Nunca imagine que pudieras ser una mezcla tan explosiva para
mí, eres todo lo que odio y amo a la vez, no soporto tu carácter, pero a la vez
lo adoro, no aguanto tus borderias, pero a la vez las extraño, no me gusta que
vayas de duro, de autosuficiente, pero a la vez me atrae.
Te he visto llegar, desnudarte ante los rayos plateados de la
luna y mirar si yo dormía, y aunque lo he fingido, no es así, te estaba
esperando, sabía que volverías, que en el fondo me deseas tanto como yo a ti,
que odias y amas mi forma de ser, porque en el fondo somos más parecidos de lo
que tu crees.
Destapando parte de mi cuerpo desnudo, te he hecho un lado en
la cama, invitándote a acercarte a mí, a acariciarme, a besarme, a amarme. Pero
tu orgulloso, simplemente te has acostado dándome tu espalda, pero te has
equivocado pensando que me ganabas, aproximando mi cuerpo al tuyo, he rozado mis
muslos con tus nalgas, acariciándolas levemente, he rozado tu espalda con mis
pechos, dejándote sentir la excitación de mis pezones al sentirme cerca de ti,
he besado con mis ardientes labios tu nuca. Mientras que tu has permanecido
inmóvil, indiferente, y mi aliento se ha acercado a tu oído y susurrando te he
dicho:
Te odio
Alejándome de ti, he notado la frialdad de las sabanas,
girándome, he dejado que el aire separe nuestros cuerpos, y aunque deseo
sentirte y amarte, no volveré a girarme, no hasta que aprendas que tu
pensamiento no puede controlar tus sentimientos.
El tiempo pasa y tu racionalidad me mata, ¿ tanto miedo te
doy, que prefieres huir de mí a afrontarme?
En silencio me levanto y visto mi cuerpo, dejo que la
suavidad de mis bragas de seda recorra la forma de mis piernas hasta llegar a mi
sexo y acariciarlo como tu no lo has hecho, dejo que mis téjanos viejos cubran
con la poca rigidez que les queda la suavidad de la seda, mientras que tu
camiseta negra cubre el color canela de mis pezones.
Recojo algunas de mis cosas y bajo hasta el salón, abro la
puerta de casa, pongo un pie en la puerta y salgo, pero no, vuelvo a entrar, no
es justo, cierro la puerta de un golpe y me siento a oscuras y en silencio en el
sofá, me he descalzado los pies y echa un rebujillo me siento enfrente de la
ventana contemplado nuestra foto que gracias a la luna llena se ve perfecta.
Pienso durante un rato mientras te oigo dar vueltas en la
cama, sé que no estás dormido, que la incertidumbre de saber si me he ido o no,
te come, espero un rato más, ya no te oigo, pongo mis pies en el suelo y
descalza subo hasta nuestra habitación, abro la puerta y te giras de golpe
haciéndote el dormido, me desnudo en el marco de la puerta tirándote la ropa a
tus pies, quiero que sepas que te he visto, que se que estás despierto.
Lentamente me acerco a ti, tengo espacio de sobras para
acostarme, pero decido dar la vuelta y ponerme enfrente de ti, obligándote a
mirarme, a moverte de sitio para hacerme un lugar, pero tú, tozudo, permaneces
con los ojos cerrados, ya no puedo más, me pongo a los pies de la cama y estiro
de la sábanas de golpe dejándote desnudo ante mi, te incorporas para mirarme
fijamente a los ojos con un filo de odio, me ves con la sábana tapándome a modo
de vergüenza parte de mi cuerpo, pero la suelto, quiero que me veas bien, quiero
que sepas que te desafío con todas mis fuerzas y que voy a conseguir lo que
deseo.
Apoyando mis manos en la cama me inclino hacía ti, mirándote,
como si una gata fuera, me acerco lentamente a ti, mientras que separo tus
piernas con mis piernas y me coloco entre estás, paso mi pecho acariciando cada
poro de tu piel, oliendo cada centímetro de está, mientras que tu permaneces
quieto, inflexible, te cojo de las muñecas y las estiro hacía los lados
obligándote de esa manera tumbarte, dejándome a mi el control de la situación,
haces fuerza para liberarte, pero mis labios se posan en tu cuello, lo muerdo,
un quejido sale de tu boca y como si de un veneno se tratase, te quedas quieto,
dejándome saborear parte de tu cuello, poco a poco aflojo mis dientes para pasar
mi lengua y aliviar tu dolor. Abro mis piernas rodeando tu cintura y las aprieto
en forma de pinzas.
Noto tu sexo duro y caliente cerca del mío, cierro los ojos
por un instante, no, los vuelvo abrir, esta vez seré yo la que controle, no
pienso dejarme llevar por ti, por tu cuerpo, por tu respiración acelerada, por
tus labios, por tu mirada, no, quiero que seas tu el que se deja llevar y
disfruta de mi sin pensar.
Beso tus labios cerrados que poco a poco se abren ante mí,
entrelazando nuestras lenguas, con pasión, con deseo, con lujuria, me muevo
encima de ti, en forma de círculos y puedes percibir la humedad de mi sexo, la
excitación de mi cuerpo, levantas tu pelvis hacía la mía, intentando buscar mi
entrada pero no te dejo, separo mis caderas de las tuyas, bajo besando
lentamente tu pecho, me entretengo en tus pezones, los lamo, los muerdo hasta
ponerlos erectos y los abandono, para seguir bajando hacía tu falo.
Paso mi lengua por tu glande ofreciéndole un lametón, y un
suspiro de boca, me da la aprobación, jugueteo con mis dientes por su alrededor
intentando no lastimarte, hasta que tu mano derecha se libera y acerca mi boca
hasta ella, acabas de cerrar tus ojos, mientras que me invitas a lamer, a
besarla, a succionarla suavemente y a tocar el cielo del paladar con está, pero
quieres más, tu respiración es mucho más entrecortada que al principio, tus
gemidos más sonoros y tu ritmo más acelerado.
Su dureza invade toda mi cavidad bucal, me dan ganas de
morderla, pero sé que eso no esta bien, que el dolor no es tu fuente de placer.
Tu cuerpo se tensa y ella se endurece enormemente, estás apunto de venirte y me
separo de ti, subo hasta tus labios los lamo y paso mis pezones erectos entre
ellos, como un salvaje te aferras a ellos succionándolos fuertemente, mientras
que con la ayuda de tu mano, consigo seguir masturbándote, pero no es eso lo que
quieres, me apartas la mano de tu falo y me aprietas contra ti, clavándome toda
tu dureza en mi sexo de un solo golpe, abrazándote a mi cintura mientras me
posees y me besas los pezones, y buscas mi mirada que se cruza con la tuya, y
una explosión de leche caliente inunda mi interior.
Te relajas en la cama y yo sacándote de mí, te susurro al
oído:
Ahora me olvidaré de ti.