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Fecha: 10-Mar-12 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Soy cornudo . . . y me gusta (3)

Alberto Robledo
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Tiempo estimado de lectura: [ 11 min. ]
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Ahora mi mujer me cuenta el inicio de sus aventuras Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Bueno, pues ya saben como empezó mi vida de cornudo (más bien como me di cuenta de que tenía la cornamenta enooooooorme) cuando caché a mi mujer dándole las nalgas a su jefe Ramiro en dos ocasiones.

Para los que no se acuerdan yo soy Alberto de la Ciudad de México, tengo ya 31 años y mi mujer Brenda tiene 28 es delgada, morena clara, con cara bonita, cabello largo y negro; de pecho casi no tiene nada aunque sus tetitas son bonitas con pezoncitos chiquitos, cinturita muy breve y culazaso espectacular así como piernas bien torneadas.

En el camino rumbo a nuestra casa después de la fiesta de Ramiro mi mujer estaba súper cariñosa y mimosa conmigo, le pregunté por qué y me dijo que estaba muy contenta de que su esposito fuera feliz de ser un cornudo, que me amaba a mi pero que le encantaba la verga, sobre todo la de su jefe y que por fin podría ya no esconderse y contarme todo lo que le hacen.

Yo me estaba excitando de nuevo y le dije que no había problema pero que debía contarme todo lo que le suceda y que cuando se pudiera yo quería estar presente en las cojidotas que le daba Ramiro, ella se me quedó viendo, me besó en la boca y me dijo que así sería. Inmediatamente después le hice las siguientes preguntas:

  • Amor, ¿desde cuándo me pones los cuernos? Le pregunté.
  • Desde hace un año. Contestó ella
  • ¿Quién fue el primer macho que te cogió?
  • Ramiro fue el primero. Dijo ella
  • ¿Te cogen más? Esa pregunta me torturaba
  • Mejor te cuento como empecé con Ramiro, ¿ok? Me dijo ella.

Yo le dije que si y a continuación viene el relato que me contó ella con toda la fidelidad de la que soy capaz, obviamente varias cosas como los diálogos son aproximaciones de lo que me contó:

“Acuérdate que yo era vendedora en la oficina (ahora es ejecutiva) y que mis funciones eran contactar e informar a posibles clientes que yo tuviera o los de la cartera del departamento de ventas; sin embargo, una vez pasó algo que nunca había pasado, llamó alguien que no estaba contactado (o eso creía yo) y pues la verdad no lo traté nada bien, le di largas en las cotizaciones o a veces no le contestaba el teléfono cuando sabía que era él; pero dos semanas después de su primera llamada Ramiro (director de ventas, directamente no era el jefe de mi esposa, los ejecutivos son los que organizan a los vendedores y reparten la cartera), sorprendentemente me llamó a su oficina, yo me puse muy nerviosa porque es muy raro que el director del departamento le llame a una simple vendedora. Total que fui a su oficina y cuando entro me ofrece una silla y me indica que tiene algo muy grave que decirme:

  • ¿Recuerdas una llamada de un tal Rodrigo hace dos semanas más o menos? Me pregunta Ramiro.
  • Si claro, es un tipo muy molesto que esta llame y llame y no se decide por nada. -Contesté yo extrañada por la referencia-. Además de que revisé y no se encuentra en la cartera de mi equipo o de cualquier otro equipo en la empresa. Refuerzo mi argumento.
  • Pues déjame decirte que ese “tipo molesto” es nada más y nada menos el gerente de servicios de nuestro mejor cliente (una de las empresas de seguros más grandes del país) y que está muy molesto con el servicio brindado por la vendedora que lo atendió. Me recrimina Ramiro.
  • No lo puedo creer, cómo habla el gerente de servicios a una vendedora y no a una ejecutiva que de seguro es la que tiene la cuenta. Trato de defenderme.
  • Eso mismo le pregunté yo, pero no tiene el más mínimo interés en negociar, dice que si queremos que firme de nuevo con nosotros debemos tomar medidas importantes con la vendedora que lo maltrató. Dijo él.

Hizo una pausa y viéndome totalmente preocupada termina:

  • La verdad Brendita es que la junta directiva me ha pedido que te rescinda el contrato. Me lo dijo con un tono como paternalista.
  • No puede ser, tú sabes que las cosas están muy mal y que no fue mi culpa. Traté de suplicar.
  • Mira, les dije que eras una persona con potencial y muy joven, que me dejaran capacitarte para lo necesario y que si en un mes no dabas resultados pues veríamos que hacer, claro que estarías directamente a mi mando, sin ningún ejecutivo a quien pedir cuentas, solo a mi y que no tratarías con clientes por el momento. Me propuso Ramiro de una manera muy convincente.
  • Está bien, acepto.

Y así empezó un mes durísimo, tenía que estar presente en todas las llamadas que hacía Ramiro, en las comidas con los clientes, pero antes me decía que no podía hablar para nada; no sólo eso, sino que en las tardes tenía que escuchar recomendaciones sobre como vender mejor, sobre sus experiencias personales con los clientes y algún que otro tip sobre trucos o “cosas ocultas” que debíamos utilizar para atraer a los clientes.

En esos largos discursos me pedía que me sentara en una silla frente a su escritorio y él se recargaba en el borde del mismo con las piernas cruzadas y moviendo los brazos; no podía evitar mirar su paquete que en verdad se veía grande y fuerte. Se adivinaba una buena herramienta, pero inmediatamente pensaba en ti, mi vida, y esos pensamientos pecaminosos se iban de mi mente.

Verdaderamente me dejé llevar por aquel hombre, se escuchaba y veía tan seguro, tan dominante, me cerraba un ojo cada que en una reunión o llamada telefónica ponía en práctica alguna de sus enseñanzas y le salían bien; total que estaba embobada. La última semana de prueba me dijo que me llevaría a comer para decirme uno de los últimos trucos para atrapar a un cliente.

Ya en la comida en un restaurante muy elegante por Reforma me dijo que la apariencia lo era todo en este mundo de ventas y que si quería crecer debía prepararme para usar mis atributos de mujer como arma, que la ropa que usaba para ir a la oficina no hacía justicia a la hermosa mujer que había debajo. Yo le dije que no era cierto, que no era tan guapa como el creía. El insistió en eso y me dijo que lo iba a demostrar, le pregunté que como y me dijo que ya no regresaríamos a la oficina que esa tarde íbamos a comprar un nuevo guardarropa para la vendedora estrella que se adivinaba en mi figura.

Saliendo del restaurante nos fuimos a una conocida tienda de ropa, yo estaba muy nerviosa pues las cosas estaban saliéndose de lo normal, pero me pareció bastante obvio lo que dijo Ramiro acerca de la apariencia, así que al llegar a la tienda elegí algunos modelos que a el obviamente no le parecieron pues seguían ocultando a la guapa vendedora estrella de la compañía, por lo que le dije que si tanto sabía que escogiera él el atuendo, cosa que hizo, me entregó tres minifaldas que en ese entonces me parecieron de escándalo, riendo le dije que ni loca iría a trabajar así, las tres eran de vestir pero muy cortas, la primera era un trajecito azul cielo sin mangas escotado, la segunda era un conjunto de faldita tableada negra con una blusa blanca de botones y la tercera era un trajecito blanco con escote en la espalda y cuello de tortuga, el común denominador de todas ellas es que las falditas eran diminutas, seguro me llegarían a medio muslo. Me rogó que me las probara y que si no estaba contenta con el resultado que lo dejaría por la paz, decidí probarme la ropa y el resultado realmente fue espectacular, me veía en el espejo y me sentía súper sexy, realmente me gustaba lo que veía pero no estaba segura de verme bien, por lo que salí con el trajecito azul a que me viera Ramiro y éste hizo una cantidad tal de exclamaciones de júbilo que me dejaron muy convencida de mi apariencia, decía que me veía espectacular, que era la mujer más bella y de mejor cuerpo que había conocido en su vida, que con esa ropa podría ser la vendedora estrella de la compañía, pero me dijo que había un detalle y me mostró como las costuras de mis pantaletas se marcaban en el vestido, por lo que me ordenó que me probara los demás para ver si existía el mismo “detalle”, con la falda tableada no se veía, pero con el vestido blanco era de escándalo, por lo que me dijo que todo nos lo llevaríamos, le dije que no tenía dinero, pero me dijo que lo pagaría él y que me lo cobraría de mi primera prima por traer a un pez gordo a la empresa.

Al final me dijo que sabía como solucionar el pequeño “detalle” para verme perfecta, de broma le dije que si la solución era no usar pantaletas definitivamente no lo haría; él se rio y me dijo que definitivamente esa sería una buena solución, pero que la mejor era usar tangas y entre más breves mejor. Sin dejarme responder me llevó a la parte de lencería y volvió a elegir un conjunto de 5 tangas que me parecieron escandalosas, eran de hilo dental, solo un triangulito al frente y por detrás prácticamente nada, le dije de broma que no me iban a dejar salir del probador para mostrarle como se me veían y él se sonrió y me dijo que no había problema; no puedo negarte amor que me mojé mucho cuando vi esas tanguitas, pero aún no estaba convencida, así que le dije que todo muy bien pero qué le iba a decir a mi marido cuando me viera llegar con ropa tan diferente y tanta, él me dijo que te dijera que me acababan de dar un vale para usar en esa tienda como premio por un cliente y que fui con unas amigas a usarlos y que ellas así se visten, parecía que tenía respuesta para todo así que acepté y nos fuimos, el me vino a dejar a la casa esa tarde y al final me pidió que al otro día usara el trajecito blanco, solo para comprobar su teoría, le dije que si y nos besamos casi en la boca.”

Recuerdo muy bien esa vez, ella legó con un montón de ropa muy sexy y le dije que qué pasaba, me dijo exactamente lo que le sugirió Ramiro y yo inocentemente caí en la trampa.

“Pero amor, al otro día obedecí a Ramiro y me fui con el trajecito blanco y una de las tanguitas que me había comprado mi jefe (una blanca muy breve) y noté que tenía razón, prácticamente no se notaba nada porque a la altura de la cintura traía un cinturón el trajecito, así que parecía que no traía nada, realmente era una situación muy cómoda y bastante cachonda pues no estaba acostumbrada al roce constante del hilo con mis partes íntimas, por lo que anduve mojada y cachonda casi todo el día, y la falda era un espectáculo, pegada a mi cuerpo y a medio muslo sentía que en cualquier momento se me vería todo de todo, por lo que caminaba como robot.

Pero lo realmente sorprendente fue que Ramiro tuvo razón en todo, todos los hombres me trataban mejor, eran más atentos, mas caballerosos, hasta los gañanes compañeros de trabajo cuando fueron a la tienda por algo de comer me trajeron para mí sin yo pedirles nada, en fin, que estaba comprobando una vez más que mi jefe tenía razón.

Ya por ahí de las 6 de la tarde, cuando casi no quedaba nadie en la oficina, ya me iba, pero Ramiro me pidió que fuera para decirme algunas cosas, pues todo el día estuvo ocupado, en cuanto me vio entrar me chifló y me dijo que estaba espectacular, que me diera una vueltecita para verme completa, lo obedecí y el me vitoreó y me dijo que viera como ya no se notaban las costuras y que todo eso era gracias a la tanguita que seguramente estaría utilizando y que debería ser la blanca porque de ser otra se notaría el color, yo solo me reí y me senté en la silla, él vino y se recargó como siempre en su escritorio pero ahora sí el bulto de su pantalón era IMPRESIONANTE, nunca había visto nada así, por lo que no podía dejar de verlo, ni sé que me decía, solo sé que entre los roces de la tela, la admiración que tenía hacia ese hombre y la fantástica verga que se notaba estaba más cachonda que nunca, por lo que en una de esas él se ríe y me dice:

  • Vaya, parece ser que la vista te dejó impresionada y no te deja concentrar. Dice Ramiro.
  • Es que nunca había visto ninguno así. Le contesto sin quitar la mirada del paquetote.
  • Pero si ni siquiera sabes si es real, jeje. Bromea mi jefe.
  • Seguro lo es, ya había notado antes que se te hacía un buen paquete. Imprudentemente respondo.

En eso se baja el cierre del pantalón y se baja los boxers y los pantalones a sus tobillos y ahí estaba yo frente a la verga más hermosa que había visto, enooooooooorme, venosa, cabezona y palpitante, él me dice:

  • Ven a comérmela, sé que lo estás deseando putita. Me dice en voz baja mi jefe.

No pude resistirme amor mío, de inmediato me arrodillé frente a ese pedazo de carne que tanto se me antojaba y empecé primero a besarle la puntita mientras veía a Ramiro a los ojos, después le acaricié los huevos enormes y peludos  que tenía y empecé a mamarle ese precioso instrumento, él al principio me dejó hacer pero conforme se iba excitando me tomó de la cabeza y de las tetas y ya marcaba el ritmo de la mamada de manera firme pero constante, no importaba si yo amagaba con arcadas, él me tenía bien sujeta por el cabello y seguía la mamada de manera espectacular. Te diré amor mío que la primera mamada fue sublime, la besé por toda su enormidad, la lamí como si fuera un caramelo, traté de comérmela entera,  le besé los huevos, se los lamí y casi siempre mirándolo a los ojos, para saber si Ramiro lo disfrutaba, no lo podía creer, pero sólo con esa mamada me corrí por primera vez en la tarde.

Después de darme ese banquetote con la reata de mi jefe él me dice:

  • Mamas de campeonato zorrita, pero ahora por fin veré que tanga te pusiste y te cogeré como nunca te han cogido, terminarás siendo mi putita personal de tanto que te va a gustar mi vergota. Me amenaza Ramiro
  • Pero soy una señora casada, decente, nunca le he sido infiel a mi marido. Me entró un dejo de decencia aunque yo estaba ahí arrodillada y con la mano acariciaba a ese hermoso ídolo de carne.
  • Serás una señora casada muy puta, ahora no me respondas y empínate en el escritorio que quiero ver cómo esas tremendas nalgotas son mías. Me ordena mi jefe.

Estaba perdida de cachonda, y lo peor es que la manera en la que me trataba ayudaba a ponerme cada vez más caliente, por lo que ya sin decir nada me incliné sobre el escritorio, me levanté la mini a la altura de mi cintura y me ofrecí a ese macho moviéndole el culo.

  • Así es pirujita, me encanta que te ofrezcas a tu macho. Me dice Ramiro.

Acto seguido me mueve la tanguita, me quedo quietecita, me toma del cuello y él de un solo empujón me ensarta toda su vergota en mi puchita, ahí tuve otro orgasmo.

Yo grité del placer y empecé a gemir como una loca, maaaaaas papi, maaaaaaas, que rico coges, dame mas, métemela mas, aaaaggggghhhhhh, aaaaaauuuuuuccccccch, mientras mi jefe me penetraba de manera muy profunda casi la sacaba toda y la volvía a meter de una sola embestida, era delicioso, y yo estaba completamente entregada, no importaba que ese macho me dominara por completo, quería ser suya.

Después de un rato dándome de esa manera me dijo que se iba a sentar y que me iba a dar de sentones en su tranca de espaldas a él, en ese momento yo haría todo lo que él quisiera. Por lo que pasamos a esa posición y fue delicioso, la sentía completamente adentro y yo controlaba la cogida de manera bestial, me movía en círculos o me daba de sentones, esa vergota aguantaba todo, él me preguntaba si yo iba a ser su putita y yo le decía que si, que si iba a hacer todo lo que sus pelotas dijeran y yo le decía que si, iba a decir a todo que sí, de repente el me empuja y me dice que me ponga de rodillas que se va a venir en mi boca y que le voy a limpiar la verga de manera que quede limpísima y que me iba a tragar todos sus mecos, me puse de rodillas y a mamar se ha dicho, en dos mamadas recibí el manjar más delicioso (y que por cierto, tu ya lo probaste y crees lo mismo que yo, jiji), espesito, blanco y sabroso que he comido, salado sin ser agresivo, espeso sin ser grumoso. A partir de ese momento sabía que cualquier cosa que me pidiera yo la haría.”

Continuará. . .


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