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titulo del relato.
(Sólo asuntos relacionados con los relatos, cualquier otra
petición será ignorada)
Cuando Fran le comunicó a Sara que le habían dejado las llaves de un chalet
en la sierra para pasar el fin de semana ésta empezó a dar botes de alegría. A
los dos les hacía mucha ilusión pasar unos días solos, separados de todo lo
cotidiano y diario. Todavía no vivían juntos, de modo que si pasar una noche
abrazados y dormir en la misma cama era todo un privilegio, pasar el fin de
semana sería algo grandioso. Para la ocasión su padre se estiró bastante y le
dejó el todoterreno, no era cosa de irse a la sierra con un Renault Clio. Hacía
mucho frío, eso sí, pero la cuestión era pasarse todo el fin de semana abrazados
el uno al otro dándose calorcito. Cuando estaban ya cerca de la casa en la que
pasarían el fin de semana empezó a nevar y hubo que ponerle las cadenas al
vehículo, pero llegaron al fin y al cabo.
Nada más entrar a Sara le pareció la casa ideal, un lugar donde le gustaría
vivir algún día. Sin llegar al extremo lujo, rebosaba buen gusto por todas
partes. El salón era inmenso y la gran chimenea en el centro llamó especialmente
la atención de Sara.
Mira, Fran, la chimenea... – Le dijo agarrada a su brazo.
Sí, ya lo sé... Sabía que te gustaría.
A Sara le encantaba hacer el amor a la luz y el calor de una chimenea, quizá
influenciada por alguna película que ya no podía recordar, aunque pocas veces
habían podido hacerlo. Aquel fin de semana podría. El resto de la casa estaba
acorde con la esplendorosidad de la planta baja. En el dormitorio principal, una
gran cama presagiaba deliciosos momentos de intimidad. Además, allí perdidos en
el monte, algo tendrían que hacer sin internet, teléfono o televisión, qué mejor
que profundizar en su relación?
Fran salió durante unos minutos al cobertizo para recoger algo de leña seca.
La chimenea era un poco anecdótica, pues de hecho en toda la casa había
calefacción central. Sara se dedicó a explorarla mientras su novio estaba en el
exterior. Todo se encontraba en orden y con una limpieza sólo rota por una fina
capa de polvo que evidenciaba el desuso. La casa era de los padres de un amigo
de Fran, el cual no le caía demasiado bien a Sara, aunque tampoco mal. En
invierno solían pasar allí los fines de semana, pues los padres de ese amigo
adoraban la montaña y esquiar. José, el amigo de Fran, solía ocuparla más a
menudo en verano y allí solían celebrar fiestas bastante a menudo.
Cuando Sara entró en el baño se quedó alucinada. Era digno de una suite en el
Ritz, por lo menos. Un gran jacuzzi, en el que fácilmente entrarían cinco
personas, era sin duda la estrella del cuarto. Se miró en el gran espejo que se
alzaba frente al lavabo. Sopesó sus pechos delante del mismo y se miró por
delante y por detrás, se arregló el peinado y se mantuvo embobada en sí misma
buscando imperfecciones a su cuerpo, cara o aspecto. Estaba ciertamente cansada
del viaje y le apetecía darse un baño relajante de burbujas en aquel jacuzzi,
dejando que el agua caliente acariciara su cuerpo. Accionó la manilla del agua
caliente y puso la mano bajo el chorro. Al principio salía fría como el hielo
pero tardó inusualmente poco en volverse templada y, posteriormente, caliente.
Reguló la temperatura del agua hasta que estuviera caliente pero no abrasante.
Mientras sentía el agua fluir entre sus dedos y caer por su mano, reparó en un
bote de champú. Era pequeño y tenía una forma ondulada que incitaba a pensar
cosas malas. Su tamaño reducido sin duda le daría una gran manejabilidad, y esas
ondulaciones debían resultar enormemente placenteras.
Casi sin darse cuenta, se había ido quitando la ropa, quedando sólo en ropa
interior. El agua caliente iba subiendo el nivel de la bañera. Desabrochó su
sujetador mojó sus pechos para habituarlos a la temperatura del agua. A pesar
del vapor que se iba acumulando en el baño y el evidente calor que hacía allí,
sus pezones se mantenían duros como si acabara de pasar un cubito de hielo por
ellos. Estiró el brazo y cogió aquel bote de champú. Lo destapó e inhaló una
suave fragancia de hierbas que aún la excitó más. Volvió a cerrarlo y con ambas
manos lo fue tocando, averiguando sus formas. No tenía picos ni zonas ásperas ni
nada que pudiera dañarla. Iba a ser un digno sustituto del vibrador que se había
dejado en casa en el cajón de su mesita de noche, oculto debajo de sus
braguitas.
Lo pasó por su pubis, todavía sin quitarse la delicada prenda de algodón, y
éste respondió satisfactoriamente elevándose unos centímetros en el aire para
mejorar el contacto. Sentía su cuerpo húmedo por el vapor que envolvía toda la
estancia y su propio coño se humedecía por si solo para equipararse al resto del
cuerpo. Sus ojos seguían centrados en aquel objeto de forma fálica mientras su
mente se convencía de lo que iba a hacer. Se deshizo de las braguitas y pasó una
mano por la zona. El vello recortado en un fino mechón encima de su rajita le
hizo cosquillas en la palma de la mano y su corazón pasó al galope cuando rozó
tímidamente sus labios vaginales.
Echó un poco de saliva por el bote de champú y la extendió con ambas manos,
como si estuviera masturbándolo. En un toque de locura, pasó la lengua por las
curvas del bote en una larga lamida. Ya estaba todo listo. Situó el bote a la
entrada de su vagina y dejó que la naturaleza obrara por si sola. La base era
una de las partes gruesas y se sintió al borde del orgasmo en cuanto entró por
completó. Siguió empujando con insistencia y otra ondulación del bote entró.
Cada vez se sentía más llena y tras la tercera y última ondulación hubo de hacer
una pausa para no terminar antes de empezar. El clítoris asomaba descarado
apoyándose en el objeto de plástico. Con dos deditos se lo acarició hasta quedar
nuevamente cerca del orgasmo. Ahora comenzaba el vaivén del improvisado
consolador. En ocasiones, cuando una ondulación salía y sus labios retornaban
lentamente a adaptarse al grosor de las partes intermedias, placenteras oleadas
de placer sacudían sus muslos. La mano derecha controlaba el ritmo del bote de
champú en su interior mientras los dedos índice y pulgar de la otra mano
castigaban su propio clítoris. El orgasmo estaba cerca, se iba a correr como
nunca antes. Su respiración se aceleró, sus músculos se tensaron...
Sara! No me oyes, corazón?
Fran abrió la puerta del cuarto de baño y vio a su novia Sara en estado de
trance, con la mano izquierda bajo el chorro de agua del jacuzzi.
Tierra llamando a Sara... Tierra llamando a Sara, nos recibe? – Bromeó.
Sara abrió los ojos y se dio la vuelta. Vio a su novio en la puerta,
gesticulando como si estuviera llamando por radio. Su ropa se mantenía donde
siempre y el bote de champú permanecía en la repisa junto a otros tarros de
aromáticas esencias y jabones. Mostró una amplia sonrisa mientras pensaba en la
mala jugada que le había gastado su mente. Fran se acercó y la abrazó por detrás
propinándole un beso húmedo y sonoro en la mejilla.
Esta casa es genial. Espero que trabajes mucho y me puedas proporcionar
una parecida – Dijo Sara.
Más que trabajar tendré que prostituirme.
Estás muy bueno, con un par de clientes seguro que conseguías dinero para
la entrada.
Sólo? Esto podría considerarse maltrato psicológico! Serás bruja!
Después de juguetear un poco regresaron al piso de abajo, donde se encontraba
la cocina, para preparar la cena, de la cual quiso encargarse Fran en solitario
en un principio pero al final Sara tuvo que acabar echándole un cable porque era
bastante patoso.
Comieron a la luz de las velas oyendo una dulce melodía de fondo, sólo
alterada por el tintineo de los cubiertos en los platos, el crepitar del fuego
en el hogar y el viento furioso que arremetía los copos de nieve contra las
ventanas. La tormenta del exterior era ajena a la tormenta que iba a desatarse
dentro de la casa. Entre miraditas y risitas nerviosas transcurrió la velada,
con bromitas y dándose de comer el uno al otro, alternando los bocados con
pequeños piquitos en los labios y suaves caricias entre sus manos.
Bueno Sarita, qué opinas de mi forma de cocinar?
Cómo? Pero si lo he hecho yo todo!
Pero las ideas eran mías.
Sí, claro...
Bueno, otro poquito de vino?
Me quieres emborrachar?
Claro, para luego hacerte cositas...
Uhmm, pero tú ya sabes que puedes hacerme cositas sin necesidad de
emborracharme – Le respondió sensualmente y guiñándole un ojo mientras
apuraba la copa.
Y que lo digas... por nosotros! – Dijo elevando la copa proponiendo un
brindis.
Por nosotros – Repitió Sara y bebieron.
De postre me habría gustado tener fresas con nata, pero no es la época.
Vaya, con lo bien que lo pasamos aquella vez!
No me lo recuerdes que no respondo de mí. Pero te he traído algo exótico.
Importado de Francia! Son como una especie de gominolas pero muy suaves. Me
dio una caja Sebas.
Y qué pinta Sebas con una caja de gominolas francesas?
Pues que su madre acoge estudiantes y le suelen llevar algún regalo.
Ya veo. Bueno, pues habrá que catarlas, no?
Se recostaron en el nidito de amor que tenían preparado a base de cojines y
almohadas en el suelo del salón en frente de la chimenea, él sentado debajo y
ella sobre él, su espalda contra el pecho de su novio. Fran podía de ese modo
acceder sin no demasiadas dificultades a cualquier zona de Sara y oler y
acariciar su pelo castaño lavado con algún tipo de champú aromático. Esta solía
ser una postura muy recurrida en casa de alguno mientras veían la televisión.
Ideal para hacer manitas sin que nadie los viera. Fran tomó una gominola
amarilla, presumiblemente de sabor limón y la colocó cerca de los labios de
Sara. Esta los entreabrió y acercó su boca para darle un pequeño mordisco y
finalmente comérsela entera, saboreándola.
Pues sí que están buenas.
Tanto como para chuparse los dedos?
Los dedos que habían sujetado el cuadradito dulce permanecían cerca de los
labios de Sara, la cual se acercó y los lamió lentamente, recuperando pequeñas
partículas de azúcar que habían quedado adheridas. Fran hizo que los dedos
entraran en la boca y Sara no se quejó en ningún momento. Tan sólo se limitó a
seguir chupándolos, moviendo su lengua lenta y sensualmente hasta dejarlos sin
sabor alguno.
Sí, están muy ricas. Fran, me oyes? – Giró la cabeza y lo vio con los
ojos cerrados -. Eeeeh!!! – Le gritó dándole un codazo.
Bufff, me has puesto cachondo.
Dame otra anda – Dijo entre risas.
Pero antes dame un beso.
Uhmm – Puso gesto pensativo -. Bueno, vale, pero sólo uno.
Inicialmente fue sólo un pico, pero luego su lengua se paseó por los labios
de Fran, humedeciéndolos con su saliva y poco después se metió en su boca hasta
encontrar su lengua, con la que estuvo compartiendo impresiones. Finalmente, sus
lenguas y sus labios acabaron por separarse nuevamente.
Me das ya mi gominola?
Eres increíble – Respondió Fran recuperando el aliento mientras rebuscaba
en la caja y tomaba otro cuadradito recubierto de azúcar, esta vez de color
rojo y se lo acercó a la boca, sujetándolos con los dientes –. Tómala.
Aunque innecesariamente, Sara recorrió con su lengua los bordes de la boca de
Fran antes de dar un mordisco al dulce y recogerlo en su boca, donde se limitó a
juguetear con él mientras se deshacía el azúcar y la gominola disminuía de
tamaño. Entonces se la devolvió a Fran en otro jugoso beso en el que se
entremezclaban el dulce y ambas lenguas.
Al rato cambiaron los papeles y fue Sara quien iba cogiendo las chucherías.
Tomó una y la introdujo sensualmente en su boca, saboreándola sin masticar hasta
disolver el azúcar. Después se dirigió a Fran:
Creo que puedo hacerla más dulce.
Ah, sí? No lo creo.
Quieres que nos apostemos algo?
Vale – Contestó tras pensarlo un poco.
Bien, si consigo que sea más dulce, tendrás que hacerme el amor durante
toda la noche.
Vaya! Y si gano yo?
Puedes pedirme lo que quieras.
Incluso hacerte el amor toda la noche?
Qué, aceptas?
Claro, es una apuesta segura.
Dejó entonces la chuchería en la punta de su boca, sujeta con sus labios. La
tomó delicadamente con dos dedos y lentamente la bajó hacia su vientre mientras
con la otra mano levantaba el pantalón y su ropa interior. Desde arriba Fran
pudo atisbar ligeramente el dulcísimo coñito de su novia, ahora ya sabedor de
que había perdido la apuesta. Sara se restregó contra su vagina e incluso llegó
a introducir la gominola. Unos segundos después, la sacó y se la ofreció a Fran,
el cual la saboreó largamente hasta dar su opinión.
Y bien?
Sabe a pescado. A... salmonete fresco – Respondió soltando una carcajada,
intentando cabrearla.
Serás cabrón!!
Que no, que no, en serio, está muchísimo mejor, dónde va a parar! Si los
franceses supiesen esto te contrataban para endulzar sus vidas.
Bueno, pues entonces tienes una apuesta que cumplir...
Claro. Resignado la cumpliré, no creas.
Ya lo sé. Pero como soy muy mala, muy mala te obligaré a que la cumplas.
Qué mala que es mi niña...
Y dejaron las palabras a un lado para dejar que las lenguas hicieran otra
cosa. Sus manos hacía ya tiempo que estaban saciadas de tocar sus pechos, pero
aun así no pudieron refrenarse cuando quedaron a la vista cubiertas tan sólo por
aquel sujetador de color negro que él mismo le había regalado en su aniversario.
Le quitó los pantalones para comprobar que, efectivamente, también llevaba las
pequeñas braguitas a juego. Fran permanecía recostado, con Sara sobre su pecho y
la cabeza vuelta hacia atrás de forma inverosímil compartiendo sus fluidos. Su
mano izquierda la sujetaba del pecho y la derecha masajeaba en círculos el pubis
de su novia sobre las braguitas, empapándolas poco a poco de su esencia, aquel
fluido tan dulce que había recubierto la última gominola que se había comido.
Los ojos de Sara se mantenían fijos en el fuego que alumbraba y calentaba la
estancia mientras Fran toqueteaba sus pechos y su monte de venus. La lentitud y
la sensualidad fueron poco a poco dejando paso a la pasión y el desenfreno. Sus
besos eran cada vez más apasionados y alocados. Sus manos apretaban las tetas de
Sara con inusitado entusiasmo. Ésta, excitada ante tales caricias, comenzó a
jadear ligeramente y sus bocas se fueron separando. Fran se dedicó entonces a
besar e, incluso a veces, morder el cuello de su novia. El castigo al que le
estaba sometiendo hacía a Sara salirse de sus casillas, deseando pasar a
mayores.
Los jadeos de Sara se mezclaban con el crepitar del fuego y la tormenta de
fuera, espoleando a Fran para que agitara su mano más deprisa en su vagina.
Varios dedos en su interior peleaban por arrancarle el primer orgasmo de una
larga noche pasional mientras Fran, con la mano izquierda, acariciaba
superficialmente su pecho causando un cosquilleo agradable a la par que
excitante. La diferencia en el ritmo era escalofriante y Fran pudo sentir pronto
las convulsiones de los músculos de la vagina de Sara, apretándole los dedos en
su interior. Durante unos segundod se mantuvo rígida mientras su vagina se
agitaba enloquecida esparciendo la sensación del orgasmo por todo su cuerpo. Al
ratito se derrumbó encima de su novio, con los ojos cerrados y una brillante
sonrisa. Fran acercó su mano con los dedos embadurnados del flujo de Sara a los
labios de ésta y le susurró:
Esto también está para chuparse los dedos, abre la boquita.
Sara entreabrió sus labios y dio cobijo a los dedos húmedos de su amante.
Todavía recuperándose del orgasmo, lamió sin demasiado entusiasmo recogiendo sus
propios jugos con su lengua. Fran cambió su posición dejando a Sara acostada
sobre los cojines y situándose a las puertas de la cálida cueva de aquella
espléndida mujer. Cuando se percató por su cara de que estaba casi recuperada
del primer orgasmo, separó con suavidad los labios mayores de la vagina y aplicó
una lamida lenta, húmeda y larga de arriba abajo, terminando con un leve
toquecito en el clítoris. Sara levantó la cadera instintivamente para no perder
tan maravilloso contacto. Aquella lengua volvió a repetir el mismo
procedimiento, una chupada lenta hasta casi exasperar a quien la recibía, unas 5
o 6 veces, haciendo vibrar todo el cuerpo de Sara hasta que finalmente, en un
momento en que Fran martilleaba el clítoris de su chica, ésta se corrió
irremisiblemente, quedando exhausta tras esto.
Fran se acarició la verga de arriba abajo, extendiendo sus fluidos
preseminales y mezclándolos con los fluidos vaginales de su novia. Sara
permanecía en el suelo tumbada y con las piernas abiertas, esperando expectante
al tiempo que recuperaba el aliento. Fran se situó entonces encima de Sara y la
llenó de besos mientras con una mano situaba su pene a la altura de la cálida
cueva. Apoyó el glande sobre los labios y el clítoris se vio ligeramente
presionado. Sara mantenía los ojos cerrados y una mueca de placer alumbraba su
rostro. Con empujes suaves y rítmicos fue introduciéndose cada vez más adentro,
disfrutando con el pene desnudo los repliegues y vibraciones de aquella vagina,
privilegio éste, obtenido con varios años de fidelidad.
En ese momento Sara abrió los ojos y vio a su novio encima suyo, bombeando
con parsimonia. Las luces y sombras proyectadas por la chimenea danzaban en su
cara, cambiando a cada segundo. También ella empezó a mover su cadera al compás
consiguiendo penetraciones más profundas, si cabe. Así se mantuvieron por largo
tiempo, con penetraciones lentas y profundas, sensitivas y sensibles,
compartiendo besos y caricias, demostrándose el amor el uno al otro mientras el
pene de Fran invadía con vigor y firmeza la vagina de Sara con la regularidad de
un reloj.
Pero el cuerpo humano tiene un límite y esta sesión inagotable de buen sexo
tenía que acabar. Fran no pudo postergar mucho más el final y mientras utilizaba
una mano para aumentar el placer de Sara desde el exterior, sus penetraciones se
fueron acelerando y endureciendo. Finalmente, cuando tenía la polla
completamente fuera, dispuesta a entrar hasta el fondo en un gran colofón,
perdió el control y un primer lecherazo impactó sobre el coño abierto y húmedo
de Sara. Aun así, la introdujo en su interior para poder terminar de descargar
en condiciones.
Descompuestos y agotados por el placer, tumbados uno junto al otro, se
dirigieron una mirada cargada de sentimiento que no requería refuerzo verbal
pero que Fran acompañó con un "Te quiero" susurrado mientras apartaba el pelo de
la cara de Sara para poder verla en todo su esplendor. Permanecieron callados
durante unos minutos, tan sólo regocijándose en su placer, mirándose a los ojos
y, ya de paso, recuperando el aliento perdido durante la última hora.
Compartieron un tímido beso en los labios, un piquito que podía explicar mucho
más que un morreo pasional. Mientras se levantaban, Fran reparó en los goterones
que adornaban el pubis de Sara, cuya fina capa de vello se mostraba impregnada
de espeso semen.
Estás para hacerte una foto.
No seas cerdo – Le replicó pasando la mano por su pubis y limpiándolo en
parte.
Lo digo en serio, me parece muy erótico.
Ah, si?
Sara alzó la mano pringosa por el semen de su novio y le acarició la cara
dejándole también impregnado por su esencia.
Muy graciosa – Sara no paraba de reírse.
Muy, muy graciosa – Su tono de voz intentaba mostrar enfado, pero le era
casi imposible ocultar la carcajada.
Vamos al jacuzzi.
No me cambies de tema – Sara se levantó y salió corriendo -. Ven aquí, ya
verás cuando te pillé.
Dejando atrás el salón completamente desordenado, se dirigieron al piso
superior. Fran aprovechó la situación para irle tocando el culo a Sara mientras
ésta se reía y corría desnuda escaleras arriba hacia el baño.
Mientras Sara regulaba la temperatura del agua, Fran aprovechó para magrearla
desde atrás, prestando especial atención a sus senos, cuyos pezones se mantenían
erguidos y más sonrojados que de costumbre. El jacuzzi se iba llenando y Sara,
para evitar las molestas caricias, mandó a Fran a por algo de beber. Cuando éste
regresó con dos copas y una botella de cava, Sara ya estaba dentro de la
peculiar bañera disfrutando del agua caliente y burbujeante. Fran sirvió las
copas y se introdujo en el baño exhalando un suspiro de placer cuando el agua
cubrió sus genitales, notando un cierto alivio después de la tensión mantenida
durante el coito.
Esto es de lujo. Nunca pensé que fuera tan gratificante.
Uhmm, ya te digo. Estoy como atontada.
Fran cerró los ojos y se dejó llevar por el relax de la situación. Sara por
su parte pensaba en lo maravilloso que estaba resultando todo y en todo lo que
quería a su novio. Abrió los ojos y le vio justo enfrente. Sus piernas se
entrecruzaban bajo el agua. El vaho inundaba la estancia y sintió su cuerpo más
caliente que nunca. Apuró su copa y comenzó a mover sus pies, situándolos en la
entrepierna de Fran, a ambos lados de su polla flácida. Comenzó a acariciarla
torpemente con su pie derecho y advirtió un rápido cambio. Bajó una mano para
acariciarse su chochito, que también pedía atención en esos momentos, aunque
tuvo que dejarlo al poco rato porque perdía demasiada estabilidad, así que se
dedicó a jugar con sus pies.
Fran permanecía con los ojos cerrados pero su expresión era de un placer
total. Su miembro se encontraba ya completamente duro y era acariciado
sutilmente por los delicados pies de su amada. La maestría de Sara con sus
extremidades inferiores era inaudita y ella misma estaba sorprendida. El pie
izquierdo se mantenía bajo los huevos sujetando a estos y proporcionando a la
vez un punto de apoyo al pie derecho, que recorría todo el mástil por un lado y
por el otro tanto con el anverso como con el reverso. Sin embargo, sería difícil
hacerle terminar sólo con eso, por lo que pensó en cómo podría llevarlo más
cerca del orgasmo.
Así, juntó los talones y formando una especie de canuto entre ambos pies,
comenzó a moverlos como si le estuviera haciendo una paja. El grado de
excitación de Fran aumentó, pero no lo suficiente. Ya, por último, optó por un
ataque definitivo. Utilizó los dedos de su pie derecho para asirse al glande
duro y grande en que acababa el miembro. Y estuvo presionando y moviendo durante
un rato. Fran cambió por completo su cara e hizo ademán de abrir los ojos pero
Sara le pidió que no lo hiciera hasta que no fuera a terminar. Así estuvo
durante unos minutos pero cada vez las ganas de correrse eran mayores. Cuando
por fin estuvo listo para hacerlo abrió los ojos y miró a Sara, la cual juntó
sus morritos mandándole un beso y le guiñó un ojo. Fran explotó y se corrió bajo
el agua. Una extraña sensación le inundó mientras lo hacía. De algún modo, el
mismo agua abrazaba su pene entre las burbujas y lo seguía masajeando mientras
expulsaba los últimos chorritos de semen. Esbozó una sonrisa y miró a Sara.
Dónde demonios aprendiste eso?
Ahh... no recuerdo – Confesó pícaramente.
Ya, ya... veamos si consigo que recuerdes algo más.
Veamos – Aceptó el reto insinuantemente y con el dedo índice le hizo un
gesto para que se acercara.
Fran se movió y se situó a su lado. Ella estaba en tal posición que las
piernas habían quedado totalmente abiertas y cuando él se acercó, las cerró
entorno a él. Rápidamente, una mano se apoderó de su necesitado chochito y el
dedo corazón comenzó a agitarse de forma endiablada. Sara le miraba
sensualmente, mordiéndose los labios o relamiéndose, mientras éste la
masturbaba. Uno de sus pezones era apretado y pellizcado continuamente por la
mano que a él le quedaba libre. Tras cinco minutos de intensa masturbación acabó
corriéndose con algunos dedos de su novio en su interior. Pero para su sorpresa,
Fran la aupó al borde del jacuzzi y comenzó a comerle el coño ávidamente,
manteniendo su excitación en vilo. La lengua alborotaba los pliegues de sus
labios y chocaba con el clítoris en rápidos movimientos. Un dedo se escurrió en
su interior, acariciando las paredes vaginales con suaves toquecitos. El
clítoris fue atrapado entre los labios de Fran y la lengua comenzó otro agitado
traqueteo. Lo soltaba en ocasiones y luego volvía a cogerlo tras dar un par de
lengüetazos largos por todo el coño. Siguiendo con la misma táctica, consiguió
que tuviera tres orgasmos más. Ya casi no podía más pero hizo un último esfuerzo
para arrancarle el último de la noche. Ayudándose para esto de la excitación
anal. Un dedo en cada orificio y la lengua loca por todas partes y, sobre todo,
en la hermosa perla de Sara.
Este último orgasmo la hizo derrumbarse encima de Fran en un grito mudo
mientras éste notaba que su mano que había permanecido junto al coño de Sara, se
mojaba copiosamente de un líquido caliente y liviano como el agua. La excitación
había sido tal que el cansancio se apoderó de ella, no pudo contener su vejiga y
se orinó completamente encima de él. Avergonzada y con su cabeza apoyada en su
hombro le susurró al oído:
Lo siento.
No te preocupes.
Se me ha escapado, ha sido sin querer.
Ya lo sé.
No debí beber tanto.
No tiene importancia.
Una vez fuera del baño, ya secos, se marcharon a la habitación con la gran
cama de matrimonio aunque, al menos por esta noche, no iba a ser testigo de
juegos amatorios. Fran se metió desnudo, demasiado cansado como para ni siquiera
intentar vestirse. Por su parte, Sara sacó un corto camisón de color rosa que
sintió acariciar su piel con agradable frescor cuando se lo puso. Fran observó
atentamente todo el proceso y cuando ella se metió en la cama se abrazaron.
Si pudiera te echaba otro.
Si pudiera te echaba de la cama.
Buenas noches cariño.
Te quiero. Buenas noches.