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laurita18@iespana.es indicando el
titulo del relato.
(Sólo asuntos relacionados con los relatos, cualquier otra petición será
ignorada)
Al abrir los ojos Nuria contempló el techo de una habitación
completamente desconocida para ella. La cabeza le dolía enormemente, causa
directa de la tremenda borrachera que se había cogido la noche anterior. Un
análisis más exhaustivo le habría demostrado que, a pesar de la resaca, una
pequeña costra de sangre detrás de la oreja derecha era la principal causante de
este fuerte dolor. Al removerse un poco en la cama no tardó en percibir que
estaba desnuda por completo. Miró a la izquierda y vio la espalda y los hombros
de un chico bastante fornido, de esos que podrían trabajar perfectamente de
gorilas. Aparentaba estar también desnudo (evidentemente, qué otra cosa podían
haber hecho en aquella cama hacía sólo unas horas?). Se giró a la derecha y vio
una radio-despertador digital; marcaba las 6:22.
Hacía frío en la habitación, las ventanas estaban cubiertas
de vaho. Le costó decidirse a salir de la cama, aún más estando desnuda. En
cuanto lo hizo empezó a tiritar. Buscó rápidamente su ropa por el suelo.
Mientras lo hacía notó ciertas molestias en su culo, molestias que cuanto más se
movía más aumentaban. Viejos dolores renacían. No le prestó atención, aunque no
le costaba imaginar de qué sería, y decidió largarse de allí cuanto antes.
Localizó el top rojo y se lo puso. En el cabecero de la cama estaban sus medias
atadas y medio desgarradas. Vio la minifalda negra tirada en un rincón; una bota
al lado de la cama, la otra no conseguía verla, igual que las bragas que tampoco
consiguió localizarlas. También vio la ropa de aquel grandullón: pantalones
negros, camisa blanca, corbata... no cabía duda, era un portero de discoteca.
Salió del cuartucho, no sin antes echarle una última mirada al gorila,
intentando recordar, pero fue en vano. Por el pasillo encontró la otra bota y en
la entrada se encontraba su abrigo. Antes de irse, se miró en un espejo que
había en la entrada: tenía el pelo revuelto y el maquillaje corrido. Algunos
arañazos y dedos marcados en su cuello. Daba la impresión de haber llorado, el
labio estaba hinchado y la mejilla derecha la tenía amoratada. Asustada por lo
que debió haber ocurrido ahí, dejó de mirarse súbitamente. Vio un sobre de color
manila doblado sobre la mesilla del teléfono. Lo cogió.
El frío de la calle le golpeó de lleno. Dejó la puerta del
portal entreabierta y salió a mirar el nombre de la calle. Llamó por el móvil a
un taxi y regresó al portal, donde hacía algo menos de frío. Esto le dio tiempo
para pensar en la noche anterior, en cómo había acabado allí, al culo del mundo.
Vamos, Nuria, que nos están esperando – Inés irrumpió en
el cuarto de baño, donde terminaba de retocarse el maquillaje -. Joder, no
crees que te has pasado un pelo? Esto es por Javi?
Puede ser – Respondió Nuria con mirada pícara.
Si hoy no te lo follas, no lo harás nunca.
Calla, no seas gafe.
Finalmente salieron de casa. En el McDonald’s donde siempre
quedaban estaban esperándolas el resto de las chicas. Que por qué Inés estaba en
su casa? Fácil, era su hermana. Que cómo es posible que dos hermanas no solo se
lleven bien sino que además salgan juntas? Pues la verdad es que la respuesta
puede que esté más oculta de lo que parece, quizá fuera porque celebraban su
cumpleaños el mismo día. Ahora claro, todos pensaréis: gemelas! Pues no. O por
lo menos no a primera vista desde hace ya unos añitos.
En cuanto iniciaron su recorrido habitual de pubs Nuria notó
que no había salido mal parada de toda la tarde preparatoria. Varios chicos
quisieron conocerla y, claro, tener algo más, aunque eso no iba a ser posible,
pues ella se estaba reservando para su gran amor: Javi. Quizá la extrema
minifalda negra tuviera algo que ver; o puede que fuera aquel top rojo que había
tomado prestado a su hermana y debajo del cual no había tenido la decencia de
ponerse sujetador; o incluso pudiera ser el nuevo perfume que... no, los chicos
no pueden detectar esos detalles.
Por fin se decidieron a ir a la discoteca. Allí, en cuestión
de minutos, localizó a Javi. Y fue en esos minutos donde se empezó a torcer la
noche.
Vio aparcar al taxi en la acera de enfrente. Salió del portal
y dio una carrera hasta el vehículo. Un tipo rudo y corpulento con cara de pocos
amigos estaba al volante. Le dijo la dirección. No tenía gran cosa que ocultar
con aquella reducida minifalda, pero supo sentarse de tal forma que no
distrajera demasiado al taxista. Éste de vez en cuando le echaba una mirada e
intentaba entablar conversación pero se cansó a la segunda pregunta al ver la
poca colaboración de aquella extravagante chica. A pesar del aspecto intimidador
que tenía, seguro que le hubiera convenido más su compañía durante la noche
anterior. Las calles estaban vacías y el trayecto era rápido, pero realmente
estaba en el culo del mundo. Su cabeza volvió a los sucesos de la noche
anterior.
Cuando vio a Javi, lo hizo en el peor momento posible. Se
encontraba en medio de una charla muy animada con una morena de tetas
prominentes y escote exagerado. Estaba lejos, pero creía ver que el escote
llegaba justo hasta los pezones e incluso parecía que estos sobresalían algo.
Embutida en unos pantalones que parecían una segunda piel y sin prácticamente
culo. No era la muchacha perfecta, sin embargo lo suficientemente buena (y
zorra) para liarse con el tipo que Nuria llevaba rondando dos semanas y joderle
por completo la noche. Con un cabreo de cojones se dirigió al baño. Entró y se
miró en el espejo. El peinado a base de laca con un acabado perfecto, el
maquillaje recargado, la sombra de ojos plateada, los ojos verdes húmedos de
rabia conteniendo las lágrimas, su pequeño cuello que aquella noche sería
mordido y besado. Dio un golpe con el puño al lavabo mientras susurraba: "Hijo
de puta...".
Cuando hubo logrado calmarse salió y se acercó a la barra,
donde ahogaría su dolor a base de whiskys hasta donde la economía permitiera.
Varios tipos se acercaron a la barra con aviesas intenciones en mente pero todos
fueron rechazados, de forma más o menos amable. Pero después de la tercera copa,
se le iba haciendo más extraño rechazarlos y acabó entablando conversación con
un par antes de mandarlos nuevamente a la mierda. La forma de entrar del tercero
no fue muy ortodoxa, entre empujones y "perdona" para pedir en la barra, se
colocó a su lado y... bueno, él no dijo nada, pero Nuria le preguntó si quería
bailar y la miró con cara de sorpresa mientras aceptaba la invitación. Lo cierto
es que tras su sorpresa inicial, comenzó a moverse muy cerca de ella,
aprovechando cualquier oportunidad para manosearla. Desde el principio se podía
notar una aceptable erección en sus pantalones. Se rozaba con ella por delante y
por detrás, la hacía girar de vez en cuando, la cogía de la cintura y se
restregaba por todo su culo. Entre tanto jueguecito y toqueteo Nuria decidió que
quería follárselo.
Señorita... señorita?, se encuentra bien?
Uh? Sí, perdona – Le contestó al taxista.
Ya hemos llegado.
Err, cuánto le debo?
20 euros – De alguna forma sabía por qué había cogido
aquel sobre, sabía lo que había en él. Lo abrió para sí misma y sacó un
billete de 50, lo más bajo que había.
Anduvo a paso ligero por la calle hasta llegar al portal de
su casa. El frío y una tenue bruma la envolvían por completo. Entró en casa. El
más absoluto silencio reinaba en todo el piso. Su hermana aún no había llegado,
así que decidió darse un baño de agua caliente. En cuanto se sumergió en la
bañera, retomó sus pensamientos donde los había dejado cuando le había
interrumpido el taxista.
Salieron fuera, al aparcamiento, que no era más que una
explanada de tierra. El furtivo amante apoyó la espalda en un coche mientras se
besaban con ansia. No tardó en empezar a hacer fuerza sobre los hombros de la
chica para que se agachara. Ella intentó resistirse tímidamente aunque acabó
poniéndose de cuclillas con los pantalones abiertos de aquel chico delante de su
cara. Acto seguido sacó su miembro y comenzó a pajearlo tímidamente.
Chúpamela – Le instó.
Le dio un lametón todo lo largo que era y después de
lubricarla con su saliva la metió en su boca. Él colocó una mano en la parte
trasera de su cabeza y empujaba cada vez más. Esto le producía de vez en cuando
arcadas, por lo que intentaba separarse más. Entre suspiros y pequeños jadeos
suyos, comenzó a balbucear:
Sí... mmm, sííí... vamos, zorra, qué bien sabes
hacerlo... mmm, eres una puta, lo sabías? Sííí...
Paró de inmediato la felación y lo miró seriamente.
No me digas eso.
Qué? Que no diga qué?
No me insultes.
Pero que... lo que hay que oír – Nuria hizo ademán de
levantarse y marcharse, pero la detuvo.
Espera, tranquila, ya me callo. Vamos, joder, perdona, ha
sido un acto reflejo. Vamos, continúa, princesa.
Le miró sin demasiada confianza pero acabó aceptando.
Reinició la labor. Su verga había disminuido sensiblemente de tamaño aunque se
mantenía morcillona. Nuria pudo notar entre sus propios labios cómo se endurecía
su miembro y las venas se le marcaban más aún. Podía incluso sentir cómo latía
su polla en el interior de su cavidad bucal. Con la mano derecha intentaba
alcanzar su ano para meterle un dedo.
Shhh, princesa, tranquilita, ahí no toca nadie,
entendido?
Sorprendida asintió con la boca llena, mirando desde abajo.
Pensó durante un instante en lo humillante que estaba siendo aquello. No tenía
ninguna razón para chuparle la polla a aquel tipo. Quién cojones era? Ahh, el
tipo de la barra. Notaba un cierto mareo, los whiskys que se había tomado
estaban mezclándose ya con su sangre. Tenía la cabeza nublada y mientras tanto
seguía mamando la verga de aquel chaval. Con el pene firmemente agarrado con una
mano, su capullo entrando y saliendo, rozando sus labios, presionando su lengua.
El chico de nuevo había puesto su mano en su cogote y apretaba suave pero
firmemente, cada vez más. Tras un par de minutos, comenzó a hacerle daño; se la
metía casi hasta el fondo provocándole arcadas cada vez más pronunciadas, y
comenzó otra vez a insultarla:
Sí, putita, mmm. Jodida zorra chupapollas. Te quejabas
antes, eh? Pues toma dos tazas, por puta.
Aceleró las embestidas, llegando su capullo hasta su
garganta. Habría mordido en aquel mismo instante sino hubiera empezado a
vomitar. Él, ciego de placer, continuó follándole la boca a pesar de todo.
Agitaba las manos e intentaba golpearle. Entonces comenzó a correrse
directamente en su garganta: uno, dos, tres disparos directos; luego comenzó a
aflojar y consiguió zafarse de él. Nuria se incorporó veloz y le dio un
rodillazo en la entrepierna. Durante un par de segundos, antes de caer de
rodillas y echar por completo el contenido de su estómago por la boca, pudo ver
sus ojos en blanco y su boca sin aliento mientras se llevaba las manos a sus
genitales golpeados.
Sacando fuerzas de donde no las tenía, se levantó y echó a
andar hacia la entrada, pero entonces una mano le agarró del tobillo, dio un
grito y cayó al suelo de bruces. Moviéndose pesadamente se acercó a Nuria y se
colocó encima suyo.
Hija... de... puta – Consiguió decir mientras recuperaba
el aliento.
Nuria comenzó a agitarse y a gritar como una posesa.
Socorro!!! Socorro!!! Que alguien me ayude!!!
Pero nadie la oía. Las lágrimas caían de sus ojos mientras
gritaba y se movía desesperadamente, pero en aquel momento la tenía
completamente cogida. Le dio una bofetada para intentar callarla pero lo
consiguió solo instantáneamente. Cegado por la rabia, le subió la falda y le
arrancó de un tirón el pequeño tanguita. Entonces Nuria volvió a gritar de
nuevo, más alto si cabe. El chico situó su polla a la entrada de su coño y
empujó. Resbaló por fuera. Estaba a punto de desmayarse. Oía pasos, gente que
corría hacia el lugar. Volvió a empujar y le introdujo la verga profundamente,
hasta el tope que marcaban sus huevos, luego se salió bruscamente y no volvió a
entrar. Nuria se desmayó en aquel momento.
Sonó la puerta abriéndose. Debía de ser Inés, pero por el
ruido extra le pareció que no venía sola. Nuria permanecía dentro de la bañera,
gimoteando al recordar todo aquello que había ocurrido. Oyó la puerta de su
habitación cerrarse en medio de algunas risitas nerviosas. Intentó en vano dejar
de llorar e hipar. En la habitación de Inés se oían susurros. El ruido de los
zapatos al caer al suelo, el cinturón, el quejido de la cama al recibir el peso
de dos cuerpos. 2 minutos después, los gemidos de Inés monopolizaban al resto de
sonidos, incluso a los pájaros que saludaban en la calle sonoramente a los
primeros rayos de sol. Durante unos angustiosos segundos tuvo la tentación de
coger la maquinilla de afeitar e intentar contarse las venas con las cuchillas.
Durante el resto de su vida Nuria agradecería a la fuerza sobrenatural que le
impidió hacerlo.
Estás bien? Me oyes? – La estaban sacudiendo. Dónde
estaba? Ah, ya. "Tierra, trágame" pensó -. Nada, está grogui.
Joder, se ponen hasta el culo de todo y...
No... está solo ha bebido. No te has fijado en la
papilla?
Sí, no tengo otra cosa que hacer que examinar la pota de
una zorra.
Además no sé de qué cojones te quejas. Gracias a todo lo
que se meten, tenemos casi el doble de sueldo.
Ya estamos otra vez...
Déjalo, anda, que me vas a cabrear. Mira, parece que
vuelve en sí – Abrió los ojos suavemente, lo primero que vio fue un guardia
de seguridad muy corpulento, con el pelo raso.
Estás bien? – Nuria asintió, o al menos eso quiso hacer.
– Patxi, trae una botella de agua.
Será mejor que la llevemos dentro.
No, tú hazme caso, me la llevo a casa. Allí podrá dormir
hasta que se harte.
Joder, Manolo, tú y tus idas de olla. Estás seguro de lo
que vas a hacer? Te juegas el puesto.
No tiene por qué enterarse nadie si no abres el pico.
Venga, ve y tráeme esa maldita botella – Cuando se hubo alejado volvió a
dirigirse a Nuria.
Qué tal? Mejor?
Dónde...
Cómo? Donde qué?
Dónde están mis bragas? – Le preguntó. Notaba el frío de
la noche en la entrepierna.
Ni idea chica. Por aquí cerca no andan. Venga, tranquila.
Quizá fuera producto de su imaginación, pero durante un
momento notó una mano de gruesos dedos tocándole el coño frío y ligeramente
irritado. Cuando volvió su compañero, le dio de beber y la llevó hasta su coche.
Estuvieron intercambiando palabras durante unos minutos aunque Nuria no pudo
escuchar nada de lo que hablaban, estaba demasiado derrotada. Fueron las últimas
frases las que oyó, cuando se metió en el coche.
Ah, por cierto, tu parte de la recaudación del JJ te la
he dejado en el bolsillo de la chaqueta.
Vale. Ya nos veremos.
Agur. Y que te lo pases bien.
Nuria no recordaba muchísimo más hasta llegar a su casa. Ella
no quería ir allí, pero su cerebro no fue capaz de dar forma a aquella idea y
dar la orden a su boca de que hablara y dijera que la llevara a casa. El
alcohol, a pesar de todo, seguía haciendo su trabajo de depresor y estaba
derruida completamente. Durante el trayecto, en los momentos en que estaba en
vigilia, de vez en cuando notaba su vigorosa mano en mi pierna, acariciándola.
En ese momento se abre la puerta del baño. Aparece Inés
completamente desnuda. Se asusta inicialmente al ver su hermana recostada en la
bañera, con el agua casi hasta el cuello y llorando como una magdalena.
Inmediatamente cierra la puerta y se dirige a Nuria:
Pero qué te ha pasado? No sabía que estuvieras aquí,
pensé que estarías con Javi – Al oír aquel nombre, empezó a llorar con más
fuerza. -. Me vas a contar lo que te pasa o qué? Y deja ya de llorar.
Ja..Javi estaba con otra – Consiguió decir entre lágrimas
-. Y...y...y yo me enrollé con otro y entonces...
Nuria se lo contó todo a su hermana de forma bastante
resumida.
Joder, Nuria, qué fuerte todo esto que me estás contando.
Anda sal de la ducha, sécate y vístete. Yo voy a echar a Manolo.
Nuria salió de la bañera igual que un muerto viviente,
chorreando agua sin importarle lo más mínimo el estropicio que estaba causando.
Tomó una toalla y comenzó a secarse sin demasiada convicción, con los ojos
mirando al vacío mientras evocaba los hechos de la reciente noche.
Durante el trayecto en coche volvió a quedarse dormida,
producto de la borrachera, pensaba. Cuando despertó estaba echada en un sofá, en
la que sería la casa del portero de la discoteca. Él estaba enfrente, sentado en
un sillón. Se había deshecho del traje de su trabajo y vestía un austero
chándal. En la estancia no hacía nada de frío, de hecho notaba cierto calor. La
calefacción debía estar más alta de lo normal.
Por fin despiertas.
Dónde estamos?
En mi casa.
Y qué hago yo aquí?
Dormir. Hasta ahora.
Ya. Mira, yo... – Le costaba articular las palabras y qué
decir de los propios pensamientos. Era difícil ordenar las ideas con
semejante resaca – Yo te agradezco lo que hiciste por mí, pero me gustaría
irme a mi casa. Puedo pedir un taxi?
No – Su respuesta seca le sorprendió. Se incorporó
ligeramente y dejó el vaso del que estaba bebiendo en una pequeña mesa.
Qué?
No te lo tomes a mal. No creo que en tu estado sea bueno
que estés sola.
Perdona pero...
Mira, quizá te parezca extraño, pero la tuya es una
situación que he visto más frecuentemente de lo que me gustaría. Y sé cómo
te tienes que sentir ahora. Una amiga cercana sufrió algo parecido. Tardó
mucho en reponerse porque en su momento no hubo nadie para estar a su lado y
apoyarla.
Lo siento mucho, pero de veras, estoy bien. Y estaría
mucho mejor si estuviera en mi...
No sabes de lo que hablas. No eres consciente aún de...
lo que te podía haber pasado.
Oye, por favor, ya te he dicho que te agradezco mucho tu
interés pero quisiera marcharme.
Te intento ayudar y me respondes así? Sabes qué pienso? –
Su sonrisa desapareció dejando paso a un duro semblante. Se levantó y se
acercó a Nuria, que empezó a sudar nerviosa -. Pienso que lo único que
hacías era llamar la atención para que la gente viera lo puta que eres y que
te estabas follando a un gilipollas en el aparcamiento. Mírate... – La cogió
de un brazo y la zarandeó. Su fuerte mano apretaba su antebrazo, causándole
dolor -. No eres más que una vulgar comepollas. Os tengo muy caladas...
Ayudadmeee, ayudadmeee – Gimoteó con voz aguda -, y luego os corréis en
cuanto veis a la gente a vuestro alrededor.
Por favor suélteme – Suplicó.
Aflojó su mano, y Nuria creyó que iba a hacerle caso, pero
entonces le dio una bofetada. La mejilla derecha le ardía a medida que se iba
tornando colorada. Sus ojos comenzaron a humedecerse.
Unas vulgares y asquerosas putillas, eso es lo que sois.
No merecéis más que os follen sin pedir ningún permiso, igual que a ti te ha
pasado.
Por favor, déjame... – Suplicaba entre lloros -. Por
favor, quiero irme...
Irte? Ja. Si ahora viene lo más divertido. Ahora vas a
hacer todas esas cositas de zorra que tanto os gusta hacer.
No, por favor, no. Quiero irme a mi cas... – ZAS! Otro
guantazo.
Es muy molesto oírte llorar, lo sabías? No te vas a ir,
eso te lo digo yo.
Le agarró con la mano del cuello y le hizo estirarse hacia
arriba mientras le empezaba a faltar el aire. La miraba directamente a los ojos,
reflejando una rabia fuera de sí. Estaba bien jodida. Su otra mano se situó
entre sus muslos, y subiéndole la pequeña minifalda, le agarró con firmeza la
entrepierna, apretándola de forma descuidada. La palma áspera de su mano rozaba
casi dolorasamente con su clítoris.
No te mojas? No te pone suficientemente cachonda la
situación. Ahhhh, claro! Que aún no has visto la polla que te va a
atravesar. Te la mostraré pues.
Nuria se derrumbó al momento de que la soltara. Cayó en el
sofá respirando ansiosamente. Tenía la impresión de que si quería podría
partirle el cuello como a una gallina. No podía hacer nada. Sin embargo, al ser
más pequeña, sería más rápida. Podía salir corriendo en ese mismo momento, pero
a dónde iría? Eso no importaba, cualquier sitio sería mejor. Lo intentó. Se
levantó veloz como el rayo (un rayo con un gran dolor de cabeza y con ideas de
escasa calidad), fue a dar el primer paso hacia su libertad y entonces cayó
pesadamente al suelo. Aulló de dolor cuando su muñeca era aplastada por el resto
de su cuerpo y su cara golpeaba con toda la fuerza de la gravedad el suelo de
parqué. Él la miró riéndose, con los pantalones ya quitados, mostrando una cosa
difícil de creer. El miedo aumentó súbitamente en Nuria.
A dónde ibas princesa? No iba a ser tan estúpido de
soltarte si pensara que podías huir. De todos modos, la puerta está cerrada.
Nuria se miró los tobillos entre lágrimas y vio las esposas
que la habían hecho trastabillar y caer al suelo. Su lúcida mente le volvió a
dar otra "brillante" idea, y se puse a gritar.
Socorro, soco...
Y nada más. Cayó sobre ella, le dio otra bofetada con la mano
abierta y seguidamente un revés. Luego, cogiéndola por la barbilla, le amonestó
fuera de sí:
Pero tú de qué vas, princesa? Quédate calladita. Joder,
si no fueras tan puta, te metería las bragas en la boca. Pero es que ya ni
eso eres capaz de llevar... Maldita fulana. Aún así no creas que te libras –
Tomó un pañuelo y la amordazó con él -. Ves? Ahora mucho mejor, verdad?
Agarrándola por los pelos la volvió a colocar sobre el sofá,
donde le miró con ojos asustados. Se tomó unos minutos para quitarle el top y
dejar a Nuria desnuda de cintura para arriba. De cintura para abajo,
prácticamente igual, porque la falda estaba arrollada en su cintura. Después de
magrearle las tetas a conciencia, volvió a palpar aquel coño con la mano abierta
para, a continuación, olérsela profundamente.
Mmmmmm. Qué olorcito más rico! Quieres probar? – Dijo al
tiempo que pasaba su mano por la nariz de Nuria -. Todavía no me has dicho
que te parece mi polla. No está mal, eh?
Con la misma mano que le había pasado por la nariz, se agarró
aquel gigantesco pene de increíble grosor y considerable largo. Todo en él era
grande. La tenía ya morcillona, pero en cuanto se pajeó un par de veces, se
endureció bastante y se colocó en actitud de firmes. Se mantenía horizontal,
perpendicular al suelo. Sin duda, debía ser difícil subir más aquello.
Inés entró de nuevo en el baño. Nuria se había quedado en
estado de shock recordando cómo estaba a punto de ser violada.
Ya se ha ido Manolo. Pero bueno, todavía estás así? A ver
que te ayude.
Más que ayudarla, prácticamente hizo ella todo el trabajo. La
secó a conciencia. Cuando posó la toalla en su sexo irritado, Nuria tuvo que
soltar un respingo. Ahora que lo había recordado, notó otra vez el dolor en su
coñito. E inevitablemente también comenzó a dolerle el culo. Otra vez empezó a
llorar.
Su hermana la tranquilizó y la llevó de la mano hasta su
cuarto. Allí la vistió como pudo mientras seguía lloriqueando. La acostó y se
fue a la cocina. Unos minutos después regresó con una tila, que le obligó a
tomar. Algo más tranquila, le contó más detalladamente lo que había ocurrido. De
vez en cuando, la interrumpía y miraba a ver si tenía más daños que los
superficiales. Cuando a veces no podía continuar con la historia y se echaba a
llorar, ella le ofrecía su hombro para que se desahogara.
Rápida y brutalmente le quitó las medias. Nuria estaba tirada
sobre la cama, intentando plantear algún tipo de resistencia, pero era
prácticamente imposible. La reducía de forma sencilla con tan sólo cogerla un
brazo y apretar. Le ató las manos al cabecero de la cama con ambas medias, para
los pies tuvo que recurrir a una cuerda nylon que pudo sentir cómo laceraba sus
tobillos al poco de removerse sobre la cama.
Quizá te deje alguna magulladora, así que ya sabes,
quietecita – Le dijo después de amarrar el primer pie.
Nuria mantenía fuertemente juntos los muslos, aunque era
inútil, apenas tuvo que hacer fuerza para separar sus piernas y atar el otro
pie. Ahora, totalmente expuesta, se dejó llevar por el llanto, preparada para
terminar aquello cuanto antes.
Podía recordar vívidamente el dolor al sentir la vagina
desgarrada tras la primera embestidura. Incluso él llegó a gritar, no en vano
estaba completamente seca, vacía de excitación alguna que pudiera haberla hecho
humedecer. Ni siquiera esto logró detenerlo. Comenzó un fuerte ritmo de bombeo,
como si le fuera la vida en ello. Sorprendida recibió el asqueroso y caliente
esperma del violador dentro de su vagina en dos prolongados chorros. Al final
resultó ser una birria, o esa pensaba Nuria.
Se quedó tendido encima suyo, aplastándola con su
corpulencia, resoplando en su cuello. Nuria pensaba equivocadamante que había
terminado, pero al poco rato comenzó a meterle dos dedos en el culo sin ningún
tipo de contemplación. Estirándolos y retorciéndolos le sacó un par de lágrimas,
las cuales cayeron con deleite por sus mejillas. Y sin más preámbulos ni
preparativos, puso el gran capullo de su polla en la entrada trasera de Nuria y
apretó sin miramientos. Los aullidos de dolor eran amortiguados por el sucio
trapo que la amordazaba. Tras algo más de cinco minutos, desistió aunque
adquirió un empalme casi mayor que el anterior. Se mantuvo pensativo durante
unos instantes, mirando hacia un rincón. Luego se levantó con presteza y se
perdió por la casa. Nuria intentó en vano librarse de las ataduras. Oyó cosas
caerse al suelo, algo de cristal que se rompía en mil pedazos, igual que su
culo, que también iba a ser roto en mil pedazos. Apareció con una gran sonrisa
en la boca.
Ahora sí que sí. Ya verás qué bien nos lo vamos a pasar!
Traía una tarrina de mantequilla y una botella de aceite de
oliva. Tomó esta última para empezar, acercó la boquilla al ano de Nuria y
apretó. Entró la boca de la botella y luego apretó boca abajo. Nuria notó el
aceite viscoso entrar en sus entrañas como si de una lavativa se tratase. Cuando
sacó la botella, una gran cantidad de aceite se derramó en la cama, poniéndolo
todo perdido. Pasó su mano por el pequeño charquito de aceite y luego se
restregó toda su verga. La colocó de nuevo en su ano y apretó. Volvió a costarle
pero esta vez le dolió menos y entró relativamente más fácil. Apretó cuatro o
cinco veces y se la metió hasta el fondo. El dolor era tan intenso que Nuria
tenía que morder el pañuelo con todas sus fuerzas, pero cuando comenzó a moverse
fue todavía peor. Algo muy dentro de Nuria le decía que algo no iba bien. Sentía
como si le hubieran metido una lanza al rojo vivo y le estuvieran desgarrando
todo el culo. Incansable se mantuvo bombeando en su trasero durante al menos
diez minutos... bueno, eso antes de que se desmayara. A partir de ahí
seguramente pudo hacerle de todo. Lo próximo en sus recuerdos era despertar en
aquella habitación, desatada, muerta de frío y con el culo aún palpitante.
Inés ahora estaba llorando a su lado, con la cabeza de su
hermana sobre su hombro mientras susurraba muy despacito: "Hijo de puta... Hijo
de puta...". Al día siguiente fueron a la comisaría a poner la denuncia. Nuria
aún recordaba la dirección de cuando la miró al salir a la calle. Tras el
reconocimiento y la recogida de "pruebas", estuvo bajo la supervisión de
psicólogos durante unos cuantos meses. El muy cabrón salió al cabo de sólo dos
años, aunque era bien sabido que a él le habían abierto el culo mucho más que lo
que él le había hecho a Nuria.