Esta historia, cuyo final aún no ha llegado, pretendo
rememorarla para asegurarme que, en mi memoria, aún permanecen inalterables
aquellos acontecimientos pues, con el paso del tiempo, éstos tienden a
transformarse y cambiar la realidad tal y como se produjo. Aquellos
acontecimientos desembocaron en la situación actual, acontecimientos que
supusieron una auténtica convulsión emocional y afectiva que me hizo variar, de
por vida, mi escala de valores éticos.
La historia comienza hace ahora 12 años, cuando yo aún tenía
16. Mi madre, por desgracia, falleció entonces de una enfermedad incurable y mi
padre y yo, hija única, quedamos del todo desconsolados. Ella contaba con tan
solo 35 años y mi padre 38.
En casa cambió mi vida por completo; ahora ya no tenía a mi
madre que me hacía todo y yo me ocupaba, hasta donde sabía y podía, de atender
un poco la casa, comprar, mas que hacer, la comida, así como del cuidado de la
ropa mía y de mi padre pues, aunque él tambien ayudaba, su trabajo y, sobre
todo, su depresión por los acontecimientos, no le permitían hacer mucho mas de
lo que hacía.
Ciñéndome al suceso que pretendo relatar, comenzaré indicando
que mi padre era, y sigue siendo, un hombre atractivo, de complexión atlética y
deportista y muy educado, lo que le convertía en el modelo de hombre al que yo
aspiraba, no encontrando en mi entorno social nada parecido, especialmente
después de haber tenido una experiencia afectiva con un chico del colegio, que
me llenó de animadversión hacia todos los chicos, por su estupidez y
perversidad. La verdad es que yo comencé a hacerme ilusiones con él y me
defraudó completamente cuando comenzó a salir con otra chica, mi gran amiga, sin
darme siquiera una explicación ninguno de ellos. En fin, experiencias de
colegiales, como hoy lo veo, pero que en aquel momento de mi vida, rectificó mi
conducta con el resto de chicos y chicas de mi edad, a los que evité desde aquel
momento, pues se me metió en la cabeza la sospecha de que se había urdido un
complot contra mí y que el ridículo que había sufrido era causa de burla por mi
grupo de amigos. Supongo que nada de aquello fue cierto, pero así fue como
sucedió. Cuando acabó aquel curso y con mis estudios secundarios terminados,
dejé de acudir al instituto y ceñí mi vida a mi casa, en donde me encontraba muy
cómoda conviviendo tan solo con mi padre. El, carente de empuje por el trauma
sufrido, no me insistió demasiado cuando le dije que dejaba los estudios, con la
excusa de dedicarme a nuestra casa. Supongo que él también deseaba un poco de
orden en su vida. También él dejó casi totalmente abandonada su activa vida
social que compartía con mi madre. Ahora se sentaba largos ratos en su sillón
del salón de casa a leer y pasaba horas sin abrir la boca. Eso sí, continuaba
haciendo deporte, especialmente con su motocicleta que usaba todos los días para
desplazarse a cualquier sitio.
Así transcurría nuestra vida, cuando mi sexualidad estaba
despertando a los sentidos y con mis 17 o 18 años, comencé a aficionarme a las
películas eróticas o incluso pornográficas que ponían en televisión y siempre a
escondidas de mi padre, claro, actividad que me resultaba muy excitante, pero no
podía evitar el involucrar a mi padre en mis fantasías eróticas, algo que mi
moral rechazaba por pecaminoso, pero mis pensamientos parecían autónomos y, en
ocasiones, me masturbaba con aquellas fantasías y ayudada por las imágenes de
una revista o de la televisión.
Con estos preludios cuya evolución era progresiva y
empeorando, yo comencé, inconsciente o conscientemente, a crear situaciones de
cierta provocación, intentando atraer la atención de mi padre hacia mí, algo que
distaba mucho de conseguir. Así, me solía poner ropa que dejase ver parte de mi
anatomía, tales como escotes mas que provocativos, ropa ancha para que en
determinadas posturas se viese mi interior, ropa semitransparante que mostrase
la ropa interior que, a su vez, era del todo provocativa, batas que dejaba
abiertas hasta prácticamente la braga, …etc. Pues bien, nada de esto parecía
atraer la atención de mi padre quien, en ocasiones, me llamaba la atención, de
forma indiferente, indicándome que me abrochase los botones o que me subiese
alguna cremallera intencionadamente dejada abierta para mostrar su interior. En
una ocasión, incluso, me fui al baño a ducharme y dejé abierto el pestillo de la
puerta, para esperar a que mi padre tuviese necesidad de acudir al baño y, al
abrir la puerta, se encontrase de frente con mi cuerpo desnudo bajo la ducha,
algo que efectivamente sucedió y puso de manifiesto el desinterés que mi padre
tenía en mi físico, al pedir perdón y salir dejando la puerta cerrada tras él.
No hizo alusión alguna a mi descuido en cerrar la puerta.
En otra ocasión, incluso, le solicité ayuda para que me diese
su opinión acerca de un supuesto dolor que tenía en la parte inferior de mi
abdomen, rogándole que me palpase la zona para comprobar si notaba algo anormal.
Innecesario es añadir que me había quitado previamente la braga y al subir mi
camisón, dejé al descubierto mi vagina húmeda de deseo, aunque mi pudor
consiguió enrojecerme al mostrarme así ante mi padre. Tampoco dio el resultado
previsto, mostrando él su parte mas tierna y comprensiva al tranquilizarme
diciéndome que no debía avergonzarme ante mi padre. Pues bien, tras palpar
cuidadosamente la zona, incluido mi pubis a requerimiento mío, me dio su
dictamen asegurándome que no veía anormalidad alguna, por lo que sería
aconsejable llamar al médico. Yo, claro, le dije que no, pues ya me encontraba
mucho mejor después de su "masaje", esperando se ofreciese a continuarlo, pero
no fue así.
Estos episodios, narrados en dos párrafos, se distanciaron a
lo lardo de casi un mes, un día con una cosa y otro con otra, pero, ya digo, los
resultados, nulos.
Transcurría un día normal, cuando la hora en que regresaba mi
padre habitualmente, se había pasado notablemente, hasta el punto de llegar a
preocuparme y llamar a la oficina tratando de averiguar su paradero. De allí
solo pudieron decirme que había salido a su hora normal, es decir, a las 1800h.
Eran ya las 2200h cuando sonó el teléfono y yo, nerviosa, me
apresuré a atender la llamada, pues me imaginaba que sería mi padre diciéndome
que se había retrasado por algún motivo, como efectivamente así fue, pero la
razón del retraso me causó preocupación, pues me decía mi padre que había tenido
un pequeño accidente con la moto y le habían tenido que escayolar pues tenía un
par de huesos rotos en ambos brazos, aunque me insistía en que el asunto carecía
de gravedad. Me dijo que cogiese un taxi y me acercase a recogerle al hospital,
pues no podía valerse por sí solo, aunque seguía insistiendo, que estaba
perfectamente y así me lo pareció por su tono de voz, completamente normal.
Me apresuré a vestirme para salir a buscarle y cuando le vi
me asusté un poco, pues tenía ambos antebrazos escayolados hasta la mano pues,
según me contó después, el peso de su cuerpo cayó sobre sus manos que se
apoyaron en el suelo para protegerse de la caída. Al no tener guantes, las manos
habían sufrido, además de la rotura de algunos huesos, diversas contusiones y
quemaduras, así como su cara que, en el pómulo derecho tenía un cardenal que le
llegaba al ojo y en la cadera derecha tambien había sufrido un fuerte golpe.
Nos fuimos ya tarde a casa y en el taxi, de camino, mi padre
me pidió disculpas por no haberme llamado antes y por el trabajo adicional que
me daría su accidente, así como los cuidados que durante los días de escayola,
tendría que dispensarle, tales como su aseo personal y ayudarle en sus
necesidades fisiológicas. Yo no pude evitar un pensamiento malvado y considerar
que el demonio había puesto a mi alcance aquella oportunidad que me ofrecería la
posibilidad de aprovecharme y hacer realidad mis mas oscuros y perversos
pensamientos. Realmente me veía, en aquel viaje inolvidable, como una auténtica
pervertida, pero incapaz de dominar racionalmente mis instintos mas bajos. Se me
ocurrieron mil ideas y a cual mas perversa.
Llegados a casa, mi padre me pidió que le acostase lo antes
posible, pues tenía todo el cuerpo dolorido. No quiso comer ni ir al lavabo
–algo que lamenté-, así es que tras quitarle los pantalones y la camisa y
chaqueta que habían quedado destrozadas con el golpe, le puse su pijama y con un
analgésico y un antinflamatorio, se durmió sin más. Yo aproveché para husmear en
sus interioridades y conocer que ropa interior utilizaba, siendo sus
calzoncillos de estilo de slips-pantalón corto y que, como estaban relativamente
bien, no quiso cambiarse, igual que de camiseta. Yo no pude pegar ojo en toda la
noche esperando su llamada y cabilando sobre la forma de acceder a mis deseos
aprovechando su incapacidad física. Imaginé muchas formas de lograr mi objetivo,
pero todas pasaban por una parte de abuso violento, pues mi padre había dado
muestras sobradas de estar completamente alejado de mis deseos, no viéndome para
nada como la mujer que ya era a mis diez y ocho años aproximadamente.
El primer día de convalecencia de mi padre en casa fue el mas
apasionante para mí, pues era de esperar que sus necesidades acudiesen a él
desde primera hora de la mañana, siendo del todo necesaria mi colaboración para
ayudarle, así es que me levanté temprano y esperé que se despertase, lo que
sucedió aproximadamente a las 0800h de la mañana. Sentí que mi padre me llamó y
tras indicarme que se encontraba totalmente dolorido y sin capacidad para
moverse, me pidió que le incorporase y le llevase al aseo, ayudándole yo de
inmediato. Había llegado el momento ansiado, así es que me pidió que le
despojase de su ropa inferior y le ayudase a situarse sobre el inodoro, algo que
no tardé en realizar con toda diligencia, evitando que notase mi "interés" por
verle en aquella violenta situación. La camisa del pijama evitó parcialmente que
tuviese una visión completa de su sexo, pero lo que alcancé a ver me llenó de
excitación y deseo de asaltarle allí mismo, pero mi conciencia controló mi
pasión y valoré la necesidad de esperar a que hubiese otra ocasión mas asequible
y, sobre todo, esperar a que su dolorido cuerpo comenzase a recuperarse; podrían
ser dos o tres días, supuse y luego ya veríamos. Durante ese tiempo debía
ganarme su total confianza mostrando un control propio de un adulto responsable
y que mi padre se mostrase sin reparos ante mí. Así, con la guardia baja, le
tendría mas a mi alcance.
Tras pedirme pudorosamente, que saliese del baño mientras
evacuaba, me requirió nuevamente para ayudarle a limpiarse, lo que hice con gran
espíritu de colaboración y que fuese evidente para él que podría contar conmigo
con total confianza. Después de esto, se dio la vuelta y me solicitó ayuda para
desnudarse, pues deseaba ducharse; le quité la camisa de su pijama y le ayudé a
acomodarse en la bañera, aunque siempre de espaldas. Yo lamenté su pudor y traté
de asearle sin ponerle en aprietos, aunque sintiendo sobre mi mano sus genitales
en dos o tres ocasiones cuando le pasaba la esponja por esa zona y procurando
recrearme en ella. Me sentía roja de pasión y me preocupaba que mi padre lo
notase, pero su honestidad personal no le hubiera permitido entender lo que a mí
me sucedía.
Ese primer día transcurrió entre los medicamentos y alguna
que otra queja de mi padre sobre su mala suerte. Pronto llegaría el segundo y
los siguientes, a los cuales me referiré a continuación.
Con el transcurso de los tres o cuatro días siguientes, mi
padre fue perdiendo ese pudor inicial y mostrándose mas confiado en mis
cuidados, permitiéndome que le limpiase todo su cuerpo sin reparar en si yo le
miraba mas o menos. Yo, lejos de acomodarme a la situación, cada día sentía mas
necesidad de gozar del sexo con él, esperando la ocasión de hacerlo; suponía que
en algún momento y tras mi frotación de sus genitales, su pene debía entrar en
erección y ese sería un buen momento para poder crear el ambiente propicio. Por
mi parte, me iba aligerando de ropa cada día en el momento de su baño, y con la
excusa de no mojarme excesivamente, pues la ducha me salpicaba y ponía el suelo
perdido de agua, al tener que mantener la cortina del baño abierta mientras le
lavaba.
Por fin, aquel domingo que pensábamos salir a pasear, se
levantó mi padre un poco pronto, requiriéndome para su ducha diaria, algo que me
apresuré a cumplir. Me sorprendió que en aquella ocasión me diese de nuevo la
espalda, pero no quise hacer ningún comentario al respecto, simplemente
aproveché para quitándome el pijama, meterme en la ducha con él, con la
consabida excusa de no mojarme yo ni el baño con las salpicaduras de agua,
aunque apenas pude articular palabra debido a mi excesiva excitación. El
habitual flujo vaginal me manchó enseguida mi braguita blanca, aunque con el
agua de la ducha se disimulaba sin problemas.
Su repentino pudor me brindó la ocasión, pues simplemente con
la braga-tanga que me venía poniendo ya habitualmente y esperando este momento,
me colé en la ducha a pesar de sus muestras de disconformidad.
Comencé a frotarle la espalda y rápidamente y a pesar de sus
quejas por mi iniciativa, le pedí que se girase hacia mí para frotarle por
delante, pero se negó; me pidió que lo hiciese así, por lo que casi en un abrazo
y con ambas manos, le comencé a frotar su pecho... vientre y, por fin, su pene,
esta vez completamente erecto y de unas dimensiones desconocidas para mí;
rápidamente pensé en salirme de la ducha, pues mi nerviosismo me impedía
mantener un control de movimientos coherente y, por otra parte, reconozco que me
asusté de las consecuencias de la penetración con las dimensiones de aquel
miembro erecto. Mi padre, sorprendentemente, me pidió disculpas por esta
situación que no podía evitar, tratando de explicarme que eso era normal en
ocasiones en los hombres, viéndome yo en la necesidad de explicarle también y
tranquilizándole, que yo ya era una mujer adulta y que estaba perfectamente
informada de la sexualidad de los hombres y, siendo su hija, no debía tener
vergüenza alguna de mostrarse en su estado natural, así es que podía darse la
vuelta. El, agradeciendo mis palabras, me preguntó evidentemente violento con la
situación, si yo estaba desnuda, respondiéndole enseguida que por supuesto que
no y tratando de tranquilizarle, así es que con los ojos bajos se giró
mostrándome su parte delantera y, con sus brazos escayolados, trataba de
cubrirse sus genitales, algo que por supuesto no conseguía, pero que era
irrelevante en relación con la sorpresa que se llevó al verme casi totalmente
desnuda, con mis pechos descubiertos y mi tanga blanco y mojado, dejando ver al
trasluz mi vello púbico apenas cubierto por su escaso material.
Mi padre, sin casi poder articular palabra, me reprendió por
mi iniciativa indicándome lo inadecuado de la situación, lo violento que le
había puesto con esta idea mía y por mi desnudez, impropia de una mujercita que
ya era su hija. Yo traté de tranquilizarle, sin poder contener mi propia
intranquilidad al ver y sentir el pene de mi padre a escasos centímetros de mi
vagina y con un deseo irreprimible de apretarle contra mí, pero mantuve un
control mínimo y le pedí que procurase verme como yo a él, como mi padre y sin
ruborizarme por ello. Era evidente que ni yo misma me lo creía, pero mi padre
trató de mantener su compostura y, ahora sí pude apreciarlo claramente, sin
poder evitar llevar sus ojos a mis pechos y mi entrepierna, se dejó llevar por
mi iniciativa y comencé a frotarle su pecho, cuello, vientre, ... su pene
erecto, sus testículos endurecidos por la larga abstinencia, sus piernas... etc.
.. en fin, cuando recuerdo esta escena aún siento escalofríos. Era mi primera
experiencia.
Yo procuraba aparentar normalidad y autocontrol, incluso
indiferencia, sin manosear excesivamente sus genitales y mi padre, en ocasiones,
cerraba los ojos, supongo que escondiendo su vergüenza.
No pasó de aquí la cosa, aunque para mí había sido algo
estremecedor. No fui capaz de llegar mas adelante, pero esta experiencia habría
de ser el preludio de la espléndida relación que aún hoy y espero que por muchos
años, mantengo con mi padre.
Después de aquello, efectivamente dimos un paseo por el
parque cercano. Era el primer día que mi padre salía de casa después del
accidente y ambos nos encontrábamos felices de sus progresos. Al menos ya no
tenía dolores, aunque la escayola habría de durar aún algún tiempo... por
suerte!.
Durante este paseo me preguntó mi padre si me había resultado
muy violento verle desnudo y en "esas condiciones" y yo, haciendo un alarde de
madurez, le dije que en absoluto, todo lo contrario, pues empezaba a ver que mi
padre me mostraba la confianza que se merece una hija solícita que le atiende
gustosa en una necesidad de su vida, algo que él habría hecho conmigo
igualmente, pues para eso está la familia. Lo que lamentaba era haberle
violentado yo a él, al meterme en la bañera para poder lavarle mejor,
explicándome él que lo que ocurría era que creía que estaba desnuda y no le
parecía bien esa especie de exhibición ante él, que era mi padre. No pasó de ahí
la conversación y me alegré de comprobar que mi padre estaba totalmente
convencido de mis "buenas intenciones", por lo que las siguientes duchas habrían
de ser parecidas y, en cuanto me fuese posible, mejores aún.
Después de una bonita mañana y tras el paseo, nos fuimos al
bar de la esquina de nuestra manzana, a tomar el aperitivo, algo que hacía antes
con mi madre. Allí tomamos dos o tres riojas –yo también, a solicitud de mi
padre, quien me dijo que ya era una mujer hecha y derecha-, y los pinchos
habituales, alcanzando por mi parte un nivel de euforia desconocido pues, a
decir verdad, era la primera vez que bebía y no quería quedar mal ante mi padre.
Tambien a él se le veía contento y saludando a sus amigos a quienes hacía tiempo
no veía.
Presumía ante sus amigos de su hija y enfermera que tan bien
le atendía y decía que cada día le recordaba mas a mi madre. Yo estaba
francamente mareada y me ponía nerviosa perder un control que hasta ahora me
había llevado a tan buenos resultados.
El día transcurrió sin novedad.
A la mañana siguiente, nuevamente mi padre me pide que le
duche y nuevamente yo me dispongo a la labor, preparando todo. Este día ya no
aprecio reparo alguno en su disposición para seguir mis instrucciones, dejándose
desnudar por completo y subiendo a la ducha él mismo. Me decepcioné al comprobar
que su pene mostraba un aspecto triste y de mirada "baja". Llegué a pensar ayer
que yo era el motivo de su animación, pero hoy no parecía lo mismo. En fin,
decidida a seguir con mi plan, yo tambien me quité mi camisón y, tan solo con un
tanga negro que llevaba debajo, me metí con mi padre en la bañera, y le pedí que
se sentase, para bañarnos en lugar de darnos la ducha de siempre, pues es mas
relajante y no teníamos prisa ninguna. Yo esperaba conseguir mejores posturas
para "acercar posiciones", de modo que me situé de rodillas sobre él, que quedó
debajo de mí y comencé a pasarle la esponja por todo su cuerpo y cuando llegué a
sus genitales, dejé la esponja y con la mano, comencé a manosearle suavemente,
notando como poco a poco aumentaba de tamaño, algo que me tranquilizó, al
comprobar que todo iba según lo previsto. Con cierto nerviosismo me dijo que ya
estaba bien y que deseaba salir de la bañera, rogándole yo que esperase un
momento, pues yo iba tambien a aprovechar para asearme. Casi en la misma
horizontal su pene semierecto y mi vagina, y sin darle tiempo a reaccionar, metí
mi mano aún caliente de sus testículos, bajo mi braga y comencé a frotarme y
descubriéndome en parte ante su mirada asombrada. Tratando de evitar una alarma
innecesaria, seguí frotándome el resto de mi cuerpo y haciendo especialmente
paradas en mis pechos y mi sexo. Mi padre seguía sin reaccionar, aunque su pene
sí lo había hecho.
Yo, decidida a terminar con aquel sufrimiento mío, me quité
el tanga tratando de aparentar normalidad y evitar actuaciones anormales y de
tensión y puesta a horcajadas sobre él, esta vez desnuda, comencé a lavarme la
cabeza, dejando caer el jabón sobre mis ojos, lo que me permitió ausentarme de
aquella tensa situación y permitiendo a mi padre que disfrutase libremente de
sus miradas y de sus actos, si es que se decidía. Yo había puesto todo lo
necesario para que él, casi con un leve esfuerzo, y hasta casi sin él dadas las
dimensiones de su pene, pudiese ponerlo en contacto con mi vagina, y era lo que
yo esperaba, tanto si era decisión suya como si la madre naturaleza ayudaba un
poco alargando lo necesario el pene de mi padre.
Tras un par de minutos de espera, sin que mi padre dijese ni
una palabra ni yo tampoco y viendo que el suceso no acontecía, comencé a
agacharme suavemente buscando el encuentro deseado, algo que se produjo al
instante, aunque sin mucha precisión, ya que no conseguí que la punta de su pene
tocase al menos, las puertas abiertas de par en par de mi vagina húmeda. No
mostré ninguna alarma por el "pequeño accidente" y, sin reacción alguna de mi
padre, me propuse otro intento, esta vez mas acertado, pues pude notar, con toda
mi sensibilidad a flor de piel, ese ansiado contacto, ese pene erecto y tan
deseado, tocando a las puertas de mi pasión. Ya no me era posible mantener la
normalidad, pues comenzaba a fluir el jugo lubricante de mi interior a raudales,
cayendo sobre el pene de mi padre que, esta vez sí lo notaba, iba penetrando
lentamente dentro de mí y por su propia iniciativa, o la de mi padre, pues yo no
miraba ni quería estropear el momento.
Con un temblor descontrolado y escalofríos por todo mi
cuerpo, dejé caer mi peso sobre el firme pilar que mi padre había puesto entre
mis piernas, pues éstas ya no me sostenían. Solté las manos de mi cabellera y
las apoyé sobre el pecho de mi padre, dejándome caer sobre él y sintiendo una
pequeña resistencia en mi interior que no llegó a suponer dolor alguno, pero
sentí mi cuerpo lleno del miembro de mi padre, a quien oía jadear y notaba un
suave movimiento de sus caderas subiendo y bajando rítmicamente y
proporcionándome un placer muy intenso. Para mí era la primera vez, de modo es
que apenas sabía lo que tenía que hacer, pero la madre naturaleza nos dotó de un
instinto básico y no tuve problema alguno para adaptarme al ritmo que marcaba mi
padre.
En unos segundos, o al menos así me lo pareció a mí, note que
mi padre daba un gran empujón hacia arriba y tuve que abrir mis ojos para ver
que ocurría, viéndole con el rostro desencajado y sus dientes apretados,
suspirando agitadamente y noté en mi interior, con una fuerza inesperada, una
gran eyaculación y unos espasmos que acompañaban cada chorro ardiente que caía
dentro de mí. Yo me asusté al ver a mi padre así, pensando si eso era o no
normal, pero lo cierto es que en unos segundos volvió a la normalidad y me pidió
que me levantase y le sacase de la bañera. Me resistí inicialmente y continué yo
el movimiento, pero el miembro de mi padre perdió todo su vigor y cayó
pesadamente sobre su pierna izquierda saliendo por completo de mi cueva
palpitante aún y dejando salir una gran cantidad de semen que tambien cayó sobre
los genitales de mi padre. Le protesté levemente recriminándole que se retirase
sin dejarme disfrutar a mí tambien, pero no quise llevar muy lejos una discusión
de ese tipo. No me es posible contar lo que no sucedió, tal y como he visto en
otro relatos que me suenan a algo realmente anormal por la duración, repetición
de orgasmos, dimensiones de los genitales, … en fin, creo que la realidad no es
así, al menos la mía no lo fue y se quedó en lo que acabo de contar; eso sí, fue
el inicio de unas experiencias mucho mejores y mas intensas, pero no tan
espectaculares como las de los relatos que leo en ocasiones en las páginas de
Internet que aún sigo visitando. Me gustaría contar una de esas historias en las
que ambos disfrutan enloquecidamente durante horas, pero no fue así.
Yo me había quedado sin disfrutar del todo y fue una especie
de decepción inicial, pero estaba muy satisfecha con el resultado de mi
iniciativa y, sobre todo, el haber conseguido romper los prejuicios de nuestro
parentesco, lo que me permitía suponer que la situación se prolongaría en el
futuro.
Le saqué de la bañera y me pidió perdón con lágrimas en los
ojos, algo que me provocó un trauma interior al comprender mi entera
responsabilidad y hasta donde había forzado y doblegado la voluntad de mi padre,
el cual se consideraba responsable del suceso.
Me pidió que le perdonase, que no volvería a ocurrir y que él
era el único responsable por no haber previsto esta posibilidad. Que contrataría
a una enfermera a partir de ahora y no volvería a suceder otra vez lo mismo. Me
pidió que le llevase a un amigo suyo médico a solicitarle una receta para
comprar en la farmacia una píldora anticonceptiva que debía tomar antes de 24
horas y así lo hicimos. Me sorprendió su control de la situación a pesar de la
traumática experiencia, pues yo no había pensado en un posible embarazo y me
tranquilizó comprobar que mi padre seguía pendiente de todo.
No hubo problema y, en cuanto a la posibilidad de un embarazo
no deseado, todo estaba resuelto, pero el problema de conciencia no sería fácil
de superar… para él.
Solo añadir, en éste punto, que mi padre trató de exculparme
a mí del suceso y achacarse por completo la responsabilidad, insistiendo durante
los 2 o 3 días siguientes casi de una manera enfermiza.
La verdad es que hubo de pasar algún tiempo hasta conseguir
que mi padre volviese a dejarse seducir por mí, pero era del todo inevitable
ante la situación de imposibilidad de contratar a nadie para ayudarle, pues el
costo era muy elevado y su estado de necesidad de ayuda externa para valerse, le
hacía totalmente dependiente de mí, así es que supe esperar, eso sí,
masturbándome cada noche con el recuerdo de aquella, mi primera experiencia,
algo insatisfactoria. A pesar de ello, yo ya veía a mi padre como un amante, y
él, aunque se resistiese, el haber probado el fruto prohibido habría de
condicionarle necesariamente.
Para ahorrar este lapso de tiempo muerto, de 20 o 30 días,
entre la primera y la segunda ocasión que se me presentó, solo decir que mi
padre me prohibió que me desnudase cuando le fuese a duchar, así es que tuve que
diseñar una estrategia de provocación diferente. Decidí ponerme unos camisones
que usaba para dormir, de tejidos y telas muy finas, sin ropa interior debajo,
de tal modo que cuando se mojaba, se me adhería al cuerpo y se hacía
semitransparente, mostrando mi anatomía al completo.
A mi padre ya no le era posible ignorar mi cuerpo como antes,
sobre todo después de haberlo probado, de tal forma que yo veía reaccionar su
pene ante mis provocaciones. No obstante cuidaba los momentos de su ducha
evitando las mañanas y, además, distanció la frecuencia de su ducha diaria, de
tal modo que ahora las hacía coincidir en ocasiones con la noche. Además,
raramente me mostraba su frente desnudo, procurando que le asease vuelto de
espaldas, aunque yo siempre le palpaba sus genitales y comprobaba su estado, a
pesar de sus reticencias. Esto me excitaba lo indecible. Me estaba haciendo
sufrir lo inimaginable.
Finalmente la situación se presentó, o mas bien tengo que
decir que la provoqué, un día en el que mi padre me informó que tenía que ir a
la clínica para ver si ya le quitaban las escayolas que llevaba y, en todo caso,
para una revisión que tenía programada. Aquello me alarmó de tal forma que pensé
que si llegaba a valerse por sí solo, perdería toda ocasión de repetir la
experiencia, pues he de decir que mi padre tenía un control, para mí
incomprensible, de modo es que tenía que actuar con rapidez, pues si lograba que
me hiciese el amor de nuevo, sería definitivo, lo presentía. Aquel día me pidió
que le duchase por la noche, y me decidí a no demorarlo mas, así es que, a pesar
de su cuidado en controlar la situación yo, descaradamente, le manoseaba los
genitales, frotando su pene y apretándome contra él por su espalda. A pesar de
que amenazaba con salirse de la bañera, no podía defenderse, pues sus manos aún
estaban anuladas. He de decir que a pesar de su resistencia heroica, conseguí
que su pene alcanzase una erección total y ya le notaba algo menos resistente,
así es que con mucha suavidad comencé a masturbarle, hasta sentir, con mi cabeza
apoyada en su espalda, como su corazón se aceleraba notablemente. No me
interesaba esta rapidez, así es que forcé su voluntad y le giré hacia mí y yo,
agachándome, me metí su pene en mi boca ante su sorpresa y a pesar de que hizo
un intento de retirarse, yo no le dejé y comencé a succionar, chupar y lamer,
manoseando sus testículos a la vez.
Le oía repetir, "por favor…", "Dios mío, no puedo.." En fin,
exclamaciones mas de éxtasis que de reproche, así es que continué suavemente
frotando con mi boca y mi lengua su pene que ardía, hasta que sentí que sus
frases se convertían en sonidos quejumbrosos y respiración agitada, por lo que
paré de esta actividad y me levanté, quitándome el camisón que llevaba y
pidiéndole que se sentase en la bañera, a lo que accedió sin poner reparo
alguno. Yo, como era de esperar, tenía mi sexo ardiendo y deseando clavarme la
estaca de mi padre hasta el fondo de mis entrañas, así es que me senté
nuevamente sobre él y coloqué su pene en la puerta de mi sexo, introduciéndolo
lentamente, sintiendo cada milímetro de su piel rozando las paredes interiores
de mi vagina, volviéndolo a sacar para introducirlo otra vez lentamente… mi
padre se dejaba llevar sin oponer resistencia alguna y yo disfrutaba cada
segundo controlando como una experta la situación y aprovechándome a tope del
momento. Poco a poco y con intensidad creciente, comencé a hacer flexiones
rítmicas sobre mi padre, con todo su pene en mi interior, pero tratando de
evitar que alcanzase el orgasmo antes que yo, aunque me pareció observar que
ahora mi padre también colaboraba en este empeño, así es que cuando yo iba
alcanzando una velocidad "de crucero", mi padre reaccionó y me pidió que parase
un momento; creí que quería parar, pero pronto comprendí que quería tomarse un
respiro para conseguir que yo alcanzase esta vez el mejor y mayor orgasmo de mi
vida.
Me levanté de mi posición sintiendo un tremendo vacío en mi
interior y seguí impulsiva e inconscientemente frotando mi clítoris con mi mano,
pero mi padre me pidió un momento para colocarse y se tumbó sobre el fondo de la
bañera, pidiéndome que me pusiese en cuclillas sobre su boca... ¡aquello era de
locura!, ¡me lo pedía él!.
Pronto acerqué mi sexo a su boca y comenzó a pasarme su
lengua por toda la zona mas sensible de mi cuerpo hasta centrarse en mi
clítoris, que localizó sin dificultad, pues he de decir que en mi caso es
bastante grande. Yo alucinaba y me parecía imposible lo que estaba viviendo,
pero no quería pensar en nada y solo disfrutar de lo bien que sabía hacérmelo mi
padre. Durante un rato, creo que bastante, yo gozaba sin parar, pero sin
alcanzar el orgasmo pleno; creo que me lo impedía la situación tan atípica que
vivía. Reconozco que sentía cierta preocupación por lo que pasaría a partir de
entonces, pues conocía a mi padre y me parecía imposible que estuviese
colaborando activamente en aquello. Llegué a pensar que era otro de mis sueños
eróticos.
De mi vagina manaba un flujo incesante que pedía la
penetración profunda que había sentido antes, pero mi padre no me soltaba y yo
no tenía fuerzas para reclamar nada, pensando que podría arrepentirse, así que
me mantuve en esa posición retorciéndome literalmente cuando sentía que el
éxtasis se aproximaba. Recuero que en aquellos instantes me preocupaba si mi
padre podría sentir repugnancia por lo que le caía sobre la boca, pero no
parecía importarle.
En unos minutos, no muy cortos a decir verdad, supongo que 10
o máximo 15, alcancé el mayor placer que había sentido hasta entonces en mi vida
y, sin poder contener un grito alargado y tenso, disfruté de los espasmos mas
convulsos que se puedan imaginar.
Dejé pasar un rato después de correrme en la misma posición y
mi padre proseguía una succión suave y placentera sobre todo mi sexo que aún
sufría unas contracciones intensas, esperando que yo disfrutase de ese
post-orgasmo intenso que estaba teniendo. El lo sabía y no me apresuró a
terminar. Solo me dijo al levantarme :"Qué tal hija? ¿Lo has disfrutado hoy?"
Creo que la expresión sonriente de mi rostro le dio la respuesta y entonces
pensé que él aún no había terminado. De hecho, miré hacia atrás y vi su enorme
verga aún erecta con una dureza extraordinaria. Comprendí que aún él esperaba
algo, así es que me giré y me agaché sobre su pene comenzando a chuparle yo a
él, con toda la delicadeza y cuidado de era capaz, pero me pidió que me sentase
sobre su pene otra vez, pues lo que no quiso antes es correrse dentro de mí,
para evitar embarazos indeseados, pero que ahora, durante unos minutos, podría
controlar la situación, así es que podría penetrarme con cierta tranquilidad y
mañana, compraría definitivamente píldoras anticonceptivas y podríamos disfrutar
sin temor alguno.
Yo me alegré sobremanera comprendiendo que mi objetivo lo
había logrado: por fin mi padre se había convertido en mi amante y tendríamos
todo el tiempo del mundo para disfrutar de ese placer y del amor, sí, amor real
que, yo al menos, sentía por él.
Me dispuse a darle un poco mas de actividad a mi sensible
vagina y esta vez, ya mas tranquila con mi pasión satisfecha, me centré en
devolverle a mi padre todo el placer que él me había dado a mí minutos antes,
así es que suavemente comencé a introducir su pene en mi vagina y a subir y
bajar con lentitud. Pronto comprendí que podría volver a alcanzar otro orgasmo
sin dificultad, si mi padre tenía un poco de aguante y parecía que hoy iba la
cosa muy bien. Al cabo de unos minutos y ya ambos sincronizados en un movimiento
rítmico y sensual, yo me acoplaba totalmente sobre mi padre, viendo desaparecer
totalmente dentro de mí, su magnífico ejemplar, tan dentro que sentía casi dolor
interno cuando me dejaba caer por completo sobre su miembro, pero era un dolor
que me hacía sentir la conciencia del tremendo placer y desconocido para mí, que
estaba sintiendo. Aquello era mucho mejor que todo lo que había visto en las
películas y en revistas… aquello era real!!
En esta ocasión fue distinto, pues efectivamente él
controlaba la situación. Mi lívido iba subiendo nuevamente estimulada por tan
placentera actividad y ya no pensaba sino en alcanzar otro orgasmo lo antes
posible, sin preocuparme de las consecuencias; todo me daba igual. Ardía
nuevamente de pasión y no quería, por nada del mundo, estropear el momento, pero
mi padre tenía otras intenciones. Me pidió parar un momento y colocarnos de
forma que pudiésemos acabar con la boca. La verdad es que me estropeó un poco la
fiesta, pues no me ha gustado demasiado esas variantes, pero accedí en mi ánimo
de no contrariarle y facilitarle cuanto desease, así es que nos situamos en
posición adecuada y comenzamos cada uno con nuestra labor.
La penetración, para mí, es incomparable, pero he de
reconocer que mi padre sabía hacer disfrutar a una mujer con el sexo oral, mejor
que nadie, así es que nuevamente mi pasión me hacía arder y no creo que pudiese
aguantar mucho mas. La verdad es que era incapaz de controlar lo que le hacía a
mi padre, pues mi cuerpo sufría de convulsiones y espasmos y carecía de control
alguno sobre mis movimientos.
Os puedo asegurar que nuevamente tuve un orgasmo tremendo,
quizá con mas intensidad que el anterior, hasta el punto de que recuerdo que
brotaron lágrimas de mis ojos. Al cabo de unos segundos reaccioné y traté de
continuar la labor que a mí me correspondía, pues mi padre seguía armado y a la
espera de su parte, aunque él seguía lamiendo mi sexo incandescente y
enrojecido, mas por el placer sentido que por la frotación física.
Cuando aún sentía las contracciones de mi orgasmo, largo e
intenso, sentí un borbotón de semen en mi boca que me sobresaltó y me hizo
retirarme por un segundo, pero rápidamente reanudé mi actividad y procuré
hacerle a él algo parecido a lo que él me había hecho a mí, así es que me
aguanté ese punto de repugnancia que confieso sentí en aquel momento y le
procuré todo el placer que pude. Tambien él ahora se retorcía debajo de mí y su
lengua ya no controlaba los restregones que aún me daba por mi zona sensible.
Le pedí que nos fuésemos a la cama a hacer el amor
tradicional, pero él, con buen criterio, me aseguró que no podría ponerse sobre
mí pues no podía aguantar el peso de su cuerpo con sus brazos, y que, además,
quería comprar píldoras anticonceptivas al día siguiente para poder hacerlo con
toda tranquilidad. A pesar de eso, aquella primera noche que dormí con mi padre,
fue algo inigualable; le abracé tiernamente y le pedí que me tomase como su
amante para siempre, pues yo siempre le había deseado y no quería entregarme a
ningún otro hombre. En fin, creo que sentamos las bases de una sólida relación
de futuro y, por ahora, todo permanece dentro de una estabilidad absoluta. Ambos
estamos completamente satisfechos y practicamos el sexo casi a diario… he de
añadir que casi siempre a requerimiento mío, pues mi pasión continúa siendo como
en aquellas primeras experiencias.
A pesar de lo relatado, os puedo asegurar que los día
siguientes fueron tremendos: las sesiones de sexo eran a diario y aunque sin
demasiadas repeticiones, al menos una o dos veces cada día disfrutábamos de
nuestro amor.
Ambos aprendimos a satisfacer a nuestra pareja y ese era
nuestro objetivo.
Especialmente los dos o tres días siguientes a la utilización
de la píldora, fueron extraordinarios, algo que pienso relatar en otra ocasión
para, al menos, mi propia satisfacción y la de aquellos a los que gusten de
estas experiencias, sobre todo si son tal auténticas como la mía.