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Fecha: 18-Abr-12 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Follando a mi sobrina

Sweet
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Tiempo estimado de lectura: [ 19 min. ]
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¿Ella quería ser mi putita? Lo será. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Soy caliente, debo admitirlo, pero tengo mis límites. Mujeres de amigos, ex de amigos. Mujeres de hermanos, ex de hermanos. Madres de amigos, hermanas de amigos. Sólo poseía estas reglas morales por así decirlo, hasta que apareció mi sobrinita. Yo tengo a mi único hermano mayor, Roberto, quien me lleva por diez años de edad. El tuvo a su primera hija a los veinticinco y si mal no recuerdo, yo tenía quince. A los veinte decidí mochilear por el mundo.

Recorrí gran parte de los continentes y para serles franco, me acosté con gran cantidad de etnias femeninas; chinas, japonesas, francesas, africanas, italianas, mexicanas, etc. con todas las que pude me acosté. Al estar tanto tiempo fuera, olvidé a mi familia e hice la mia propia. Me casé con canadiense muy linda y tierna y me radiqué allá. Por más de 13 años estuve fuera, sin embargo mantuve contacto con mi familia. Todo iba bien, pero todos sabemos que el algún punto de la vida, queremos volver a nuestra tierra, a nuestras raíces. Le comenté esto a mi señora y ella me dijo que me tomara algunas vacaciones, que viajara. Ella no podría acompañarme, ya que debía encargarse de algunos negocios; por lo tanto a la brevedad le informé a mi hermano que viajaba por algunas semanas de regreso a casa. Roberto no daba más de alegría, me dijo que viniera pronto, que me recibía en su casa, tenías dos habitaciones vacías y que una de ella estaría lista para cuan volviera.

Pues bien, al bajar del avión, allí estaban todos. Mis padres, mis primos, mi cuñada, mi hermano y...mi sobrina. Cómo había crecido esa zorra. Era un monumento de mujer. Tenía puestos unos jeans ajustados, que yo creo que hasta el más ciego podía ver dibujada su concha en ellos. Un peto rojo que no dejaba nada a la imaginación y su cabello largo, suelto.

Los saludé a todos por igual, con gran carisma, pero a mi sobrina no sabía como abrazarla. Me fui cuando ella tenía cinco años, entre nosotros no había ningún lazo, pero para sorpresa mia, me apretó contra sus firmes y juveniles tetas, besando mi mejilla calidamente.

-¡Qué bueno que estás devuelta tío!- Exclamó. Yo sólo le sonreí, que sobrinita me vine a encontrar, pensé.

Nos fuimos todos a la casa de mi hermano a celebrar. Tenían preparado un asado, vino, cerveza, todo para mi bienvenida. Esa noche estuvimos despiertos hasta altas horas de la noche. A la mañana siguiente, me fui a al baño,necesitaba bañarme. Cuando salí, me encontré con Nena, que era el apodo de mi sobrina. Venía de las escaleras, con un hotpants celeste y un camisón transparente, que dejaba a la vista sus pezones levantados por el frío de la mañana. Al verme en la entrasa del baño, aún con el cabello húmedo y la toalla cubriendo sólo mi pelvis, me sonrió picaronamente.

-Hola tiíto, tan temprano y levantado.- Se detuvo para apoyarse contra la pared, observándome de punta a punta. Era una calienta sopas, saltaba a la vista.

-Sí, y lo mismo deberías hacer tú. ¿No tienes clases hoy?

-Es sábado, cuando era pequeña tenía clases estos día, ahora no.

-¿Y qué edad se supone que tienes ahora?- Pregunté mientras me revolvía el cabello con la toalla blanca.

-Dieciocho, recién cumplidos.

-¿Recién?

-Sí, deberías darme mi regalo tío.- Bajó su mirada hacia mi paquete y bebió un poco de agua del vaso que traía en su mano.

-Quizá te lo dé alguna vez.- Le respondí lacóniamente y la dejé para dirigirme a mi habitación. La pendeja me había calentado y no le daría en el gusto de verme así.

Todo el fin de semana fue dedicado a mi. Paseé por el viejo barrio a ver a los chicos. Visité la casa de mis padres. Llegado el lunes, me pondría a buscar una casa que comprar, así podría venir a vacacionar con mi mujer aquí, en mi país. La casa de mi hermano estaría sola. Él y Fernanda estarían trabajando y Nena debería estar en la escuela.

Me levanté a las diez de la mañana. Al bajar a la cocina cual no fue la escena que encontré. Mi sobrina estaba inclinada hacia delante en el lavaplatos, tratando de encender el calefont. Su pelo era una cola de caballo y sólo traía puesta una toalla. Al estar inclinada, me dejaba ver todo su suculento culo bronceado y redondo; y una concha depilada, de labios rosas y carnosos. Me calenté en menos de dos segundos, hubiera sido cualquier mujer y juro que me abalanzaría a penetrarla por el culo como un caballo, pero no, era mi sobrina.

-¿Y tú no deberías estar en el liceo?- Le pregunté para hacerme notar.

Se devolvió hacia mi sin una nota de sorpresa, casi satisfecha de mi presencia.

-¡Ay tío! me quedé dormida.- Dijo con fingida aflicción.- Además no puedo prender esta cosa.

Me acerqué a ella y le quité el encendedor de las manos. Se hizo a un lado y comenzó a observarme detenidamente.

-¿Tío? ¿Tienes hambre?- Preguntó.

-La verdad es que sí, tengo hambre.- Le respondí volviéndome hacia ella para entregarle el fuego. Al hacerlo, pude ver sus redondos pechos, locos por escapar de esa toalla, juraría que estaban al borde del pezón.

-¡Qué bueno! Entonces yo te prepararé el desayuno.

-¿No tienes que bañarte?

-Da igual, báñate tú primero. Así cuando bajes te tendré listo el deayuno.

-Como quieras.- Repliqué sin entusiasmo.

Bajé vestido a desayunar, no quería correr riesgo con ella. Estando abajo, me di cuenta de que ella aún estaba con la toalla puesta y con la mesa servida de un suculento desayuno.

-Siéntate.- Dijo.

Lo hice. Ella se sentó delante de mi. Bebimos café en silencio, hasta que ella rompió el hielo.

-¿Qué edad tienes tío?

-Treinta y tres.- Dije mordiendo una tostada.

-Te ves mucho más joven.- Me piropeó. Bueno, tú tienes un culo y una concha de veinticinco, pensé sonriéndo para mi mismo.

-¿Qué es lo graciososo?

-Nada sobrinita, come, que se enfría lo que hiciste.- Me hizo caso y engulló un pan con palta.

-Me dijeron que ya estás casado con una canadiense.

-Sí, así es.- Le dije.

-¿No son muy frígidas?

-¿Frígidas?- Pregunté extrañado.

-Ya sabes, como las alemanas, las rusas...

-¿En qué sentido?

-Pues en el ámbito cariñoso pues tío.- Dijo riéndo.

-Ah. Sexualmente te refieres.

-Sí.

-No, para nada. Depende de el hombre que las excita.- Le contesté con gran seguridad.

-¿Y tú eres un buen excitador?-  Dijo inclinándose hacia mi, dejándome ver parte de sus tetas desnudas.

-El mejor.- Contesté mirándola a los ojos.

Mi observación atenta la dejó pasmada. Se sonrojó por completo y volvió a sentarse derecha en su asiento.

-Será mejor que vaya a bañarme.

-Sí.- Le dije levantándome.- Yo debo ir a hacer unos cuantos trámites ahora.

Irguiéndose se apróximo a mi. Me tomó de la camisa para acerarme a ella.

-Que tengas un buen día tío.- Dijo y acto seguido me dio un piquito en los labios. Esperó a ver alguna reacción de mi parte, pero me contuve. Sólo le sonreí, como si nada hubiese sucedido.

-Tú igual, nenita.- Le deseé, alejándome para salir de la habitación y su cara de frustración.

Recorrí el centro todo el día, sabía que si llegaba antes que mi hermano o mi cuñada, a esa puta que tengo por sobrina, me la cogería sin perdón. Ya me tenía caliente desde el primer día. Pero aún me quedaba moral, tenía que ser fuerte.

A las siete llegué a la casa y para mi alivio, estaba Roberto, era casi como un ángel verlo ahí.

-¡Hey Roberto!- Lo saludé.

-Hermanito, ¿estuviste todo el día fuera?

-Sí. Salí a ver algunos corredores, arrendatarios, para la casa. ¿y tu hija?- Pregunté descuidadamente.

-En su habitación, tuvo un día largo en el cole. Tú sabes.- Me dijo.

-Seguro.- Le respondí con sarcasmo, aunque él no se percató.

-Hermano, necesito pedirte un favor y es con respecto a Nena.- Si quieres que me la folle, sólo con tu permiso hermanito, cavilé para mi.

-El que quieras, dime.

-Bueno, con Fernanda hace tiempo que no...bueno, no tenemos relaciones. Ella es muy pudoros y tiene miedo de que nuestra hija nos escuche, entonces...

-Entonces quieres que me quede a cuidar de la casa y de Nena, ¿No?- Adiviné.

-Exacto, ¿Sería mucho pedir?

-En lo absoluto, salgan que yo me encargo de todo.

-¡Genial! Te debo una enano.

Bien,esta noche me quedaría a solas con ella. Un gran problema ético-religioso-social se presentaba ante mi. No es un gran problema ¿o sí? Sólo debía no cogerme a mi sobrina, eso era todo. Si pasaba de esta noche invicto, mínimo una canonización en vida, después de este suplicio, sería un mártir. Sí.

Llegó la noche. Mi cuñadita y mi hermano salieron a su motel y yo me quedé en el livingo, sentado viendo una serie de televisión llamada "True blood" y para aquellos que la han visto, saben lo cachonda que es y lo que lo enciende a uno cuando ve cada dos segundos a vampiros cogiendo por todos lados.

Sentí ruidos por la escalera, alguien bajaba, de seguro era ella.

-Mis padres, tío ¿ya se fueron?- Preguntó.

-Sí.- Contesté sin verla.

-Ah. ¿Qué estás viendo?

-True blood.

-Esa serie es buenísima, ¿puedo verla contigo?

-¿Mañana no tienes colegio?

-Sí, pero apenas son las diez de la noche y los capitulos no duran más de una hora.- Replicó.

-Como quieras.- Dije.

-Iré a buscar algo de comer.- Tuvo que pasar por delante de mi, ya que la cocina estaba en la habitción conjunta a la sala de estar. Al cruzarse, pude ver que andaba con unas pantaletas oscuras y una sudadera sin mangas blanca, transparente casi, dejando a la vista una espalda sin brasier.

-Zorra.- Mascullé

-¿Dijste algo tiíto?- Me oyó.

-Nada, que si me traías un poco de postre con crema.

-Claro.

Al volver, se sentó a mi lado, no muy junto. Se había traído un sándwich para ella y mi postre, con la crema batida en el pote aún sin abrir. No quise comérmelo, así que lo dejé a un lado.

-Él tienes los ojos igual de bonitos que los tuyos tío.-Dijo.

-¿Quién?- Pregunté sin ladearme, porque si lo hacía, vería sus tetas apuntándome y mi fe se derretiría.

-Ese, el de los ojos azules.

-Ah, creo que él los tiene más intensos eso sí.

- A ver, déjame echarte un vistazo.- Sin previo aviso, se arrodilló en el sillón y se estiró hacia mi, apoyándo una de sus manos en mi muslo, muy cerca de mi verga que a ese punto ya estaba muy erectada. Con la mano libre tomo mi rostro y lo volteó hacia el suyo hasta quedar frente a frente.

Nos quedamos en silencio un rato, eobservándonos mutuamente. Se movió un poco más hacia mi, y su mano que yacía sujetada en mi muslo, rozó sin prolegómenos mi duro y latente pene.

-No, tú eres más hermoso.- Soltó por fin, sonriendo, volviendo a su sitio.

Okey, ahora si que estaba en llamas, a la primera posibilidad, la empalaba como a un cordero.

-¿Por qué no le subes el volumen? No escucho nada.

-Anda, súbelo.- Dije

Se dirigió al televisor que estaba frente a nosotros y se agachó para alcanzar los supuestos botoncitos en la parte inferior de la pantalla. Frente a mi, ese culo majestuoso, con esas nalgas voluminosas se alzó y mi pene, como un imán se levantó en busca de ese pedazo de metal que lo llamaba.

-Tío, esta tele no tiene boto...- No alcanzó a terminar. Mi paquete yacía detrás de ella, haciendo que notara la dureza de mi verga.

-Vamos, si tú ya sabías que esta no tiene botones.- Le dije con malicia.

Se volteó, quedando de rodillas ante mi. Me miró a la cara alzando su rostro sonriente.

-¿No era esto lo que querías sobrinita malcriada? ¿No querías calentar a tu tío?

Sin decir nada, bajó la cremallera de mis pantalones y delante de ella, se alzó una verga queriendo escapar de mi boxer. Lo bajó con cuidado y allí apareció mi pene, largo y grueso, cerca de su rostro.

-Es grande tío.- Exclamó con real sorpresa.

-Pues bien, que esperas para metértelo zorra calienta pollas.- Dije riéndo.

Sin esperar más, puso mi glande en su tibia boca, succionándolo como un caramelo.Pasó su lengua por toda mi verga, desde el nacimiento hasta arriba. Juntó saliva en su boca para poder metérselo casi por completo, no le cabía por entero. Mientras me masturbaba con sus labios, me tomó los testículos y comenzó a masajearlos con delicadeza.

-Sí...mmm...así sobrinita.- Exclamé extaciado de placer.- Mira que putita he descubierto a mi vuelta.- Le dije y en contestación una succinó mi verga. Al bajar la vista, vi que había dejado de masajear mis testiculos para masturbarse. Me reí fuertemente.

-¿Ahora eres mi zorra personal sobrinita?- Pregunté. Ella asintió. Un gemido nació de mi boca. Me dieron ganas de ser maquiavélico con ella. Son pocas las mujeres que hacen que ese sentimientos sádico nazca en ti, pues bien, yo había encontrado a la mia.

-¿Harás todo lo que quiera o no?- Pregunte con malicia. Ella volvió a asentir. Oprimió con su paladar mi verga haciéndome disfrutar aún más.- Estás logrando que me venga sobrinita.- Le dije y era verdad, su succión me estaba matando, a pesar de que no la tenía entera metida en su boca. Comenzó a masturbarme con más rapidez, su cabeza se hundía en mi pelvis. Cuando sentí que me iba a venir, tomé su cabeza con ambas manos y la empujé contra mi cadera, haciendo que se tragara mi verga por completo, ella trató de detenerme, pero no pudo, porque una de sus manos estaba en su entrepierna, y aprovechando que la tenía entera, me vine con toda mi leche en su jugosa boca.

Cuando sentí que yo no me quedaba más, la solté. Ella se alejó de mi tosiendo, con arcadas y roja, al parecer se estaba ahogando, que pena. Dejó caer una mezcolanza de babas con semen sobre el piso.

-¡Eres un bruto tío! ¡Casi me ahogas!- Reclamó.

La observé atentamente, sin decir nada. Después de unos segundos, se alzó para quedar de pie frente a mi. Se quitó la sudadera y me dejó ver sin tela alguna, esas tetas redondas y erguidas soberbiamente, con un pezón duro y levantado, rosados. La tomé por la cintura y la dejé caer sobre el sofá.

La besé en la boca con gran pasión. Su lengua se metió en mi boca al instante. Tenía un sabor salado producto de la mamada. La besépor un rato interminable, hasta que oí un gemido. Me detuve y pude ver que mi verga estaba parada denuevo, dura como un fierro, y le estaba rozando por encima de las pantaletas su vagina repleta de jugos, que a pesar de que su ropa interior fuera oscura, dejaba entre ver una gran aureola de líquidos.

-Zorra, eres una puta sobrinita, ¿quieres que tu tío te folle no es verdad?

-Sí tío, fóllame, por favor, por...- La acallé con un beso. Comencé a masajearle una teta con gran delicadeza. Mi sobrina empezó a gemir fuertemente. Moví mis caderas, haciendo que mi miembro rozara su concha abierta hace mucho rato. Arriba, abajo, acariciando su clitoris con cuidado. Nena arqueó la espalda de placer, mientras que yo ya no le sobaba las tetas con cariño. Se las meneaba con fuerza bruta, apretándole los pezones, mamándole cada una y mordisqueándoselas como si fueran malvadiscos.

-Tío cógeme, cógeme ahora.- Me susurró entre jadeos.

Detuve mis actos. Me erguí y le abrí las piernas. Introduje mi pene en su rajita, siendo repelido al instante por las pantaletas.

-¡Ay!- Gritó. repetí el movimiento, sin lograr un real penetración.

-Fóllame por favor, hazlo, hazlo.- Me apuró. Con lentitud, retiré su ropa, dejándove ver su concha rosada y jugosa. Estaba abierta para mi pene, mi satisfacción aumentó. Tomé mi pene y froté mi glande en su entrada estrecha.

-Mmm...

-¿Quieres que te folle?- Le dije sin parar, metiéndole la cabecita.

-¡¡Ay!! sí, mételo.

-¿Quieres que ti tiíto te folle zorra?

-Sí, tiíto, fóllame....

-No te escucho.- Dije, introduciendo una cuarta parte de mi pene.

-¡Fóllama tiíto! ¡Fóllame!- Gritó enloquecida de placer. Yo carcajeé fuertemente.

-Quiero oír fuerte y claro a quién tengo que coger.

-¡¡FÓLLAME TÍO!! ¡¡FOLLA A TU ZORRA!! ¡¡A TU PUTA SOBRINA!!

Bien, eso era lo que quería escuchar, y acto seguida le ensarté mi falo hasta lo más profundo de su concha apretada. Un gruñido salió de su garaganta. Dolor y placer unidos. Pero como les dije, nació en mi un sentimiento sádico, así que no me detuve, le dí como a una perra. La tomé de los muslos y los puse sobre mis hombros, para asegurarme de que no los cerrara. La penetré bestialmente, el sonido de mi semen con sus líquidos armonizaban el lugar. No le dí respiro.

-¡¡Tío!! ¡¡Tío!!- Gritó.

-¡¿Te duele puta?!

-Mmmm....¡¡No!! sigue, sigue- Me pidió.

A un ritmo frenético la penetré, sintiendo que me hundía en cada clavada. Su concha era exquisita, su paredes vaginales me apretaban el glande cada vez que mi pene iba a salir.

-¡¡Ay!! ¡¡Tiíto, soy tu perra, penétrame como a una perra!!- Gimió desbaratadamente.

-¡¡¿Quieres ser mi perra?!!

-¡¡Sí!!

Súbitamete me detuve. Nena, que respiraba entrecortadamente, me miró con extrañeza.

-Si quieres que te siga cogiendo, ponte en cuatro, como buena perra que eres.- Le espeté.

En menos de un segundo se volteó y apoyó sus manos en el brazó del sillón. Su culo quedó frente a mi. Era una hermosura tersa, un culazo para follárselo sin tapujos.

-Anda tío, cógeme denuevo.- Suplicó.

-No me digas lo que tengo que hacer, zorra.- La castigué dándole una palmada en las nalgas, logrando que rebotaran como gelatina. Ella gimió.

Nuevamente le metí mi verga en su concha, pero ahora pude hacerlo libremente. Agarrándola de las caderas, pude darle a mi ritmo. La atría hacia mi con fuerza, para que su vagina se atragantara con mi pene hasta el fondo. Mi sobrina gemía como loca y excitada al máximo empujaba su culo hacia atrás a la vez que yo iba a penetrarla otra vez, haciendo que la empalara en su totalidad.

-¡¡Zorra!!- Le grité- ¡¡Esto querías!!.- Al no oír respuesta, la golpeé en el culo nuevamente, con fuerza.

-¡¡Sí!! esto quería, siempre esperé a que volvieras.

Eso me dejó perplejo, aunque no disminuí mi ritmo por eso. La ensarté una y otra vez, hasta que sentí queme iba. La sujeté firmemente y la atraje con toda la fuerza a mi pelvis- ¡¡Acabaré en ti sobrinita!!- y acabé dentro de ella. En ambos se liberaron gemidos de placer. Por instantes, el único sonido audible fue el de nuestras exhalaciones.

-Siento que tu leche me llena tiíto.- Balbuceó.

-Sí que eres una perra.- Rió ante mi afirmación. Oí el gotear de mi semen, que bajaba por sus muslos, hasta caer en los cojines de cuero. Me incliné un poco y pude ver que su concha estaba irritada por mi cogida. Subí un poco mi vista y vi su anito. Mi erección volvió. Sentí como la sangre se agolpaba en mi glande, haciéndolo tiritar. La idea de hacerla gemir, ya fuera de  placer o de dolor, me provocó un sensación placentera.

Ensalivé mi dedo corazón y lo introduje en su vulva. Nena dio un respingo, que terminó en gemido.

-¿Denuevo tiíto?- Sonó traviesa.

-Oh sí, sobrinita.- Respondí. Hice recorrer mi dedo por su rajita hacia arriba, hasta llegar a su ano. Los pocos líquidos que arrastre le servirían como lubricante. No le daría más. Le metí el dedito en su hoyito para dilatárselo y humederlo.

-¡Tío, no! nunca lo he hecho por ahí. No me metas el dedo.

-No te preocupes sobrina, que no te meteré el dedo.- Ella lo sospechó y ladeó su cabeza para verme. Era demasiado tarde. La tenía sujeta de los cachetes con gran fuerza. Mi pene se iba introducir en su anito. Trató de impedirlo, separándose de mi, alejándose, pero la tenía bien firme de las caderas. Sonreí ante inminente consumación dl hecho.

-¡¡Tío, no!!- Reboloteó desesperada. En uno de sus torpes movimientos, se echó para atrás y tomando ventaja la penetré sin preámbulo de excitación.

-¡¡¡Ay!!!- Gritó acongojada.

Al parecer de verdad era virgen por el culo, porque estaba realmente oprimida. Me dolió un poco el pene, pero sus quejidos me devolvieron la lujuria.

-¿Viste perra? Eso te pasa por calentar a tu tío, ahora de verdad eres una zorra.- La separé un poco de mi, pensé que trataría de huir, pero al parecer el dolor era intendo, mejor para mi. Como dije, la alejé un poco y la volví a penetrar con fierza, hasta el fondo.

-Mfff, tío me duele, sácalo.- Suplicó ¿sollozando?

-¿Estás llorando?

-Sí.

Aumentó mi placer y le dí dos palmadas en el culo, con todas mis fuerzas. Sus nalgas quedaron enrojecidas. Gimió por lo bajito.

-No llores, que te daré más duro.- Le advertí.

-Tío, me duele mucho...

-¡¡Cállate!!- Grité y la volví a golpear con más fuerza.- No querías que te follara como a una perra. Bien, ahora sabrás lo que es follar de verdad.

Comencé a moverme tanto como lo permitía su estrecho ano. Poco a poco se fue lubricando con mis jugos y me fue más fácil el entra y sale. Me agazapé para que entrara más. Nena volvió a gemir, ya no tanto de dolor. La tomé por la cintura y empecé a moverme  y a ella a cogerla como a una verdadera perra en celo. La cabalgué con fiereza. Mis empujes eran tan fuertes, que sus brazos perdieron fuerza  y calló de bruces en el sofá, haciendo que su ano se abriera un tanto.

Ese tanto me sirvió para ensartarla una y otra vez. Su ano estaba totalmente dilatado, ahora la podía coger con todo. Mi sobrinita ahora gemía de placer y ¡¡Cómo gemía!!

-¿Quieres que te lo saque zorra?- Pregunté

-¡¡No!! ¡¡dame más duro!! ¡¡dame!!

-Eres mi puta sobrinita, de ahora en adelante.- ¡clap! ¡clap! se oía cuando sus nalgas chocaban con mis testículos. Los jadeos volaban de mi garganta. Golpeé sus  nalgas una vez más. Su estrechez anal me provocaba un placer infinito, me iba a venir nuevamente.

Inclinándome, la agarré por los brazos y la izé con todas mis fuerzas, quedando ella, flotando en el aire. La penetré un par de veces más y acabé nuevamente, pero esta vez en su ano.

-¡¡Ahhhh!!- Se quejó Nena, desvaneciéndose en placer, en su segundo orgasmo.

La solté sin cuidado y como un trapo cayó en el sillón. Me senté exhausto.

-Levántate.- Le anucié, nalgueándola por última vez.- Mi hermano va a llegar. Vístete y vete a tu cuarto.

Pausadamente, se levantó y se arremolinó a mi lado.

-¿Seré tu perra para siempre tiíto?- Preguntó con perversidad.

-Por y para siempre mi zorra.- Sentencié sonriéndo. Acercó su rostro y me besó dulcemente en los labios. Se irguió, tomó sus ropas y se fue a su cuarto.

Por mi parte, limpié el semen desparramado y me di una ducha, a la espera de mi hermano. Bien, creo que no seré santificado, pero mi sobrinita vale ser un simple ser humano más.

A las tres de la mañana llegó Roberto junto a Fernanda.

-¿Y? ¿Cómo estuvo todo?- Me preguntó, susurrando.

-Perfecto hermano.- Le respondí.

-¿Y Nena? ¿Se portó bien?

-Cómo toda una señorita hermanito, como toda una señorita.


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