Este relato, tan real como intenso, ha sido preciso esperar
casi treinta años para poder contarlo, pues desde su origen, con el interés de
su momento y el cierre, aún por llegar, cargado de morbo, no hay desperdicio que
rechazar a lo largo de toda su historia.
El origen se remonta a hace aproximadamente 25 años, pues yo
contaba entonces con 13 y mi edad actual es de 38 años. Sucedió en un pueblo de
La Mancha en donde pasaba todos los veranos con mis tíos y primos, siendo
aquellos, los mejores y mas felices años de mi vida. Pues bien, mis primos, dos
chicos y dos chicas, eran de edades parecidas a la mía; la mayor, con 15 años,
Carmen; la segunda, algunos meses mayor que yo, Africa y por último, Pedro de 12
años y Ceci de 8.
Yo solía salir con mi primo Pedro, pero nos juntábamos mucho
con la pandilla de mi prima Africa, que ya salía con un chico en plan casi
formal. La mayor, Carmen, se puede decir que tenía novio formal, pues en los
pueblos cuando una chica lleva casi ya 2 veranos saliendo con un chico a solas,
la relación pasa a un grado de mayor seriedad.
A pesar de todo, con quien mejor me llevaba era con ésta
última, pues en casa, casi siempre era con ella con quien mas me entretenía
jugando y ella conmigo, lo que propició una intimidad especial que, a esa edad,
se traducía en ciertas confidencias y temas relacionados con el sexo. Por otra
parte, cuando todos los primos y algunos amigos se nos unían, solíamos jugar a
los papas y las mamás, siendo Carmen y yo los mayores, pues claro, ella era la
mamá y yo el papá. Los mas pequeños carecían de picardía para comprender que
nosotros propiciábamos unos juegos que nos permitiesen cierto contacto físico,
tratando de satisfacer nuestra curiosidad por un mundo aún desconocido, de tal
forma que cuando en los corrales de la gran casa de mis tíos construíamos
nuestra casita de juguete, nosotros éramos los que permanecíamos en ella jugando
y haciendo la comida y los mas pequeños salían a correr y esconderse por todas
partes.
En nuestros inicialmente inocentes juegos, solíamos
acostarnos en la cama de matrimonio que construíamos a tal fin, simulando la
noche y poniéndonos mas ligeros de ropa que la habitual de calle. Lo mismo
hacíamos con los pequeños para encubrir nuestra verdadera intención
generalizando un juego. Normalmente y dado que el calor del verano lo permitía,
todos nos quedábamos en ropa interior; los niños en calzoncillos y las niñas en
braguita y camiseta interior, pues aún no utilizaban sujetador, ni siguiera
Carmen.
Siguiendo con el juego, nos mostrábamos cariñosos como buenos
padres amantes, llegando a besarnos y apretarnos el uno contra el otro,
propiciando lo que nuestro instinto ya nos impulsaba. A veces, yo me subía sobre
mi prima simulando el acto sexual y propiciando un contacto de nuestras partes
íntimas que, lógicamente, iba siendo cada vez mas intenso y estimulante. En el
fondo, nuestros aparentemente inocentes juegos, solo encubrían un instinto
sexual ya claramente definido. Los mas pequeños, en su dependencia de nuestra
casita de juegos, no dejaban de alborotar y reír, por lo que nuestras cuitas
amorosas, no prosperaban normalmente.
En una de las ocasiones en las que simulamos una siesta, como
los mayores, y los niños se marchaban a jugar, nos quedamos solos largo rato,
por lo que nuestro particular juego amoroso, alcanzó un grado mayor de erotismo,
sobre todo cuando tras un rato de restregones de nuestros genitales cubiertos,
me propuso mi prima el descubrir mi pene y así estarían mas cerca nuestros
sexos. Yo le dije que ella debería hacer lo mismo, pero no hubo manera de
convencerla, de modo es que me bajé mis calzoncillos y comencé a frotar. El
rozamiento produjo el efecto esperado y es la estimulación cada vez mas
vehemente. Dado que mis frotaciones eran un tanto descontroladas, mi prima me
dijo que me incorporase ligeramente y ella, con su mano, frotaría mi pene sobre
las zonas que le gustase mas a ella, de modo que así lo hizo durante un rato.
Ella se veía disfrutar intensamente, pero yo sufría, pues el rozamiento con su
braguita de fibra sintética de mi pene, me producía un escozor cada vez mas
intenso y le dije que deberíamos dejar de hacer eso, pues me dolía mucho mi
pito, si no quería quitar su braguita de en medio y propiciar un contacto sin
nada que se nos interpusiese. Como era de esperar de su estado de excitación, ni
se lo pensó: se desplazó la braguita hacia un lado y mi pene, ayudado de su otra
mano, ya comenzó a rozar directamente su vagina que, aunque se dejaba traslucir
el vello púbico, me sorprendió lo cubierto de vello negro que lo cubría. No
obstante, ella supo encontrar enseguida el punto concreto y, sin permitir una
penetración total, sí facilitaba una frotación directa en su clítoris, lo que la
estaba volviendo loca y a mí tambien.
Así permanecimos un buen rato, pero la braguita molesta se
desplazaba y molestaba mas de lo que mi prima debió desear, hasta el punto de
que terminó por hacerme esperar un poco y quitarse del todo las braguitas.
El problema vino en ese momento, pues cuando se acostó boca
arriba desnuda y yo, entre sus piernas de rodillas y con el pene erecto como un
palo, nos sorprendió su hermana Africa que dio un grito histérico y que nos
paralizó el corazón a los tres. Ni qué decir tiene que en esas condiciones, mi
prima Carmen se enfrió totalmente, yo exactamente igual y ambos nos pusimos a
tranquilizar a Africa que insistía en que nos delataría a sus padres y a los
míos; por eso nuestro interés en quedarnos solos, para hacer "guarrerías" como
las llamaba ella. Tratamos de comprar su silencio con algunos ofrecimientos de
regalos de Carmen, dándole una jugosa propina, prometiéndole lo que quisiese, en
fin, cualquier cosa antes que cantase y se convirtiese el tema en un escándalo
sin precedente… y eso sin llegar a hacer nada!!. Claro, ella no creía que no
hubiésemos hecho nada, pero tampoco nos empeñamos demasiado en convencerla.
Tras un rato largo de retenerla y tratar de convencerla para
que no diga nada y no se entere nadie, nos dijo que ella tampoco quería jugar
con los mas pequeños y que quería que, en adelante, ella también haría de madre
en alguna ocasión. Nos exigió la promesa formal y, para empezar, le dijo a
Carmen que por esta tarde ella sería la madre y Carmen debía irse a jugar con
los pequeños y entretenerlos durante una o dos horas.
Bueno, como explicar mi estado de ánimo? Yo, tras el susto y
la amenaza de denunciarnos, no tenía gana ni de verme y menos aún solucionar el
problema planteado con otro mayor. Carmen, a todo esto, pensando posiblemente en
su novio y en el escándalo, le pareció una idea perfecta eso de que su hermana
se involucrase en el asunto, de tal forma y que todos callaríamos por interés
propio, así es que dio su conformidad y con sus bendiciones, nos dejó solos en
casa a Africa y a mí.
En cuanto nos quedamos solos mi prima me dijo que hiciésemos
igual que estaba haciendo con Carmen, tratando yo de insistir, como salida al
problema, de que no habíamos hecho nada aún; por supuesto el resultado de esta
argumentación cayó en saco roto y al momento mi prima estaba ya en el suelo,
sobre los cartones que hacían el papel de cama y en cueros completamente. Yo no
pude evitar desnudarme de nuevo y, sin erección alguna, echarme sobre ella,
quien sorprendida del cambio de estado de mi pene, me preguntó la razón por la
que no se hacía "grande" como antes. No supe explicarle nada, así es que comencé
a tocarle unas incipientes tetillas y a chupárselas, algo que no me desagradó y
ella, mas con curiosidad que deseo, me manoseaba el pene fláccido aún.
No tardó en desatarse la tormenta y, al rato, mi pene ya
tenía otro aspecto mas feroz, así es que, poco a poco y con su ayuda, fuimos
frotando la entrada a su cuevecita, también velluda como la de su hermana, e
igual de ardiente y comenzó a segregar un flujo lubricante que propiciaba mi
penetración lenta y agradable. Sin llegar yo a penetrarla completamente, sentí
una convulsión en mi prima, seguida de unos espasmos violentos y unas
exclamaciones incomprensibles y quejumbrosas que me indicaron que ella ya había
terminado, por ahora. Me sujetaba fuertemente contra ella hasta que se le pasó
este orgasmo corto, pero intenso, yo sintiendo en la punta de mi pene las
contracciones del climax y sin yo conseguir lo mismo, posiblemente debido al
susto que aún tenía.
En éstas estábamos cuando entró de nuevo Carmen, que no se
había marchado como quedamos, habiéndose apostado fuera de nuestra casita,
observándonos desde el exterior con curiosidad. Me preguntó si me había gustado
y que qué había sentido y le dije que yo aún no mucho, pero que lo había pasado
muy bien. Africa descansaba con respiración agitada y los ojos cerrados.
Me dijo que si quería hacerlo ahora con ella, mientras su
hermana descansaba y, como es lógico, acepté. Ella se despojó de nuevo de su
vestido y de sus braguitas y me pidió que lo hiciésemos muy despacito, pues no
quería "correrse" como su hermana, tan pronto. Yo era la primera vez en mi vida
que oía este término, cuya acepción interpreté inmediatamente. Yo, a pesar de mi
erección permanente, no estaba muy inspirado, pues todo aquello me asustaba
mucho, especialmente las amenazas de Africa, de la que no me fiaba mucho sobre
su discreción. El estar haciendo esto con las dos hermanas, me preocupaba mucho.
Me llamó Carmen a la faena y yo, sumiso, me apoyé sobre ella
que pronto se dirigió a mi pene para, sujetándolo con una mano, se lo llevó
directamente a su vagina, cuyos labios mayores abría con la otra. Me dijo que yo
no hiciese nada, pues le dolía un poco. Me extrañó que su hermana no dijese
nada.
Poco a poco y con las hábiles frotaciones de mi prima, a
pesar de una débil resistencia a la penetración total y con un pequeño empujón
que dio ella, mi pene se introdujo hasta su raíz. Ella ahora comenzaba a
suspirar profundamente y a emitir pequeños quejidos y mi placer comenzó a subir
hasta que, con el vaivén de nuestros movimientos, yo me corrí totalmente, a
pesar de lo cual, mi prima que me apretaba fuertemente contra ella moviendo su
pelvis contra la mía, me mantuvo junto a ella hasta que volví a notar en mi
pene, ya no tan duro, las convulsiones que antes había notado en Africa, la
cual, ya recuperada y sentada a nuestro lado, sonreía al ver a su hermana en
éxtasis total, hasta el punto de aplaudir la faena, lo cual nos devolvió a la
realidad de un sobresalto. Realmente Africa era peligrosa. Yo temía lo peor.
Aquel día terminó sin mayores incidencias, salvo mi
preocupación por lo que había pasado y sus consecuencias. Afortunadamente, el
verano tocaba a su fin y tras los cuatro días que duraba la feria, yo regresaría
a Madrid y me olvidaría de todo aquello.
Hasta el final de mis largas vacaciones, los días
transcurrieron con nuestros juegos de siempre, aunque ya ahora, y con un descaro
total, mis primas me requerían para follar con ellas en cualquier lugar,
especialmente Africa, que una noche vino a mi habitación y se metió en mi cama.
El problema es que tras echar dos o tres polvos, nos dormimos los dos y salvo
Carmen, que se dio cuenta de la fuga de su hermana, pues dormían en la misma
habitación, nadie mas se enteró. Claro, aquello le costó a Africa el perder un
día de hacer el papel de madre en nuestros juegos, pues se tenían repartidos los
días, pero las noches no contaban. En fin, un suplicio, pues cuando una se
enfadaba por estas cosas, la amenaza constante por ambas partes era "chivarse" a
nuestros padres y, claro, yo temblaba.
Durante aquella última semana de mis vacaciones, raro fue el
día en el que no echaba 3 o 4 polvos, bien con una o bien con la otra. Con la
que más me gustaba follar era con la mayor, pues era mas comedida y controlaba
unos polvos largos e intensos, mientras que Africa, le gustaba la velocidad y
los apretones, alcanzando el orgasmo, ambos, en escasos minutos. Con Carmen
recuerdo unos polvos con un largo preludio, pausados y con un largo orgasmo
sincronizado y seguidos de un abrazo y caricias finales que nos dejaban
totalmente relajados. Con Carmen raro era el día que echábamos mas de dos
polvos. Con Africa, había días que ella, el menos, se corría 4 o 5 veces.
Bien, la historia real comienza ahora, pues a partir de aquel
verano, nuestra relación decreció tanto que, prácticamente ya no tuvimos ocasión
de compartir las vacaciones nunca, pues mis tíos se marcharon a vivir a una gran
ciudad, lejos de la mía y aquello quedó en el recuerdo del que nunca mas volví a
hablar con mis primas.
Africa, se casó y tiene 3 hijos. Es feliz en su matrimonio y
cuando coincidimos en algún acontecimiento familiar como bodas, entierros, etc.,
nos saludamos cariñosamente y no hemos vuelto a mencionar aquella historia.
Por el contrario, Carmen, rompió con su novio al separarse de
él y, por circunstancias que ignoro y a pesar de su encanto personal y estilo
que tenía, no llegó a casarse y, por lo que parece, las posibilidades, a sus
cuarenta y tantos años, no parece probable, aunque se mantiene bastante bien y
se cuida físicamente, dedicando su tiempo de ocio a acudir a un gimnasio para
mantenerse en buena forma.
Tambien con ella nuestra relación ha sido del todo normal.
Nos apreciamos mucho y nos alegra coincidir, comentando los recuerdos que
tenemos de nuestra infancia y juventud, pero sin mencionar aquella historia de
los últimos días del último verano.
En uno de estos acontecimientos, trágicos en esta ocasión por
la muerte de su madre víctima de una larga enfermedad, volvimos a coincidir como
era lógico. Se produjo el fallecimiento el verano pasado y tuve que regresar, de
donde me encontraba con mi familia de vacaciones, para acudir al entierro y
funeral.
Mis primos, conocedores del trágico final, ya habían
asimilado el desenlace, aunque su tristeza era evidente y mi prima Carmen, ahora
huérfana de madre y padre –que murio hace varios años-, se quedaba sola en su
casa familiar, pues debido a su soltería, convivía con su madre. Como digo, yo
tuve que volver de vacaciones y mi mujer continuó en la playa con los niños. Yo,
ante la situación, fui invitado por mi prima Carmen a su casa a pasar las dos
noches previstas hasta el funeral y para no verme obligado a buscar un hotel, de
modo es que, pasada la primera noche velando el cadáver, al día siguiente
temprano se produjo el entierro y regresamos a su casa a esperar al día
siguiente la misa de funeral.
Como no podía ser de otro modo, comentamos este asunto y
ella, entristecida, se abrazaba a mí buscando consuelo.
No fue muy complicado el terminar abrazándonos de forma mas
que cariñosa, aunque ninguno hicimos comentario alguno, pero de éstos abrazos
nacieron unos besos tiernos cargados de erotismo y unos tocamientos mutuos que
terminaron por provocar una encendida pasión en la que mutuamente nos fuimos
desnudando hasta quedar totalmente desnudo yo y ella en bragas en el sofá, pues
le daba algo de vergüenza su desnudez total. Pronto comenzó a tocar mi pene
erecto y yo a chupar sus enormes senos casi vírgenes, mientras le metía la mano
por dentro de la braga hasta alcanzar su chocho, ardiente y jugoso, dando unas
sensibles palpitaciones que me parecieron un orgasmo, pero continuamos a pesar
de todo y, tras conseguir retirarle las bragas totalmente y a pesar de la
dificultad de nuestra posición en el sofá, pude penetrarla totalmente, no sin
antes informarle de que yo estaba operado y no había posibilidad de embarazo,
pues me pregunto antes de la penetración. Tuvimos un primer orgasmo rápido e
intenso, pues los dos parecíamos estar faltos de sexo, ella posiblemente por una
abstinencia prolongada prima y yo por mi ardiente deseo, consecuencia de una
fidelidad matrimonial total. En el largo abrazo que siguió al polvo, en el que
yo mantuve mi erección y mi penetración gozando de mis espasmos y los suyos,
recordamos nuestras primeras experiencias de niños, comentando que con ellas lo
hice la primera vez y ellas, mis primas, conmigo.
Era casi la hora de comer, pero esperamos un poco y tras un
breve descanso para tomar un refresco, nos dirigimos a la habitación y nos
acostamos desnudos. Allí, como es lógico, comenzamos de nuevo a follar y así
estuvimos posiblemente dos o tres horas, pues mi prima, ahora, ya no tenía
hartura, no como siendo niña, así es que, a pesar de que yo ya no era el mismo,
no me quedó mas remedio que afrontar los hechos y disfrutar a tope, algo que no
me fue difícil en razón a la colaboración de mi prima que, deseosa de satisfacer
su deseo contenido durante, posiblemente años, no cesaba de provocar mi deseo
con mil posturas y mil formas de hacer que me corriese sin control.
Durante los dos días que estuvimos juntos prácticamente no
hacíamos otra cosa que follar, comer y dormir, hasta el punto de que me
convenció para que hablase con mi esposa y le dijese que podíamos invitar a mi
prima Carmen a pasar unos días con nosotros en nuestra casa de vacaciones pues
estaba muy deprimida y sola, con lo que podríamos seguir follando ocasionalmente
cuando las circunstancias lo propiciasen. Así lo hicimos y mi esposa, encantada,
recibió a mi prima tratando de consolarla de sus tristezas y yo, de su
abstinencia.
La historia fue bien, hasta el punto de que prácticamente
todas las tardes echábamos un polvo mientras mi siesta, de lo que tengo
costumbre de toda mi vida y mi prima, con eso de su depresión, no bajaba a la
playa. Mi mujer, con los niños para que no diesen guerra mientras yo dormía la
siesta, se bajaba con ellos y me esperaban en la playa, de tal modo que no
teníamos problema alguno para todos los días disfrutar de nuestras buenas
folladas. Como es lógico, alguna que otra noche también atendía a mi esposa.
De esto hace ya un año y mi prima es casi como de la familia,
pues salvo ocasiones contadas, prácticamente vive con nosotros y, salvo alguna
ocasión en la que tenemos que quedar fuera de casa para echar un polvo mas
tranquilos, en mi propia casa me beneficio a las dos mujeres sin que haya
surgido problema alguno.