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Fecha: 17-May-12 « Anterior | Siguiente » en Dominación

Desvirgando el culo de mi perro

tuama66
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; con las muñecas unidas a sus tobillos por ataduras de nudo marinero que cuanto más tiras más aprietas; despatarrado de piernas sin llegar su culo al suelo pues tenía los huevos colgando tan rojos de mis manotazos que de seguro que si los rozaba contra el plástico sobre el que estaba, le dolían; y esa cabeza agachada, agotada de soportar mis tirones de pelo, pues cuando me follo ese culito prieto que tiene con los dedos, me gusta tirar de su pelo hacia atrás para que me exponga el cuello y morderlo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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DESVIRGANDO EL CULO DE MI PERRO

Desde luego hoy estoy contenta, ayer mi perro nuevo se portó estupendamente. Le hice correrse tres veces y aún teniendo en la última la polla casi despellejada de tanta fricción entre hacérselo con la mano, con la boca y con mi coño y culo, en esa última todavía me regaló un par de buenos lechazos.

Pobrecito, cuando acabé por fin con él, jadeaba como un auténtico animal, y apenas un toque de mi mano en los huevos, le hacía gemir. En el salón arrodillado, con una bola en la boca para morder, pues alguna vez rabia por el trato recibido y así muerde en blando; con las muñecas unidas a sus tobillos por ataduras de nudo marinero que cuanto más tiras más aprietas; despatarrado de piernas sin llegar su culo al suelo pues tenía los huevos colgando tan rojos de mis manotazos que de seguro que si los rozaba contra el plástico sobre el que estaba, le dolían; y esa cabeza agachada, agotada de soportar mis tirones de pelo, pues cuando me follo ese culito prieto que tiene con los dedos, me gusta tirar de su pelo hacia atrás para que me exponga el cuello y morderlo.

Me encanta exprimirles hasta la última gota de lo que su cuerpo tiene para mí. Me encanta sacarles el placer a manotazos, desde los pies hasta la cara, pasando por cada centímetro de piel que me ofrece su desnudez. Abdomen, axilas, glúteos, piernas, brazos, cara, pantorrillas....., mis manos se lanzan a estrellarse contra esas paredes de piel caliente, aunque tampoco le hago ascos a una fusta o a una buena regla de las que usábamos cuando íbamos al colegio; y estos objetos, los encuentro necesarios para descansar mis manos.

Después del trabajo he ido a una tienda de perros y le he comprado un collar y una correa. Se lo regalaré hoy. Sí, también he pasado por la sexshop. Jackson, el dependiente ha vuelto a tirarme los tejos, por supuesto. Ese cabrón, dice que quiere darme a probar de mi propia medicina; será puñetero... Que seguro que me cambio de rol al primer roce de su látigo sobre mi espalda. Jeje. Es un dom por pasatiempo, pero sé de buena tinta que hay un par de clientas que se las cepilla al estilo vainilla en la misma tienda y que las hace mamársela detrás del mostrador. Le va el exhibicionismo, y yo de eso paso.

Sí, estoy preparada, y lo tengo todo preparado. Me he disfrazado, con uno de esos corsé de plástico, que pica la madre que lo parió, pero sé que le va a gustar. Hoy voy a dar a mi perrito una de sus fantasías, aunque por supuesto él nunca me la ha pedido. Y además hoy será un día muy especial porque voy a desvirgar su culo, mi culo, pues todo su cuerpo es mío. Sí, ese agujero fruncido, que da tanto gusto cuando se sabe qué hacer con él. Me lo he follado sí, pero siempre con uno o dos dedos. Hoy he comprado un arnés, con polla de plástico, muy bonita, de color rosado, jeje; y tiene un tacto suave. Con un poco de lubricante, entrará sin dificultad, y de sólo pensar que hoy será su primera vez, hace que mi espalda se tense y mi clítoris palpite de excitación.

Estoy a la puerta esperando y con el collar de perro en mi mano me rasco como puedo los pezones que se irritan ante la tela de plástico. La correa en la otra mano, el arnés escondido bajo uno de los cojines del sofá de la salita. No quiero que lo vea, quiero que lo sienta, su primera vez quiero que sea a ciegas, así su vergüenza (que la tiene y mucha) y su temor, se verán mermados o quizás serán mayores, qué más da.

Ya llega, siento la puerta del ascensor, abrirse, cerrarse. Sí, son sus pasos de perro agotado después de todo el día de ganarse el salario, el respeto y los "gracias" de toda la gente que atiende. La llave en la cerradura, la puerta que se abre, y la mirada pasmada de mi perrito, valen todos los picores del mundo. Se ha quedado sin habla, sin ladrido, sin su "buenas noches, ama". Joder, sus ojos se han abierto tanto que, madre del amor hermoso, parecen querer salir a tocar lo que ven por si solos, sin cuerpo que los acompañe. Como no cierre los párpados, se le van a caer.

Bueno, yo seria, a lo mío, pues mi nuevo perrito se lo merece.

- ¿No me saludas, perro? .-Seria, es decir poco, cómo me está viendo él.

- Oh, Ama, lo siento, de veras, es que yo me......... Si, bueno, es que.........

Lo miro más fría si cabe, pues ese desconcierto que me divierte tanto, no está dentro de su rol, pero pobrecito es novicio. Seré buena.

- En posición, perro. - Y sin más cambia la expresión, de su cara, de su cuerpo entero; aún vestido, separa las piernas, las manos en la nuca, cabeza mirando al techo, y todo el cuerpo en tensión, esperando por mi. Sí, qué sensación saberse dueña de tal exhibición de hombría, pudiendo hacer con ella cualquier perrería; placer, dolor, orgasmo y humillación.

Me acerco hasta rozar su cuerpo con el mío. Díos, los tendones de su cuello que asoman por su camisa parecen cuerdas de violín en pleno vibrato; de la arteria que ofrece se distinguen los golpes veloces de un tambor, un corazón; y suena el aire que inhala a bocanadas cortas cuando pasa por su garganta.

Levanto el collar de perro y con delicadeza se lo pongo y cierro la hebilla. La nuez de adán a subido y bajado varias veces al sentir el contacto de mis dedos. Ahora engancho la correa en la anilla y la dejo colgado. Paso despacio y tiento con mis dedos, la piel del cuello mientras acaricio el cuero del collar de perro. Jesús, todo su cuerpo tiembla, todo él vibra en una sinfonía de excitación, y ha provocado que mis jugos resbalen por mis piernas. Después se las haré limpiar, ahora quiero jugar.

Ayer me dio lo que le pedí, quizás hoy, jugando con su fantasía, me dé lo que necesito.

Y un par de pasos hacia atrás doy para poder contemplar el juego.

- ¿Acaso, te has quedado sin lengua, perro? ¿No tienes nada que decir, o ladrar?

- ¿Ama, puedo hablar? - Su voz suena a resuello, entre la excitación y la postura del cuello.

- Vamos, perro, sabes que nunca te quité el permiso para hablar. Sin cambiar de postura, solo baja la cabeza para mirarme y dime, habla.

- Ama, yo.... yo, este perro sumiso, si usted me dejase, lamería sus pies, lamería sus manos....., yo, yo no sé cómo expresar.....- pero su ojos apenas me han mirado, pues siente vergüenza por saberse tan excitado.

- Basta, ya está bien. - Me acerco, paso mi mano por su pelo, y le digo despacito de nuevo- Basta, ahora desnúdate, aquí mismo. Después ven a buscarme.

Me encuentra en la habitación grande, pegada mi espalda al espejo de cuerpo entero, el único de toda la casa. No es aquí donde pienso follármelo, pero hay un ejercicio que quiero hacer antes. Oh, está espléndido, tan grande, tan desnudo, tan entregado, con ese collar y la correa que se balancea con el caminar.

- En frente de mí, perro, arrodíllate.- Y él lo hace sin un mal gesto, con las piernas abiertas y los brazos aún detrás de su cuello. Me aparto del espejo, me sitúo a su espalda, y cojo la correa en mi mano; de tal manera que ahora cuando mire de frente se verá como un auténtico animal, como un perro; pero lo más excitante para mi, es que es un perro humano.

- Mírate, mírate en el espejo. Dime, qué ves? - A levantado la vista titubeando pero esos ojos, han vuelto a abrirse tanto como antes. No hace falta que me responda, pues su polla, antes ya erecta, ahora gotea sola.

- Ama, yo..... Dios, soy un animal, un animal a sus pies. Ama.... déjeme... - E intenta darse la vuelta, pero yo con la mano le agarro del pelo y tirando le devuelvo a su posición.

- No, perrito, no. Te moverás cuando yo quiera, sigue mirándote..... y ahora levanta la vista y por el espejo mírame a mí. - Lo hace, me mira y su polla da saltitos con cada respiración. Ve en el reflejo del espejo como tiro de la correa hasta dejarla tensa. Como sonrío devolviéndole la mirada y de repente siente un latigazo de la correa en el culo expuesto. Las caderas se le han adelantado, la polla ha follado el aire, y las nalgas se han apretado. Otro latigazo de correa, recibe la otra nalga, con el mismo resultado. Y otro más, y otro más.

- Ésto, por no haberme saludado correctamente. -Y tirando de nuevo de la correa.- Vamos, ponte en pie, las manos sobre el espejo.

Es tan grande este perro, que ha dejado de verse mi reflejo en el espejo. Me pego a su cuerpo por detrás, mis caderas, mi pubis, se frotan contra sus nalgas; mis pechos, contra su espalda; mis manos, suben y bajan por sus costados. Paso la correa hacia delante y el asa lo meto por su polla, que es mía, y la cojo con mi mano para masturbarle; primero suavemente, después acompaso mis caderas empujando las suyas para follarme la mano más rápidamente. El ritmo se ha acelerado y follo mi mano con su polla y con mis empujes desde atrás; el gime, y gime, y gime más, para de repente separarme del todo de su cuerpo, sin nada de contacto.

- Aaaah! No... Ama, por favor.....

- No, perrito aún no. A cuatro patas, y ven conmigo. - Le cojo de la correa y tiro. Es la hora, para mi perrito, es la hora de perder el virgo anal.

Llegamos a la salita, él me ha seguido a cuatro patas, como un perro, como mi perrito; y me he fijado que su polla ha dejado rastro de goteo por el pasillo. Está más que excitado, su fantasía se está cumpliendo, pero al fin me dará lo que quiero, o al menos eso espero, pues tiene su palabra de seguridad para parar esto, y con la palabra dicha se acabó la fantasía y la realidad.

- Vamos, perrito, échate en el suelo, sobre tu espalda. Pon ese cojín debajo de tu culo. Acerca tus muñecas a los tobillos. -Lo ato como un pollo, me gusta. Tobillo junto a muñeca del mismo lado, y enrollo la cuerda hasta unir rodilla con codo. Oh, siiiií. Me encanta verlo así, tan frágil, tan expuesto, tan grande, tan..... humillado. Sus ojos se han cerrado.

- Abre esos ojos, mírame.

Mis muslos están empapados de mis propios jugos que rezuman solos y solo por el placer visual. Nunca se ha visto él mismo así, quizás alguna vez lo imaginó mientras se hacía una paja, pero ahora lo siente en su propio ser, y creo que aún no sabe si vive o si sueña. Y yo sintiendo su placer, gimo a mi vez. Sus ojos, parpadean continuamente; su respiración es superficial; su boca entreabierta; a veces, sin previo aviso, todo su cuerpo tiembla; su polla, mi polla, salta, lagrimea, gotea en un río casi continuo; sus testículos se contraen, aprietan. Y con esa visión mi coño destila placer por la piernas.

Me agacho y cojo la correa. Me arrodillo con su cabeza entre mis piernas y le digo "saca la lengua, lame mi coño, límpiame bien", mientras tiro de su correa. No puede usar sus manos, así que tirando de la correa y dejándome bajar me va lamiendo, chupando, follando con esa lengua que tiene y que sabe utilizar; siiií, muevo mis caderas, me follo su lengua, su nariz, su cara. Dios! esa polla enfrente de mí, me reta y le doy un manotazo que hace que mi perro, con la cara enterrada entre mis piernas, gima. La vibración del gemido me ha subido a la cresta, "jooder, sigue, perro sigue"; y otro manotazo a la polla le sigue, solamente para hacerlo gemir, y otro más para hacer que cabalgándole la cara me corra. "Siiiií, asssiiiiii, yaaaaaaa,.......joder" Uhmmmm, qué gusto Dios, correrse en la cara de un perro humano. Bajo mi cabeza, me retiro hacia atrás para ver que su cara está roja y mojada de mi placer, y lamo esa cara que me mira con....... no sé. Le meto la lengua y me pruebo en su boca para retirarme mordiéndole el labio inferior.

Cojo aire, me relajo, espero a que mi respiración se recupere, mientras miro esos ojos que me observan. Es la hora. Debajo del mismo cojín donde escondo el arnés también tengo un foulard mío. Lo saco y enseñándoselo le digo:

- Levanta la cabeza, perro. - Y le vendo los ojos, comprobando que no ve pues le he dado un tortazo y no ha sabido por dónde ha venido mi mano y así su cara no se ha resistido. Saco el arnés y me lo pongo, es sencillo. El lubricante, también, extiendo un poco por la polla de plástico y froto. Jeje, me estoy haciendo una paja, qué gracia.

Bien. Sí. Ahora. Espero que me dé sin remilgos lo que necesito.

- Bueno, perrito. ¿Recuerdas tus palabras de seguridad?

- Sí, Ama. Uso el semáforo. Si digo verde, todo correcto; amarillo, estoy a punto de desobedecer o para correrme o porque puede que se rompa algún límite; y rojo, rojo Ama, significa que se acabó el juego, la fantasía y la realidad.

Es un perro listo, se aprendió esta regla mía, en un momento. A los novicios, no les pido una palabra de seguridad, yo soy la que impone la regla del semáforo pues yo cuido de mis perros y no quiero inutilizarlos. Extraigo mi placer de ellos, ¿por qué iba yo a querer romperlos?

Está nervioso, su respiración agitada, la boca entreabierta, las piernas y brazos atadas tiemblan un poco y esa polla de él, mía, nuestra, hoy libre sin ataduras, rezuma un río de placer por su abertura. Un dedo mío recoge una muestra y se lo meto en la boca para que pruebe su propio sabor y se la follo despacio, un poco. Lo saco y lo dirijo a su virginal entrada anal, y empiezo a frotar, a hacer círculos, a casi apenas penetrar. A mi perro le está gustando, sí, gime despacito y aún acompasado. Y yo mentalmente gimo con él.

Arrodillada ante la visión de un perro humano atado, ciego y con mi dedo frotando su entrada virginal, apenas me toco, me rozo y me corro. Siiiií, joder, me está dando lo que quiero, ha sido un orgasmo pequeñito, placentero, residual. Pero, Dios, si ahora estoy así, qué me pasará después.

Al primer dedo que ya entra hasta la primera falange, se la unido un segundo dedo y algo de lubricante. Mi perro ya está acostumbrado a esta penetración, le gusta, y su polla responde a ello. Los dos dedos entran y salen, penetran perfectamente y rozan una próstata que ya está inflamada. Mi perro gime de placer, inhala y exhala mucho aire. Los dedos hacen tijera y se abren para dilatar más esa entrada y con más lubricante entra un tercer dedo. Despacio, me digo, despacio y le dará placer. Eso quiero. Saber que soy yo la dueña de su placer, que le provoco eso.

- Ama, Ama, amarillo. Ama, amarillo.

- ¿Qué quieres perro? -Le digo mientras continúo observando como entran y salen esos dedos míos.

- Ama, uhm, me... voy a correr.

- Ni se te ocurra, perro, aún no. -Saco los dedos de golpe. No quiero que se corra aún. Cuando lo haga tendré su polla en mi mano, y mi polla de plástico en su culo metida hasta el arnés.

Aprovecho a lubricar el consolador rosado, mientras él se tranquiliza, no le falta mucho, pero aguantará, tiene que aguantar. Para mí, para mi placer. Arrimo la cabeza de esa polla rosa falsa a ese agujero nuevo fruncido y empujando un poco con mis caderas contemplo como un poco, solo un poco ha entrado.

- Toma aire, y aguanta, relaja al máximo tu culo. -El ha temblado, y la piel se la ha erizado.

- Ama, qué..... qué.....

- Shsssss, tranquilo mi perrito. - Acerco mi cuerpo al suyo, no dejo que el consolador lo penetre ahora más. Y acercándome a su oído le susurro.- Hoy perderás tu otra virginidad.

Vuelvo a incorporarme de rodillas. Vuelvo a colocar el consolador en la entrada, y despacio, entro un poco. El gime, y aguanta. Y empujo otro poco, y él gime más. Y saliéndome un poco, empujo y penetro; la cabeza del consolador ya está dentro.

- Aaaaah....

- Aguanta, perrito, aguanta. ¿Quieres decir tu palabra de seguridad? -Dios, como la diga ahora, yo muero. Yo no me muevo, me acuerdo de mi primera vez por el culo, y agradecí a quién me lo hizo, que en este momento me dejase coger aire y volver a relajarme.

- No... Ama, no.....-Susurra.

Joder, estoy a punto de correrme. Joder, voy a tener que decir yo amarillo. Mierda. Tomo aire, y continúo despacito. Salgo, entro, salgo y entro, salgo y entro cada vez más hasta que...... joder, sí, joder mi cuerpo se retuerce de placer pues todo el consolador está alojado en él. Yo tomo aire, él toma aire. Me relajo, se relaja. Y comienzo un vaivén suave. Mi mano coge esa polla que está pringosa, mojada, morada. Apenas la toco palpita y se delata, le falta muy poco y yo con él. El vaivén se hace más rápido, y mi mano frota su polla en igual ritmo. Sus gemidos son ahora gritos, pero de un placer tremendo, que comienza en la base de sus testículos, en el centro de mi vagina, pues cuando mi perro contrae su espalda, eleva su tórax apoyando su cuerpo en el suelo sólo por su cabeza y culo, y su polla explota con espasmos continuos de cuatro y cinco muy duros, manchando todo su abdomen y mi mano; yo también me contraigo y grito mi propio orgasmo, con rozarme contra él y por el placer que me ha dado saber que todo su placer es mío.

Sí, quizás sea rara, pero un acto tan perfecto, me ha dado lo que necesito.

Tuama66.

  


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