Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 6.440 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad TodoRelatos (Cams) ]  1.437.133 Miembros | 17.523 Autores | 85.572 Relatos 
NOVEDADES CATEGORÍAS TOP100 AUTORES BUSCADOR
TODORELATOS » HETERO: INFIDELIDAD » 2X1 COMADRE Y AHIJADA LA MISMA NOCHE
[ +
CAMS EN DIRECTO DE USUARIOS! [ COMUNIDAD TODORELATOS ] +10 CHICAS EMITIENDO AHORA!
¿Quieres mirar?
¿Te atreves a emitir?



ZONA SEXO

CONTACTOS

SEXSHOP

COMUNIDAD/CHAT

VIDEOS X
Te apetece un polvo de una noche?
Fecha: 23-Feb-12 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

2x1 Comadre y ahijada la misma noche

Michelle
Accesos: 47.318
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 14 min. ]
 -   + 
No era ella a quien tenía en mente seducir, pero la oportunidad de cogerme a la vieja de mi hermano se presentó y no la iba a desaprovechar. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Encuentra una amante sexy hoy mismo.

La tarde que volví a ver a mi ahijada -desde aquel día que se celebró su bautizo y del cual yo fui el padrino- deseé tener 25 años menos. Morena de piel y ojos grandes de color avellana, estaba justamente como me la había recetado el doctor. Pero fue el porte que tenía, al verla montada en el caballo como toda una amazona, lo que me dejó impactado al verla nuevamente.

Desde el bautizo, me había ido de “mojado” a los Estados Unidos para perseguir el “sueño americano” y aunque me tomó mas tiempo del que esperaba establecerme en aquel país, logré comprarme una casa y trabajar en la construcción. Rodrigo, mi único hermano seguía en México, viviendo en el rancho que nuestros padres nos dejaron. Me había invitado a la fiesta que le celebraría a Clara para celebrar de sus “quince primaveras”.

 Apenas abracé a mi ahijada, sentí como mi verga se endurecía al sentir el contacto de sus brazos delgados rodeándome y al oler ese aroma tan característico de las adolescentes que están a un paso de ser mujeres. Traté de no parecer tan obvio al recorrerla de pies a cabeza, pues con el pretexto de “comparar” cuánto había crecido desde la última vez que la vi me la pude devorar con la mirada en menos de diez segundos. Exquisitamente perfecta a mi gusto, pensé, aunque no sería tan fácil llevar a cabo mi conquista puesto que era la hija de mi hermano.

 La comadre también estaba de “buen ver” todavía. Se notaba que le había heredado a Clarita ese par de pechos que parecían querer reventar su blusa y esas piernas tan bien torneadas. Sin duda Clara era una versión mas joven de su madre, pero corregida y aumentada. Clara pertenecía al equipo de equitación de la localidad; era una excelente amazona que había conseguido ganar algunos premios a su corta edad. Me diò una exhibición de su excelente forma de montar en la primera ocasión que pudimos estar solos. No hace falta decir, que apenas la vi montada en el caballo, me imaginé como se vería montada pero en mi verga. Tenía el pelo rizado hasta los hombros de color negro. Tenía una especie de inclinación sexual por las mujeres de pelo rizado; me gustaba ver como los rizos revoloteaban de un lado hacia otro en cada embestida. Así me imaginaba a Clara entre mis brazos. Ahora sus rizos se movían por el trote del caballo pero yo me la imaginaba tan solo montada sobre mi.

-         ¿Qué te pareció, padrino? – me preguntó Clara dirigiéndose a mi después de la demostración.

-         Eres muy buena para montar. – le dije pasando un brazo por su espalda y atrayéndola hacia mi – Espero que también seas una buena estudiante.

-         En eso no tanto. A mi lo que me gusta es montar caballos.

 Su cumpleaños se celebraría el sábado y yo me regresaría a Estados Unidos el domingo así que tan solo tenía dos días mas antes de esa fecha para lograr algo con Clara. No sabía si tendría éxito o no, pero estaba dispuesto a jugármela. Sentía una atracción y deseo irresistible hacia mi ahijada que solo podía ser calmada hasta que la hiciera mía así como había hecho siempre con cada hembra que había logrado excitarme de esa manera.

Su aroma juvenil me había hechizado y tan solo deseaba tenerla en mi cama para convertirla realmente en mujer.

No podía pasar todo el día con ella, pero esos ratitos que me daba eran suficientes para seguir con mi tarea de seducirla. La abrazaba “inocentemente” cada vez que no estaba nadie más alrededor y ella aceptaba cada “cariño” de mi parte con el mismo entusiasmo.

Tampoco podía pretender que ella sintiera lo mismo, pero al menos era correspondido en el aspecto del “amor paternal” que le brindaba.

Me había contado que solo había tenido dos novios y actualmente solo salía con amigos y amigas. Rodrigo, como todos los padres, procuraba cuidar de su “tesoro”, restringiendo sus salidas y espantándole cuanto pretendiente empezara a rondar a Clara.

 El día de la fiesta, parecía una princesa con aquel vestido rosa. Demasiado conservador para mi gusto, con una amplia falda llena de encajes y una diadema de pedrería de fantasía. Tan solo sus hombros desnudos daban a maliciar el cuerpo de mujer que se escondía dentro del vestido. En la recepción, esperé con ansias el momento de bailar el vals con mi ahijada. Tras bailar con su padre, me acerqué a ella y le pedí que me concediera la oportunidad a mi. Me sonrió y tomó mi mano poniendo la otra sobre mi hombro y yo la tomé de la cintura mientras nos movíamos al ritmo de la música.

 -         Padrino, ¿por qué no te has casado? – me preguntó sorpresivamente

-         Porque no he encontrado a una mujer que sea lo suficientemente hermosa, y ahora que la encuentro resulta que es mi ahijada.

-         ¡Ay padrino!, mejor ni me lo digas que voy a terminar por creerlo.

-         ¿Qué cosa?

-         Que te parezco hermosa…

 Tuve que ceder mi lugar de bailar con ella a otros parientes y amigos que también deseaban bailar con la quinceañera. La fiesta estaba muy animada y el tequila era servido de mesa en mesa sin agotarse como si la misión fuera emborrachar a cada uno de los invitados. Me reuní con Rodrigo y mi comadre en su mesa donde me recibieron con un trago apenas al sentarme. Mientras yo tan solo me mojaba los labios con la bebida, mi hermano se servía trago tras trago contando anécdotas de la ahora mujercita que tenía por hija. Pude notar que Elena me miraba insistentemente sin preocuparse por mi hermano; ya estaba demasiado ebrio como para darse cuenta de lo que su mujer hacía. A sus miradas insistentes, correspondía con sonrisas invitadoras que le daban a entender que su coquetería hacia mi era bienvenida.

Una hora después la misma Elena me pidió que la ayudara a llevar a su marido a su habitación. La fiesta aún no terminaba, pero Rodrigo apenas si podía mantenerse en pie y sin insistir demasiado, se dejó llevar hasta su cama de donde ya no se levantó mas esa noche.

Elena le quitó las botas y después me condujo fuera de la habitación. Sin dejar de mirarla, le tomé la mano y la besé. Tenía mucho que agradecerle a esa mujer, sobre todo que le hubiera heredado su belleza a mi ahijada que tanto me gustaba. Sin decir nada, se me colgó del cuello y me besó apasionadamente. Por un momento me sorprendí y no supe como reaccionar. No era ella a quien tenía en mente seducir, pero la oportunidad de cogerme a la vieja de mi hermano se presentó y no la iba a desaprovechar. Correspondí a sus besos dándome cuenta de que ella también estaba ebria, pero eso no me impidió deslizar mis manos por debajo del vestido y acariciar sus piernas. Mi cuerpo se enardeció al notar las medias y el liguero que traía puesto. Hasta ese momento, mis ojos estuvieron siempre puestos hacia su hija, sin notar que la comadre, llevaba un vestido negro entallado con un discreto escote. Le quité el vestido lo mas rápido que pude, pues quería ver lo que llevaba debajo. Un brassiere  negro aprisionaba sus enormes tetas que amenazaban con reventar la tela en cada movimiento de su respiración agitada. A pesar de ser una mujer madura, era muy atractiva. Tendría algunos kilos de màs, pero tenía un cuerpo firme y tentador. Bajé el brassiere y devoré sus pezones mientras mis manos buscaban liberar mi verga. Elena ya había comenzado a quitarme la camisa y yo le ayudé quitándome el pantalón.

 Me guió hasta el baño mas próximo y cerró la puerta. Le pedí que se sentara sobre el retrete y le ofrecí mi verga para que me la mamara. Ella aceptó sin pensarlo y se lo metió todo a la boca dándome una muestra de lo que los años de experiencia le habían enseñado a hacer. Sus labios y su lengua hacían lo suyo recorriéndome toda la verga haciendo que mis piernas temblaran al sentir su contacto. El escenario, el saber que era mi comadre y que mi hermano se encontraba tan solo a unos pasos de distancia, se conjugaron para aumentar las sensaciones que recibía en cada lenguetazo que Elena me daba; así que decidí por fin penetrarla. La hice apoyarse contra el lavabo y le deslicé hacia abajo la tanga que traía. Apunté mi verga a su depilada vagina y la penetré a la primera embestida hasta el fondo. Un grito salió de su boca y fue el único porque le tapé la boca con mi mano para seguir penetrándola profundamente como a mi me gustaba.

Con la otra mano, masajeaba sus tetas que no paraban de balancearse de un lado a otro y tirè de sus pezones. Sabía que ella lo estaba disfrutando tanto como yo porque no paraba de gemir y movía hacia atrás su culo para que la siguiera penetrando con el mismo ritmo. Algunos instantes después, sentí que ya iba a eyacular así que le pedí que volviera a sentarse en el retrete, y me dejara vaciar mi leche en sus tetas.

 Nadie pareció darse cuenta de lo que pasó; estaban todos demasiado contentos disfrutando de la fiesta. Elena estaba disculpando la ausencia de su marido a algunos amigos de la familia y de vez en cuando miraba hacia donde estaba yo dedicándome una sonrisa. Clara seguía bailando con sus amigos y no veía la forma de acercarme a ella sin parecer demasiado obvio. Después de todo, era consciente de que Elena no dejaba de mirarme cada vez que podía.

Me había resignado a que al menos esa noche, un acercamiento con Clara no sería posible y decidí seguir disfrutando del ambiente.

La fiesta terminó una hora después cuando casi eran las tres de la madrugada. Después de que se marchó el último invitado, Elena se despidió también y se marchó a su habitación sin decir mas.

Estaba a punto de irme a dormir yo también cuando Clara se dirigió a mi con una botella en la mano.

-         Ven a tomarte un tequila conmigo padrino- me dijo entre risas

-         Lo que deseé mi ahijada favorita

 Clara ya empezaba a mostrar signos de ebria cuando nos tomamos el primer tequila. Su conversación era mas locuaz y reía de cualquier cosa que le contaba. Mientras ella se reía, yo solo admiraba el excelente trabajo de la maquillista convirtiendo su rostro infantil en el de una bellísima mujer. Se había cambiado el vestido rosa por uno de color rojo entallado marcando sus curvas. Siempre me han gustado mas las adolescentes por lo estético de sus cuerpos; era terreno virgen y se prestaba para explorar cada uno de sus rincones. Ella era simplemente perfecta porque con cualquier tipo de ropa que se pusiera, lograba ponerme a mil.

Después de dos tragos mas, me dijo que se iba a la cama. Se tambaleó al ponerse de pie y yo la sostuve. La llevé hasta la entrada de su cuarto, pero ella me pidió que la llevara hasta su cama. No me lo tuvo que repetir, estaba mas que encantado de poder tenerla en mis brazos aunque solo fueran unos instantes mas.

La recosté en la cama y ella me miraba sonriéndome. Interpreté aquella sonrisa como una invitación y le deposité un breve beso en sus labios para desearle buenas noches. Al sentir la suavidad de sus labios y al ver que ella no se apartó, mi siguiente movimiento fue besarla de nuevo apoderándome de sus labios. Ella abrió los labios y yo profundicé el beso al sentir como sus brazos me rodeaban.

 No pensé que sería tan fácil dar el siguiente paso, así que me acomodé a su lado en la cama y la seguí besando con delicadeza, no quería asustarla. Ella me correspondía apresándose contra mi cuerpo y yo tan solo podía notar su falta de experiencia de malicia al momento de besar. Sabía que estaba ebria, que quizás debería esperar a tener otra oportunidad en la que no estuviera bajo la influencia del alcohol, pero no había tiempo ya y tampoco tendría la seguridad de que ella accediera a hacer lo que ahora estaba haciendo.

Con delicadeza comencé a acariciarle el cuello y deshaciendo después el elaborado peinado para dejar sus rizos caer libremente por sus hombros desnudos. Tuve que tener paciencia al momento de acariciarla, hacía muchos años desde la última vez que estuve con una mujer mas joven y virgen; sin duda, se les tenía que tratar de forma muy distinta. Deslicé su vestido por todo su cuerpo muy lentamente sin dejar de besarla, revelándome un par de senos voluptuosos y firmes cubiertos por un sostén del mismo color del vestido bordado de encaje. Detuve el vestido en sus caderas para admirar sus pechos y depositar besos sobre ellos; ardía en deseos de arrancarle toda su ropa de una vez y hacerla mía. Una vez más, me recordé a mi mismo tener paciencia.

Por fin le deslicé el vestido por su cuerpo hasta quitárselo y ahora tan solo la tenía con unas bragas de color rojo a juego con el brassiere. Sin dejar de besarla, intenté quitarle el brassiere pero ella me detuvo.

-         No padrino –susurró respirando agitadamente- Por favor no me quites la ropa interior, me dà mucha vergüenza que me veas desnuda

-         No tiene nada de malo que te vea así- le dije sintiéndome al borde de la desesperación y la lujuria por poseerla- Eres bellísima, no tienes nada de que avergonzarte.

 Sus ojos me miraban expectantes, podía notar que estaba excitada y que le estaban gustando mis caricias, pero también había miedo en su mirada. Totalmente comprensible en las mujeres que están a punto de perder la virginidad. Pude tomarla a la fuerza ignorando sus réplicas, pero siempre he sido enemigo de forzar a una mujer. Prefreía “persuadirlas” para que me dieran lo que quería, así que apartándome un poco de su lado le dije:

-         “Será mejor que me vaya, no quiero obligarte a hacer algo que no quieres o de lo que no estés completamente segura…”

 El que calla, otorga. No se movió de su lugar y aunque me aparté un poco, no me levanté de la cama. Poco a poco nos fuimos acercando hasta besarnos otra vez con la misma delicadeza que antes. A pesar de la forma tan suave e inocente de mis caricias hacia uno con el otro, mi verga quería salir de la prisión de mi ropa y me desnudé lentamente. Hubiera deseado que sus manos tocasen mi verga pero se limitó a seguir besándome y abrazándose a mi cuerpo. A diferencia de las de ella, mis manos si empezaron a recorrerla lentamente desde el pelo hasta sus piernas. Logré meter una de mis piernas entre las de ella para así hacerla sentir la fuerza de mi sexo, pero solo jadeaba cuando sentía la presión en su vagina. Acaricié por encima del sostén sus pezones. Se notaban por debajo de la tela duros al contacto de la palma de mis manos y también los besé. Mi exploración continuó por su abdomen firme hasta llegar a sus caderas. Acaricié sus piernas sin atreverme todavía a invadir la privacidad de su vagina con mis manos. Deslicé mi pierna hacia fuera de las suyas y la acaricié por encima sintiendo el vello aprisionado por las bragas. Comencé a masajearla consiguiendo sacarle mas de un suspiro cada vez que mis dedos la rozaban. Me puse sobre ella completamente desnudo mientras ella permanecía con la ropa interior, pero no por eso dejaba de desearla, mi excitación hacia ella era tan grande que aunque no me hubiera permitido quitarle el vestido, la lujuria no se me habría bajado.

Con ella dediqué mas tiempo que con ninguna a acariciarla; tenía que hacerla sentir segura para poder dar el siguiente paso. Estaba ya muy cerca pues notaba que las bragas ya estaban húmedas y ella no paraba de gemir. Hice un último intento de librarla de ellas, pero ella me lo impidió otra vez.

-         No,- dijo débilmente temblando- no me las quites por favor.

-         ¿Te das cuenta de que puedo lastimarte más si no me dejas quitártelas?

No me diò una respuesta, solo se abrazó de mi cuello. Ya no podía aguantar mas, así que se las hice a un lado, solo lo suficiente para que mi verga quedara justo a la entrada de su vagina. Sabía que iba a dolerle, pero confiaba en que sería pasajero, solo hasta que se acostumbrara a sentirme dentro. No pude ser delicado al momento de penetrarla porque mis ansias y mi deseo por poseerla ya me rebasaban. Ahogué su grito con un beso mientras de una sola embestida la penetré tan profundamente como esas malditas bragas me lo permitieron.

-         Shhhh , tranquila, ya esta dentro. No luches contra esto, pronto pasará el dolor.

 Sus gemidos me excitaban mas y ni qué decir la presión de su vagina en mi verga. Comencé a deslizarme despacio dentro y fuera de ella luchando también con las bragas que empezaban a rozarme la verga. volví a hacerlas a un lado y continué con la penetración mas rápido ahora que notaba que había dejado de sufrir. Sus ojos reflejaban sorpresa por las sensaciones que le provocaba y jadeaba intentando reprimir cualquier sonido que el ir y venir de mi verga le provocase. Ahora podía ver como sus rizos se movían sobre la almohada; la misma imagen que imaginé el día que la volví a ver ahora se materializaba excitándome aún más.

Sus manos apretaban mi cuerpo como si no pudiese sostenerse por si misma por la fuerza con la que estaba penetrándola. La delicia de poseer a una virgen y la de poseer a una mujer casada no tenían precio ni comparación. Ambas situaciones me resultaban extremadamente placenteras y pude disfrutar de las dos ese mismo día.

Mentiría si digo que ella logró tener un orgasmo pero yo si. La estrechez de su vagina provocó en mi una violenta eyaculaciòn que terminó entre sus piernas. Por supuesto no quería que mi ahijada pudiera quedar embarazada. La besé dulcemente agradeciéndole que me hubiera regalado su virginidad. Ella sonrió sin poder disimular lo adolorida que la había dejado y aún en estado de excitación.

Dediqué unos minutos a tratar de masturbarla para hacerla terminar, pero me detuvo. Me dijo que se sentía agotada y quería dormir. Me vestí mientras ella se dirigía a la ducha y salí del cuarto cuidando que nadie me viera.

 A la mañana siguiente, me reuní con la familia a la hora del desayuno, pues estaba a escasas horas de regresar al gabacho. Rodrigo sufría una resaca terrible pero aún así no perdía su habitual sentido del humor mientras Elena conversaba sin enviarme ninguna mirada como las de la noche pasada. Hacía como si nada hubiese pasado entre los dos. Clara por su parte, estaba muy callada y de vez en cuando me miraba tímidamente. Yo le sonreía como había hecho desde el día que llegué, sin poder quitarme de la mente que la había poseído. Aún me seguía excitando al verla, lástima que tendría que marcharme ese mismo día.

 Me despedí de los tres abrazándolos. Clara se abrazó de mi con fuerza y me susurró al oído:

-         Si no vienes pronto otra vez, entonces iré yo a verte donde estés.

 Le sonreí dándole a entender que lo segundo me gustaría mas, y agarrando la maleta me subí al taxi que me llevaría al aeropuerto. Esperaba que fuera cierta la amenaza de Clara de visitarme y rezaba para que no pasara demasiado tiempo para volver a tenerla en mis brazos. Ardía en deseos de enseñarle todo lo que sabía y más.



Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (6)
\"Ver  Perfil y más Relatos de Michelle
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
Estas teniendo el sexo suficiente?
LWNET 1999-2014 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)