Yo te los pago – Erika vuelve la cabeza sorprendida ante
tal intrusión, pero la felicidad vuelve pronto a su cara.
Uhhm... De acuerdo.
Nacho está de pie, en el estrecho pasillo formado por los
asientos. Erika se levanta y esquiva los pies de los demás. Se pone a la altura
del chico bien vestido y con perilla. Wally observa desde la parte delantera.
Todos los miran. Incluso el conductor echa una pequeña ojeada a la escena.
50 euros.
50 – Nacho se baja la cremallera al responder.
De acuerdo.
Sorprendemente ella se agacha y saca el miembro flácido de
Nacho. Lo toma con su mano izquierda, cubierta de anillos y con uñas largas
pintadas de azul océano. Es extraño para ella que no se haya endurecido ya,
normalmente en ese momento suelen estar ya empalmadas pero Nacho aún lleva un
buen pedo y no se le levanta fácilmente. Erika desabrocha el pantalón y los baja
hasta las rodillas junto a los calzoncillos. Acaricia el pene flácido mientras
empieza a besar y chupar los huevos, antesala a introducirse la verga por
completo en la boca. Al sentir aquella tibieza, ésta empieza a engordar y
endurecerse. Erika siente una extraña y desconocida sensación mientras la polla
de Nacho va creciendo en el interior de su boca. La piel se va estirando y el
glande crece, empujando la lengua de la felatriz hacia el fondo. Cuando está lo
suficientemente dura, la saca apretando los labios húmedos mientras lo va
haciendo. La saliva se extiende en finos hilillos por todo el tallo y Erika se
encarga de extenderla por todo el miembro. Le pajea y le aprieta los huevos con
la otra mano. El capullo está en el interior de su boca, aprisionado por
aquellos labios carnosos y brillantes.
Desde aquella postura y en parte gracias a que los pantalones
son de cintura más baja de lo normal, Jorge puede ver el tanga blanco de Erika,
aunque no es lo más importante de la escena. Nacho reprime el gesto de situar la
mano sobre la cabeza de Erika y se agarra a las barras verticales para no perder
el equilibrio. Ella cambia sus movimientos y empieza a cabecear sobre su
entrepierna. La polla entra y sale vertiginosamente de la cavidad bucal de
aquella rubita de tanga blanco. Más atrás, todos observan la escena. Jorge se la
masajea suavemente por encima del pantalón, como un acto reflejo. De pronto nota
una mano que aparta la suya y oye el ruido de una cremallera, de su cremallera.
Baja la cabeza y se encuentra a Sheila en cuclillas, con una cara de vicio
increíble, mordiéndose el labio inferior y liberando su verga en erección. Dos
lametones largos y después enterita para adentro. Su lengua se agita
increíblemente. Jamás había recibido semejante demostración de buen hacer.
Erika permanece en el pasillo, acuclillada y chupando con
ansias el miembro de aquel desconocido con perilla. Para aumentar aún más su
excitación, su mano derecha se introduce en su orificio trasero. Sin ofrecer
resistencia ante tal invasión, Nacho se limita a dejarse llevar. Por su parte
Sheila se encuentra en una fase mucho más avanzada. Su lengua se mueve sin parar
de un lado para otro por todo el capullo de la polla que tiene en su boca,
llevando hasta el paraíso a Jorge. En ese instante, y por sorpresa, recibe un
chorro de esperma en su mejilla izquierda y otro llega aún más alto y se expande
por su pelo. El resto, que no son pocos, caen más pesadamente sobre sus hombros
y sus ropas. Vuelve los ojos sin dejar de pajear a Jorge y ve a Gonzalo, arma en
mano, haciéndose una paja, o más bien terminándola. Y como una reacción en
cadena, Jorge también empieza a correrse en el interior de su boca. Rápidamente
aparta aquella verga chorreante de su boca y Jorge termina de correrse sobre el
escote y el top blanco de Sheila, sin que en ningún momento ésta deje de
pajearlo. Los dos la miran de forma divertida. Realmente está bañada en leche.
Sois unos guarros. Eso de avisar no va con vosotros o
qué? – El tono es levemente represivo pero no deja de ocultar una excitación
enorme -. Y si me corriera yo así sobre vosotros? Joder, qué poco
considerados. Bueno, a ver, pensáis quedaros ahí parados?
Chica, yo ahora no puedo hacer nada, tengo la pólvora
mojada.
A mí no me mires.
Arg, hombres!!
Perdona – Interrumpe una dulce voz. Sheila vuelve la
cabeza y observa a un chico melenudo con una chupa de cuero y una camiseta
negra con motivos infernales. Debajo no lleva nada, sólo una enorme tranca
en pie de guerra, ya con el uniforme y todo -. Creo que yo podría hacer algo
por ti.
Mmm, claro, ven aquí.
Sheila se sienta con las piernas en alto y se deja quitar el
tanga negro por Wally. La falda queda arrollada en su cintura mientras Wally
abre más y más sus piernas y le aplica una pequeña dosis de lengua a su coñito
rezumante. No se detiene hasta que deja sus músculos vaginales contrayéndose
presa de un primer orgasmo y, cuando la considera recuperada, sitúa su polla a
las puertas de la gruta caliente. Sheila no para de gritar y jadear mientras le
penetra Wally.
Ohhh, dios, dios, ohh – Y así continúa mientras se corre
varias veces más.
El conductor del autobús hace ya tiempo que no para en
ninguna parada (la mayoría vacías) e incluso deja a algún pasajero en tierra,
pues sólo tiene ojos para mirar por el retrovisor. Su polla empalmada le nubla
la vista y sólo piensa en poder parar a meneársela bien a gusto o, mejor aún,
poder cepillarse a alguna de esas jovencitas.
Wally, el melenudo, ralentiza de nuevo su ritmo al ver que
Sheila se deshace en un nuevo orgasmo. De forma muy, muy lenta entra en su
interior y luego sale casi por completo. Sus huevos se juntan con la parte baja
del pubis femenino y un hilillo de flujo se extiende hasta romperse cada vez que
se separa. Por fin, en ese momento Erika termina la eterna mamada que le está
brindando a Nacho, el cual descarga toda su espesa frustración en la cara de
Erika. Ésta, que ha permanecido ensimismada en su tarea de felatriz, observa el
panorama que reina en el resto del autobús. Se acerca a la pareja que estaba
follando y sonríe. Toma el tanga de Sheila y se limpia la cara llena de esperma
con él.
Joder, Sheila, me dejas alucinada – Ésta sólo puede
responder con una mirada de cordero degollado mientras recibe otro orgasmo y
sus piernas tiemblan.
Me corro – Anuncia Wally.
Espera – Le responde Erika, que se sitúa detrás suyo.
Wally observa sorprendido cómo Erika toma su polla desde
atrás, le quita el preservativo y enrolla el tanga pringoso alrededor de su
verga, pajeándole fuertemente y corriéndose por completo sobre el tanga negro de
Sheila. Todo parece haber concluido.
El autobús se detiene y el conductor anuncia la última
parada. Tras esto, se levanta y se dirige hacia el grupo. Es un tipo mayor, de
unos 40 años, con el pelo canoso y barriga cervecera.
Bueno, tendréis que pagarme el billete, no? – Sheila
muestra una sonrisa de oreja a oreja.
Sí, señor conductor.
Y bajándole los pantalones comienza a mamarle el miembro. No
es de gran tamaño pero Sheila gustosa lo lame y chupa continuamente. Erika, por
su parte, quiere recibir su cuota de orgasmos y para ello no duda en
despelotarse ante Gonzalo y Jorge, los cuales parecen haberse recuperado ya.
Posee unos labios gordezuelos y bien delimitados, los cuales se abren dejando
ver una vagina caliente, húmeda y sonrosada, coronada por el brillante y
sobresaliente clítoris. Gonzalo puede comprobar que, en este caso, Erika es
rubia del todo. El vello púbico dorado y bien cuidado así lo proclama. Jorge se
sitúa a la altura de sus pequeñas pero atrayentes tetitas y tortura sus pezones
con chupaditas y mordisquitos. Gonzalo mientras tanto le brinda las mieles del
sexo oral, aunque es más bien él quien se está tomando las mieles.
Con esfuerzo, Erika consigue abrir los ojos y echar una
mirada a su amiga, la cual está a cuatro patas siendo follada por el conductor
cuarentón que mira su rebosante culo con los ojos desorbitados al tiempo que
amasa los dos carrillos con ambas manos. Ella decide ponerse a lo mismo, y
tomando un condón del bolso de Sheila, se lo coloca a Jorge y empieza a
cabalgarlo. Gonzalo se encarga ahora de sus pechos, mientras ella rebota sobre
Jorge. Erika, al contrario que Sheila, no consigue correrse varias veces durante
el mismo coito sino que lo hace una única vez, aunque de forma mucho más
intensa. El problema surge cuando, buscando ese orgasmo, moviendo la cadera de
forma lenta en círculos sobre la polla de Jorge, éste se corre irremisiblemente.
Es el turno de Gonzalo aunque descubre desesperado que no quedan condones. Sólo
Wally posee uno más y ya lo tiene insertado y, por eliminación, es a quien le
toca dar placer a Erika.
Desilusionado, Gonzalo se acerca a Sheila, la cual gustosa le
brinda al menos una estupenda mamada. Wally penetra a ritmo acelerado a Erika
llevándola de la mano hasta las puertas del orgasmo. Pero es una chica fría y
dura y, finalmente y tras mucho aguantar su propio orgasmo, acaba corriéndose
antes de tiempo. Pero como dice el refrán, "lo que no puedas hacer con el rabo,
acábalo con la lengua". De modo que Wally se agacha ante el coñito rubio de
Erika, separa los labios carnosos con los dedos y su lengua desata un huracán de
sensaciones que se extiende por todo el cuerpo de Erika en un apoteósico y
grandioso orgasmo durante el cual no puede evitar soltar un grito. Tras
terminar, comprueban que el resto ya descansa.
Se despiden todos, como si allí no hubiera pasado nada, y
cada uno se va por su camino. Mientras camina hacia su casa, Gonzalo piensa en
su mala suerte y en que ha sido el único estúpido que no ha follado esa noche.
Ni siquiera inmerso en una gran orgía ha sido capaz de mojar el churro. Mientras
sube las escaleras de su casa, sólo piensa una cosa: "El sábado que viene, me
voy de putas".