[ Inicio ] [ Novedades ] [ Top100 ] [ Relatos Hablados ]
 Enlace Recomendado del día: [ Foro de Coches ]
 1,020,331 Miembros | 12,792 Autores | 53,828 Relatos | 2,829 Usuarios Online Bienvenido a TodoRelatos.com! 
SITIO DESTACADO
TODORELATOS
RELATOS
AUTORES
PANEL / INFO
COMUNIDAD
EXTRA
VARIOS
 
 
TIENDA
TODORELATOS » RELATOS » UN MAL DíA
[ El avaro carece tanto de lo que tiene como de lo que no tiene. ]
 TODORELATOS.COM Fecha: 13 de Mayo, 2008.
Fecha: 01-Mar-03 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad (595 de 3398)

Un mal día

María Dubón
Accesos: 6,179
Valoración media:
Tiempo est. lectura: [ 4 min. ]
 -   + 
Allí estaba Rosa, con la blusa medio desabrochada, mostrando un sujetador rojo de encaje que yo no conocía, y allí estaba un tío cachas, desnudo y bien equipado, apretándola por la cintura... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Llegué a casa con el estómago revuelto, había vomitado en el trabajo varias veces y mi jefe, en un inusual arranque de compasión magnámina y ante mi descompuesto semblante, me recomendó que me metiese en la cama hasta que se me pasara.

Al abrir la puerta del piso, sonaba una melodía que no figura entre el variado repertorio de mi discoteca y supuse que Rosa estaría escuchando la radio. Encima del sofá de la sala se encontraba tirado un abrigo azul, de corte clásico, y sobre la mesa auxiliar descansaban dos copas con restos de champán y la botella en un cubo de hielo. Empecé a mosquearme, de manera que me acerqué con sigilo hasta el dormitorio y atisbando a través de la puerta entreabierta, hallé la prueba fehaciente que confirmaba mis sospechas.

Allí estaba Rosa, con la blusa medio desabrochada, mostrando un sujetador rojo de encaje que yo no conocía, y allí estaba un tío cachas, desnudo y bien equipado, apretándola por la cintura y restregando los genitales en su vientre mientras le besaba el cuello, le chupaba la oreja, le acariciaba la nuca.

La mano de aquel bastardo se deslizaba hacia arriba por los muslos de mi mujer, le arrastraba la falda y llegaba a las bragas. Ella, la muy..., abrió las piernas para facilitarle la tarea y aquel cerdo le palpó la vulva, le retiró la tela y metió su asquerosa mano dentro de Rosa.

Quise saltar sobre ellos, apartar a aquel indeseable de los brazos de mi mujer, pero el juego seguía y yo, aún no me explico por qué, me quedé mirando.

Rosa se tumbó de espaldas en la cama, mi cama, flexionó las rodillas y apoyó los pies en el borde. Él se arrodilló con la cara entre sus muslos y le clavó los dedos en las nalgas al tiempo que hundía la lengua en su sexo ansioso. Escuchaba los gemidos de Rosa, los certeros lametones que aquel hijo de la Gran Bretaña le prodigaba con esmero. Debía estar próxima al orgasmo porque Rosa se incorporó levemente y agarró al hombre por la nuca estrechándolo contra sí, él deseaba prolongar el asunto, respirar, pero ella no lo consintió, para entonces se derretía de placer en la boca del desconocido.

Le permitía hacer desmadejada y su amante la empezó a desnudar despacio, muy lentamente, le besaba cada poro de piel que iba quedando al descubierto, los hombros, los brazos, los pezones, el vientre... Retornó al sexo, cuya lubricidad había dejado un cerco húmedo en la sábana, sus dedos lo abarcaban entero, rozaban el relieve abultado de los labios, jugaban con los rizos del vello, se entretenían en la prominencia del clítoris. Rosa disfrutaba complacida de esa incitadora dulzura, tenía el pelo revuelto, los ojos cerrados y una sonrisa de gozo indescriptible.

Hizo que Rosa se pusiera a cuatro patas, él le lamía el cuello, le amasaba los pechos con frenesí, le separó las nalgas y después de mojarle la entrada con un beso cargado de saliva, la penetró con tal pericia, con tanta facilidad que consiguió ponerme caliente. La tenía cogida por la pelvis con ambas manos y empujaba acelerando el ritmo, más fuerte, más rápido, más profundo, más. Aquel individuo era una máquina de taladrar, una manguera, porque cuando alcanzaron el paroxismo, tranquilo, interminable y sin estridencias, sacó la polla enhiesta del interior de Rosa y aún latía vertiendo gotas de semen.

Tuve que apoyarme en la pared, las piernas no me sostenían, tras el espasmo final los dos se habían deslizado sobre la cama y ahora yacían abrazados. La música sonaba desde la sala y yo no sabía qué sentir, era incapaz de reaccionar.

Rosa me descubrió plantado en la puerta y él salió de su languidez y me miró espantado. Seguramente pensaban que me pondría a gritar hecho una furia, que montaría un número, que me lanzaría al cuello del miserable donjuán e intentaría estrangularlo. Los dos me contemplaban con gesto de asombro y yo..., yo me sentía indignado, estúpido, encendido.

Aquel momento me pareció breve, infinito. Rosa se levantó del lecho y caminó desnuda hacia mí, veía su cuerpo joven y esbelto, sus pechos, no muy grandes, pero firmes, su cintura estrecha, su pubis manchado de flujo propio y ajeno. Alargó la mano para tocar mi entrepierna, me abrió el pantalón y comenzó a cubrirme el miembro de tiernos besos.

_Cómo te has puesto, cariño. Si te mueres de ganas _le hablaba a mi colega igual que si fuera un ente autónomo y ajeno a mí.

Sus dedos se ciñeron a mi pene y sus labios se posaban deliciosamente en el glande impregnándolo de humedad.

_Rosa, ¿cómo has podido hacerme esto? ¿Por qué?

Pero ella no escuchaba mis débiles quejas por su traición, estaba absorta en mordisquear aquella piel sensible en extremo que se estiraba a medida que la carne adquiría forma y volumen definido.

_Sabes que yo sólo te quiero a ti _le decía a mi verga entre caricia y caricia_ Por eso te trato bien y te hago lo que más te gusta.

La sangre me bullía dentro de su boca y todo me daba vueltas.

_Eres el mejor, mi preferido _su lengua retorcida alrededor del pene lo lamía concentrándose en la punta, en el anillo del prepucio, en el orificio de la uretra, en donde procuraba abrirse paso.

_Me encanta devorarte, eres tan suave, tan duro. No hay ninguno que pueda comparársete.

Yo no resistía más y apoyé las manos en la cabeza de mi mujer.

Su boca me succionaba con avidez, me engullía, la lengua oprimía el glande contra el paladar. Rosa ya no podía hablar, pero había sustituido sus enardecedoras palabras por unas caricias que se prolongaban desde el ano, por el escroto, a los testículos.

Sucumbí, le inundé la boca de leche y acto seguido todo se volvió oscuro, negro. Cuando abrí los ojos, aquel semental desnudo me abofeteaba la cara para reanimarme y hacer que volviera en mí, y Rosa me tapaba nerviosa con el edredón. Yo tiritaba aterido, un sudor frío me empapó la espalda; iba a levantarme, la acidez amarga que me nadaba en el estómago amenazaba con salir, pero no tuve tiempo, nada más incorporarme se precipitó fuera.

Aquel canalla, el amante de Rosa, se vistió apresurado y se ofreció a llevarme al hospital. No tenía fuerzas para partirle la cara, así que le agradecí el detalle y acepté. En urgencias me diagnosticaron no sé qué infección gástrica y quedé ingresado. Fue lo que se dice un mal día.

TodoRelatos.com © María Dubón

SEXO EN VIVO
Nueva Webcam de Sexo de TodoRelatos!
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad!
SEXSHOP TODORELATOS
Tienda de confianza ideal para regalos, sorpresas...

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y supondrá una mejora en la calidad general de la web. Gracias!
 Comentarios (1)
\"Ver  Perfil y más Relatos de María Dubón
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Versión para Imprimir
 Enviar este relato a un amigo/a
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« Volver a la página anterior Ir arriba
Usuario
Contraseña

 
» Registrarse
» Recordar Clave
» Ayuda
 
SEXO EN VIVO
Sexo en Vivo
 
SEXO

Fotos de Sexo
 

Videos de Sexo
 

Descargar Peliculas
 

SexShop
 

WebCam de Sexo
 

Sexole
 

FisgonClub
 
 
CONTACTOS
» Red de Contactos
 
RELATO HABLADO

Sexo en el almacén
 
     
WEBCAM EN DIRECTO
[ Sexo en vivo, prueba gratis! ]
 
RELATOS HABLADOS
[ Un relato hablado nuevo cada día! ]
Copyright © 1999 - 2008 TodoRelatos.com v3.30 - LWNET. Todos los derechos reservados.
Privacidad y Terminos de Uso · Ayuda y FAQ · Contacto